{"id":30440,"date":"2016-06-11T01:28:40","date_gmt":"2016-06-11T06:28:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/abrir-el-alma\/"},"modified":"2016-06-11T01:28:40","modified_gmt":"2016-06-11T06:28:40","slug":"abrir-el-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/abrir-el-alma\/","title":{"rendered":"Abrir el alma"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy queremos detenernos a contemplar a Jes&uacute;s. Era un hombre como otro cualquiera. Un hombre enamorado. Un peregrino en busca del encuentro con su Padre. Un caminante recorriendo las huellas de su propia alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque &Eacute;l ten&iacute;a el alma abierta. <strong>Parece tan sencillo abrir el alma. Pero no es f&aacute;cil. Muchas veces la encerramos bajo una coraza<\/strong>. Por miedo a ser heridos por los hombres, por la vida.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s era un pozo abierto sin temor<\/strong>, un cauce esperando sediento el r&iacute;o, el lecho del oc&eacute;ano acogiendo las aguas. Jes&uacute;s buscaba el amor de Dios y lo llevaba conmovido en sus entra&ntilde;as.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s era un hombre libre. No hac&iacute;a planes, <strong>no ten&iacute;a una estrategia fr&iacute;amente calculada<\/strong>, no ten&iacute;a prejuicios. No hu&iacute;a de lo que no quer&iacute;a. No se precipitaba siguiendo sus deseos. No ten&iacute;a pensados todos sus pasos. No conoc&iacute;a el futuro y sus misterios.<br \/> &nbsp;<br \/> Sus discursos no estaban escritos previamente. No sab&iacute;a calcular ni sacar provecho de la vida. <strong>No se rode&oacute; de gente poderosa. No busc&oacute; un lugar seguro y protegido<\/strong>, desde el que poder cambiar el mundo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Su vida era sencilla<\/strong>. Rodeado de personas sencillas. Era la vida de un pescador, de un hombre libre, de un hombre pobre. <strong>No viv&iacute;a lleno de pretensiones y expectativas. Viv&iacute;a con pasi&oacute;n el hoy, sin temer el ma&ntilde;ana<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Caminaba sin tener preparado lo que iba a hacer. Dudaba. Volv&iacute;a al camino. Aceptaba la invitaci&oacute;n de cualquiera y deten&iacute;a sus pasos. Cambiaba su esquema del d&iacute;a por aquel que le necesitara. La realidad se impon&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Iba siempre con los suyos, se abr&iacute;a a los desconocidos. Y amaba al mismo tiempo la soledad. Compart&iacute;a el d&iacute;a y la noche. Jugaba y so&ntilde;aba al lado de los hombres. Los necesitaba, porque sin ellos no ten&iacute;a sentido su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Buscaba momentos de oraci&oacute;n en los que se retiraba solo, al mar, a la monta&ntilde;a. All&iacute; descansaba con Dios, con su Padre. Se llenaba el oc&eacute;ano. Se desbordaba el r&iacute;o. <strong>Su forma de vivir era compartir el pan, los sue&ntilde;os, la vida misma. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Se conmov&iacute;a ante el dolor. Y hubiera querido acabar con todo el mal del mundo. Viv&iacute;a todo de forma intensa, sin preocuparse del paso del tiempo. <strong>Para &Eacute;l la persona era lo primero, m&aacute;s all&aacute; de la norma<\/strong>, del precepto, del cumplimiento.<br \/> &nbsp;<br \/> A cada uno lo miraba seg&uacute;n su coraz&oacute;n, seg&uacute;n su alma. No encasillaba a nadie. No ten&iacute;a prejuicios. En las comidas se reun&iacute;a con sus amigos, porque eso era lo m&aacute;s importante para &Eacute;l. Ten&iacute;a lugares donde echar ra&iacute;ces como Betania.<br \/> &nbsp;<br \/> No ten&iacute;a prejuicios, no le importaba el qu&eacute; dir&aacute;n. Com&iacute;a con publicanos y prostitutas. <strong>Se dejaba querer<\/strong>. Su forma de vivir consist&iacute;a en curar el alma y el cuerpo.<br \/> &nbsp;<br \/> Le llevaban muchas personas enfermas del coraz&oacute;n y enfermas del cuerpo. Por misericordia, por compasi&oacute;n, los miraba. Y les hablaba de un Dios que nos ama con locura, que lo deja todo por nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s camina, come, ama, habla de su Padre, toca el coraz&oacute;n, acoge a todos, ayuda a que otros sue&ntilde;en con que pueden amar m&aacute;s. Siempre miraba al hombre en su realidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s perdonaba, levantaba, se pon&iacute;a en el lugar del otro. No se asustaba ante el pecado del hombre. No le tem&iacute;a al dolor. Aunque sufr&iacute;a al pensar en la agon&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s era el hombre libre. <strong>El hombre ni&ntilde;o<\/strong>. El hombre apasionado. Ese coraz&oacute;n lleno de fuego y compasi&oacute;n. Jes&uacute;s seguro que re&iacute;a y lloraba con los suyos.&nbsp;Se cansaba y descansaba. Com&iacute;a y beb&iacute;a. Se turbaba y confiaba. Era hombre. Era Dios.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy queremos detenernos a contemplar a Jes&uacute;s. Era un hombre como otro cualquiera. Un hombre enamorado. Un peregrino en busca del encuentro con su Padre. Un caminante recorriendo las huellas de su propia alma. &nbsp; Porque &Eacute;l ten&iacute;a el alma abierta. Parece tan sencillo abrir el alma. Pero no es f&aacute;cil. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/abrir-el-alma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAbrir el alma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30440","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30440","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30440"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30440\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30440"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30440"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30440"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}