{"id":30459,"date":"2016-06-11T01:29:21","date_gmt":"2016-06-11T06:29:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/meditemos-nuestra-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:21","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:21","slug":"meditemos-nuestra-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/meditemos-nuestra-vida\/","title":{"rendered":"Meditemos nuestra vida"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Guardo en el coraz&oacute;n la hora y el d&iacute;a de mi llamada vocacional. Pero tambi&eacute;n guardo otro momento que lo precedi&oacute; en el que vi a Mar&iacute;a actuando en mi vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Guardo esos dos momentos como un tesoro. &iquest;C&oacute;mo voy a olvidarme? Muchas veces, a lo largo de mi vida, he vuelto a esos instantes. Tengo la imagen grabada, el color del paisaje, la disposici&oacute;n de los muebles.<br \/> &nbsp;<br \/> Uno de ellos est&aacute; muy unido a Mar&iacute;a. Ella cerca de m&iacute;, caminando en un viacrucis. El otro momento est&aacute; muy unido a Jes&uacute;s. En el silencio de un cuarto. Estas dos vivencias han sido fundamentales a lo largo de mi vida y no las he olvidado nunca.<br \/> &nbsp;<br \/> Guardo el lugar, el olor, los pensamientos de aquella hora. Las palabras y el silencio. La hondura del coraz&oacute;n. Las l&aacute;grimas. Los guardo como un tesoro. <strong>A veces la vida pasa muy r&aacute;pido y no tenemos tiempo para guardar recuerdos. Yo no quiero olvidarme<\/strong>. Me pasa como a Juan. Escribo la hora, las palabras, no lo olvido.<br \/> &nbsp;<br \/> En la vida hay vivencias fuertes, personas que influyeron con su testimonio, palabras que tocaron el alma, experiencias hondas. <strong>Hoy corre el hombre el peligro de buscar s&oacute;lo experiencias fuertes. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el P. Kentenich: &laquo;<em>Hay un segundo rasgo que se manifiesta n&iacute;tidamente en nuestro tiempo y en el mundo de hoy: la tendencia a experimentar vivencias. Por eso al comienzo plasmamos la expresi&oacute;n \u2018inclinaci&oacute;n a experimentar\u2019: experimentos vividos, experiencias vitales, vivencias. Esto se absolutiza y por eso la exageraci&oacute;n. Por una parte, adicci&oacute;n a novedad, y por otra, adicci&oacute;n al experimento; adicci&oacute;n a aceptar s&oacute;lo aquello que pueda ser registrado como una vivencia<\/em>&raquo;<a name=\"14afa3308a843191__ftnref2\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14afa3308a843191__ftn2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Corremos el riesgo de seguir s&oacute;lo a Jes&uacute;s cuando el coraz&oacute;n vuelve a cargarse en una experiencia fuerte de Dios. <strong>Queremos vivir cosas profundas continuamente. Y, cuando no es as&iacute;, nos sentimos vac&iacute;os<\/strong>. Esa tendencia la tenemos todos.<br \/> &nbsp;<br \/> Sabemos que, cuando pasa el tiempo, podemos olvidarnos de lo importante. La sacramentalidad del tiempo es fundamental en nuestra vida.<strong> El tiempo es sagrado<\/strong>. Hay momentos que se&ntilde;alan un antes y un despu&eacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong><em>Dios quiere decirme algo en cada momento, en cada segundo.<\/em><\/strong><em> Y me hace notar que, con cada mensaje, me regala la gracia correspondiente para aceptarlo y realizarlo de acuerdo a su voluntad. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>&iquest;De qu&eacute; manera se me manifiesta la voluntad divina? Dios mismo me lo dice a trav&eacute;s de las circunstancias. Debemos madurar para llegar a ser peque&ntilde;os artistas, peque&ntilde;os maestros en el arte de interpretar y aplicar la voluntad de Dios a nuestra vida<\/em>&raquo;<a name=\"14afa3308a843191__ftnref3\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14afa3308a843191__ftn3\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Queremos ser maestros en la interpretaci&oacute;n del querer de Dios. &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta! Nos obsesionamos con saber su voluntad. Pero no nos dejamos tiempo para interpretar los signos, para rastrear sus huellas.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dios nos habla cada d&iacute;a, en cada momento. Dios est&aacute; presente en nuestra vida y nos quiere comunicar su amor.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<em>En realidad, tanto m&aacute;s crecemos como personas cuanto m&aacute;s nos dejemos asombrar por lo que sucede, es decir, cuanto m&aacute;s ni&ntilde;os somos. La meditaci&oacute;n \u2013y eso me gusta\u2013 ayuda a recuperar la ni&ntilde;ez perdida. Si todo lo que vivo y veo no me sorprende es porque, mientras emerge, o antes incluso de que lo haga, lo he sometido a un prejuicio o esquema mental, imposibilitando de este modo que despliegue ante m&iacute; todo su potencial<\/em>&raquo;<a name=\"14afa3308a843191__ftnref4\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14afa3308a843191__ftn4\" title=\"\">[4]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Asombrarnos por las cosas, por lo que nos sucede, es propio de un coraz&oacute;n ingenuo, un coraz&oacute;n de ni&ntilde;o. <strong>Nos hace falta un coraz&oacute;n as&iacute;. Capaz de sorprenderse ante la vida. Porque all&iacute; est&aacute; Dios habl&aacute;ndonos.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces no meditamos. No guardamos silencio para escuchar a Dios. <\/strong>No tocamos su presencia herida en los hombres. Vamos a lo nuestro, construyendo con nuestras fuerzas. No confiamos en el amor de Dios, ni en su mano providente. Nos cuesta mucho creer.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero la verdad es que, cuando encontramos respuestas que nos llenan el coraz&oacute;n, nos convertimos en testigos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Guardo en el coraz&oacute;n la hora y el d&iacute;a de mi llamada vocacional. Pero tambi&eacute;n guardo otro momento que lo precedi&oacute; en el que vi a Mar&iacute;a actuando en mi vida. &nbsp; Guardo esos dos momentos como un tesoro. &iquest;C&oacute;mo voy a olvidarme? 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