{"id":30414,"date":"2016-06-11T01:27:56","date_gmt":"2016-06-11T06:27:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-santidad-llega-a-la-persona-o-es-esta-la-que-se-hace-santa\/"},"modified":"2016-06-11T01:27:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:27:56","slug":"la-santidad-llega-a-la-persona-o-es-esta-la-que-se-hace-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-santidad-llega-a-la-persona-o-es-esta-la-que-se-hace-santa\/","title":{"rendered":"\u00bfLa santidad llega a la persona o es esta la que se hace&nbsp;santa?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El pecado nos hace impuros. Nos lleva a encerrarnos y marginarnos. Nos hace sentirnos impuros por la culpa que hiere el coraz&oacute;n. Nos tira hacia abajo y logra que dejemos de so&ntilde;ar con las alturas.&nbsp;No nos sentimos capaces de luchar, de aspirar a algo m&aacute;s grande. Nos hace sentirnos indignos de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s viene a romper este c&iacute;rculo y nos hace sentirnos capaces<\/strong>, buenos, sanos, amados, perdonados.&nbsp;Rompe esta din&aacute;mica del pecado que a&iacute;sla, con <strong>esa imagen que a veces tenemos de que, para acercarnos a Dios, tenemos que ser totalmente puros e inmaculados<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s rompe este esquema. <strong>La santidad llega al hombre, no es el hombre el que se hace santo. Dios santifica al hombre en lo que m&aacute;s lo excluye.<\/strong> Lo purifica de su pecado.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s nos limpia de nuestro propio pecado. Creo que <strong>hay pecados en nuestra vida que nos dejan muy marcados<\/strong>. Otros no, es verdad. Los repetimos con frecuencia, pero su poder no es tan grande.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero hay algunos pecados que nos dejan muy heridos para siempre, tocados. Est&aacute;n en lo m&aacute;s hondo dormidos y a veces despiertan de su sue&ntilde;o. Son <strong>aquellas infidelidades en las que, tal vez, no somos a&uacute;n capaces de perdonarnos<\/strong>. Aquellas ca&iacute;das inconfesables que nos laceran por dentro.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El propio perd&oacute;n es el que m&aacute;s nos cuesta. Necesitamos el perd&oacute;n de Dios que nos sana para poder llegar a perdonarnos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Santa Teresa escribi&oacute;: &laquo;<em>Conocer a Jes&uacute;s como &Eacute;l se conoce y llevar una vida semejante a la de Dios. &iexcl;Alma, cu&aacute;n grande es tu vocaci&oacute;n, cu&aacute;n infinitamente grande es tu tarea! Abandona, por lo tanto, el mundo y las tierras bajas. All&aacute; arriba sopla un aire puro<\/em>&raquo;<a name=\"14b885d39cc2cae6_14b8504c54feb9a5__ftnre\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14b8504c54feb9a5__ftn6\" title=\"\">[6]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s quiere y puede sanarnos. Su amor purifica el coraz&oacute;n y nos da un aire puro. Nos toca, nos levanta. Logra lo que nosotros a base de golpes no logramos.<br \/> &nbsp;<br \/> Arriba sopla un aire puro. Abajo, en mi alma, cuando estoy hundido, el aire no es puro, est&aacute; muy viciado. <strong>Me quedo centrado en mi herida y no salgo de ah&iacute;. <\/strong>No veo m&aacute;s all&aacute; de mis miedos y dolores. Como ese enfermo que no es capaz de descentrarse porque su dolor es demasiado fuerte.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando nosotros nos confesamos estamos venciendo las barreras que no nos dejan avanzar<\/strong>. Confiamos en ese amor de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Me recuerda a santa Bernardita, que, en la gruta de Lourdes, es capaz de excavar buscando agua donde Mar&iacute;a le pide: &laquo;<em>Ve a beber a la fuente y a lavarte. La joven primero se dirigi&oacute; hacia el Gave, pero la Se&ntilde;ora le dijo que no era ah&iacute; y le indic&oacute; un punto. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Bernardette vio un charco de agua con barro pero demasiado poca para poder recogerla. Comenz&oacute; a excavar con las manos y lo logr&oacute;: tom&oacute; el fango, lo bebi&oacute; y se lo pas&oacute; despu&eacute;s por la cara ensuci&aacute;ndose. Al d&iacute;a siguiente ese charco se convirti&oacute; en un torrente y despu&eacute;s, poco a poco, en un verdadero riachuelo<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios sabe sacar agua pura del barro<\/strong>. Y me hace creer que en el barro hay agua. <strong>De all&iacute; donde no hay nada hace brotar la vida<\/strong>. De nuestra vida, llena de impurezas y pecados, logra milagros, logra un agua pura.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me conmueve escuchar esta historia. Hace falta mucha fe para excavar en el barro. Ella conf&iacute;a y lo hace. A m&iacute; a veces me cuesta. Creer que excavando en mi barro saldr&aacute; agua, una fuente, un riachuelo de vida, es un milagro. Es el milagro del amor de Dios en mi vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Construye sobre mi barro, con sus manos, con mis manos. Abre una zanja. Logra que brote la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El pecado nos hace impuros. Nos lleva a encerrarnos y marginarnos. Nos hace sentirnos impuros por la culpa que hiere el coraz&oacute;n. Nos tira hacia abajo y logra que dejemos de so&ntilde;ar con las alturas.&nbsp;No nos sentimos capaces de luchar, de aspirar a algo m&aacute;s grande. 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