{"id":30450,"date":"2016-06-11T01:29:02","date_gmt":"2016-06-11T06:29:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-cosas-buenas-del-sufrimiento-que-no-te-puedes-perder\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:02","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:02","slug":"las-cosas-buenas-del-sufrimiento-que-no-te-puedes-perder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-cosas-buenas-del-sufrimiento-que-no-te-puedes-perder\/","title":{"rendered":"Las cosas buenas del sufrimiento que no te puedes&nbsp;perder"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">No queremos sufrir. Va contra nuestra naturaleza que busca la felicidad, la paz, el descanso, la alegr&iacute;a. No hay nada m&aacute;s contrario a nuestro querer. Sufrir nos parece innecesario, injusto, demasiado duro.<br \/> &nbsp;<br \/> En esos momentos, cuando nos faltan las fuerzas, es Dios quien nos sostiene:&nbsp;&laquo;<em>Esto vale especialmente cuando Dios nos lleva a la escuela del sufrimiento. <strong>Para Pablo es natural que nosotros, en nuestra calidad de miembros de Cristo, seamos asociados a su pasi&oacute;n<\/strong>, y que el padecimiento no s&oacute;lo signifique colapso de fuerzas humanas sino tambi&eacute;n surgimiento de fuerzas divinas y abundante fecundidad de nuestra vida y de nuestro obrar<\/em>&raquo;<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14b18f161e1dd25d__ftn3\" title=\"\">[3]<\/a>.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La escuela del sufrimiento. Dios lo permite<\/strong> en nuestra vida. Dios nos ama y en su amor tolera que suframos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El coraz&oacute;n se rebela<\/strong> contra todo sufrimiento. No queremos padecer, no queremos sufrir la p&eacute;rdida, ni el dolor. Queremos una vida plena. Una persona le rezaba as&iacute; a Jes&uacute;s en su dolor:&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> &laquo;<em>Conozco muy bien las p&eacute;rdidas. Desde peque&ntilde;a tuve que sufrirlas. Las m&aacute;s abruptas, las que me dejaron sin respiro. Dios sabr&aacute; explic&aacute;rmelas al final del camino. El tiempo har&aacute; el resto, calmar&aacute; un poco la ausencia, sanar&aacute; un trozo de mi coraz&oacute;n herido. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><em>Mientras tanto me gu&iacute;as por este mundo con tu luz, Se&ntilde;or<\/em><\/strong><em>, que desde la estrella m&aacute;s brillante, desde el mar m&aacute;s profundo y desde las cumbres m&aacute;s altas, me muestra <strong>que s&oacute;lo se llega a ti por tu cruz<\/strong><\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> El camino del sufrimiento es el camino de la cruz. No pienso que Dios nos mande las cruces. Pero <strong>la cruz sale a nuestro encuentro siempre, porque somos limitados, porque el tiempo lo desgasta todo, porque la naturaleza nos hiere. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Entonces llega el dolor y el sufrimiento. Y Jes&uacute;s est&aacute; ah&iacute;<\/strong>, en mi cruz. <strong>Muchas veces no encontraremos el sentido. En realidad no siempre ser&aacute; necesario. S&oacute;lo le pedimos a Jes&uacute;s que no nos suelte de la mano<\/strong>, que no nos deje solos por la vida sin su compa&ntilde;&iacute;a, sin su fuerza y aliento. Es lo que necesitamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Hablando de su enfermedad, comentaba la doctora &Aacute;frica Sendino:&nbsp;&laquo;<em>Si Dios me brindase rebobinar la moviola de la vida y me ofreciera elegir entre las dos opciones posibles, salud sin quiebra o lo que realmente me ha sucedido, no podr&iacute;a decir que no a lo que sucedi&oacute; en realidad. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Porque <strong>Dios no nos ofrece la enfermedad como castigo, sino como camino<\/strong>. Y porque <strong>en ese camino yo estoy aprendiendo intens&iacute;simas lecciones<\/strong> de lo que supone que Dios componga el argumento de mi biograf&iacute;a. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Comprendo que la Providencia divina no es un simple planteamiento, sino una realidad cotidiana que me aguarda en el rostro de mis amigos. Y presencio, como un espect&aacute;culo grandioso, hasta d&oacute;nde puede llegar la bondad de quienes me rodean<\/em>&raquo;<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14b18f161e1dd25d__ftn4\" title=\"\">[4]<\/a>.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En el dolor no s&oacute;lo nos encontramos con el rostro amigable y cercano de Dios, con su mano que nos sostiene, sino con el rostro de todos los que nos cuidan<\/strong>, nos velan, nos acompa&ntilde;an.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso queremos <strong>pedirle a Dios esa libertad interior ante la vida. Le entregamos nuestros miedos confusos ante el futuro<\/strong>. La desaz&oacute;n que nos invade al pensar en todo lo que nos puede suceder. Se lo entregamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Es <strong>vivir inscritos en el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.&nbsp;All&iacute; poco importa lo que pueda suceder. Se nos quita el miedo yendo de su mano<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban No queremos sufrir. Va contra nuestra naturaleza que busca la felicidad, la paz, el descanso, la alegr&iacute;a. No hay nada m&aacute;s contrario a nuestro querer. Sufrir nos parece innecesario, injusto, demasiado duro. &nbsp; En esos momentos, cuando nos faltan las fuerzas, es Dios quien nos sostiene:&nbsp;&laquo;Esto vale especialmente cuando Dios nos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-cosas-buenas-del-sufrimiento-que-no-te-puedes-perder\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLas cosas buenas del sufrimiento que no te puedes&nbsp;perder\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30450","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30450","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30450"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30450\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30450"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30450"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30450"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}