{"id":30441,"date":"2016-06-11T01:28:42","date_gmt":"2016-06-11T06:28:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/domando-a-ese-ego-que-quiere-estar-en-el-centro\/"},"modified":"2016-06-11T01:28:42","modified_gmt":"2016-06-11T06:28:42","slug":"domando-a-ese-ego-que-quiere-estar-en-el-centro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/domando-a-ese-ego-que-quiere-estar-en-el-centro\/","title":{"rendered":"Domando a ese ego que quiere estar en el&nbsp;centro"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> A veces me encuentro con personas que viven su vida con una flecha se&ntilde;alando hacia ellos mismos.&nbsp;Viven en una autorreferencia permanente. El mundo ha de girar siempre en torno a ellos.<br \/> &nbsp;<br \/> Y, cuando el azar evita que ellos est&eacute;n en el centro, se desconciertan. Vivir en segundo plano no parece ser para ellos tan deseable. Pueden caer en la vanidad de sentirse siempre los m&aacute;s importantes.<br \/> &nbsp;<br \/> Son aquellos que quisieran ser el novio en la boda, el muerto en el entierro, el ni&ntilde;o en el bautizo. Y si no es as&iacute;, se alejan, se niegan a colaborar, buscan otro camino, <strong>no quieren ser segundos.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Son los que siempre buscan que los alienten y se olvidan de alentar a otros. Son los mismos que <strong>nos recuerdan que no desean la fama, mientras que, al mismo tiempo, la suplican con sus gestos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Unas palabras de Santo Tom&aacute;s de Aquino hoy me han dado que pensar:&nbsp;&laquo;<em>No te aficiones a los vestidos y las riquezas, ya que se repartieron sus ropas. Ni a los honores, ya que &Eacute;l experiment&oacute; las burlas y los azotes. Ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas. Ni a los placeres, ya que para su sed le dieron vinagre<\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s vivi&oacute; as&iacute;. Libre, despreocupado<\/strong>. Y nosotros, que seguimos sus pasos, queremos vivir de forma distinta.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces, esas personas centradas en sus deseos, desean tanto y con tanta fuerza, que <strong>viven centradas en lo que anhelan.<\/strong> Sus planes, sus pretensiones, sus sue&ntilde;os, sus estrategias, sus anhelos de futuro, sus proyectos, su horizonte.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Todo lo construyen en primera persona.<\/strong> En ocasiones algunas personas cercanas quedan fueran de sus planes. Pero ellos no se inmutan. Porque sus decisiones son lo primero. Son las que importan.<br \/> &nbsp;<br \/> El mundo, o gira en torno a ellos, o no tiene sentido que gire para nadie m&aacute;s. Es <strong>ese yo enfermo que todos podemos alimentar sin darnos cuenta<\/strong>. La flecha vuelta sobre nosotros mismos. &iquest;Hacia d&oacute;nde se&ntilde;ala mi flecha?<br \/> &nbsp;<br \/> El Papa Francisco hablaba de esta enfermedad de la referencia constante a uno mismo:&nbsp;&laquo;<em>La enfermedad de la vanagloria. Pasa cuando la apariencia, los colores de las ropas y las insignias de honor se convierten en el principal objetivo de la vida. Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir una&nbsp;\u2018m&iacute;stica\u2019&nbsp;falsa<\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Hacemos las cosas no por amor a Dios, sino por un amor enfermizo por nosotros mismos. Buscando puestos, cargos, reconocimiento<\/strong>. No nos gustan los segundos puestos. Ni pasar desapercibidos.<br \/> &nbsp;<br \/> Las cosas son buenas o malas si lo son para nosotros mismos. Y tienen sentido y merecen la pena si nos traen alg&uacute;n beneficio. Y no importan tanto si no nos afectan.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos gustar&iacute;a vivir como dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich:&nbsp;&laquo;<em>Que cuando estoy entregado a m&iacute; mismo, todo me impulse hacia &Eacute;l. <strong>Que as&iacute; como el pez vive en el agua, como el p&aacute;jaro en el aire, mi alma quiera acercarse a Dios<\/strong><\/em>&raquo;<a name=\"14b40a28abab0422__ftnref3\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14b40a28abab0422__ftn3\" title=\"\">[3]<\/a>.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, es verdad, <strong>nos gustar&iacute;a vivir descentrados y volcados en Dios. Pero no es tan sencillo. <\/strong>Es el camino de la santidad como dec&iacute;a Enrique Schaeffer, uno de los congregantes de Schoenstatt en 1939:&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><em>&laquo;&iquest;Quiero ser santo o no? Es tiempo de que superemos radicalmente nuestro ego&iacute;smo. Si tomo en serio la meta, me comprometo por entero. No puedo decir s&iacute; a una actividad vital mediocre y a la vez, decir s&iacute; al ideal. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>En todos los casos, radicalismo y decisi&oacute;n<strong>. Si tomamos en serio la meta tenemos que ofrecernos nosotros mismos. <\/strong>Debemos cortar las cadenas que nos atan a todo lo que nos aleja de Dios<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cadenas, l&iacute;mites, mediocridad. Todo eso es un obst&aacute;culo en nuestro camino de santidad.<\/strong> Porque queremos ser santos.<br \/> &nbsp;<br \/> Y santo es aquel que hace lo que Dios desea. Libre de apegos. Anclado en el mundo sobrenatural. Buscando el querer de Dios. Aunque a veces nos cueste distinguir bien sus deseos. O nos parezca que no nos habla.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero nosotros seguimos caminando en sus pasos y eso nos da paz. <strong>Ser santo es vivir enamorados. Encendidos en un fuego que nos llama a dar la vida<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre pienso que <strong>el cristiano se&ntilde;ala con su flecha a Jes&uacute;s<\/strong> en los otros. No se se&ntilde;ala a s&iacute; mismo. No vive buscando beneficios, sino haciendo el bien. No se obsesiona con lo que desea,&nbsp;sino que hace deseable la realidad con su amor, con su luz. S&iacute;, as&iacute; son los santos. Nos ense&ntilde;an a vivir y a amar con libertad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces me encuentro con personas que viven su vida con una flecha se&ntilde;alando hacia ellos mismos.&nbsp;Viven en una autorreferencia permanente. El mundo ha de girar siempre en torno a ellos. &nbsp; Y, cuando el azar evita que ellos est&eacute;n en el centro, se desconciertan. 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