{"id":30465,"date":"2016-06-11T01:29:33","date_gmt":"2016-06-11T06:29:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-me-ensena-el-caracol\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:33","slug":"lo-que-me-ensena-el-caracol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-me-ensena-el-caracol\/","title":{"rendered":"Lo que me ense\u00f1a el&nbsp;caracol"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El otro d&iacute;a una pareja, antes de su boda, me dec&iacute;a algo interesante: &quot;Queremos rodearnos de cosas bonitas. Un caracol. Un faro. Una noria. El sol. La simplicidad. Lo cotidiano&quot;. Me gust&oacute; mucho.<br \/> &nbsp;<br \/> Es verdad. Son necesarias las cosas bonitas para aprender a valorar la vida. Un amanecer. Una puesta de sol. Un mont&oacute;n de olas. Un abrazo de repente. Una sonrisa c&oacute;mplice. Una mirada. Una palabra que enaltece. Una sonrisa sincera.<br \/> &nbsp;<br \/> Una l&aacute;mpara antigua que sigue dando luz desafiando el tiempo. Un bast&oacute;n de madera que sujeta los d&iacute;as. Un mont&oacute;n de libros a&uacute;n sin leer. Una ventana de madera abierta al mundo. Una vela encendida. Un armario lleno de recuerdos, sin mucho orden.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>As&iacute; son las cosas simples de la vida. Las m&aacute;s sencillas. Son bonitas y el coraz&oacute;n se alegra<\/strong> al mirarlas sobrecogido. Es necesario hacerlo, no perder la oportunidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque <strong>luego la vida se nos complica sin darnos cuenta y se nos puede llenar de cosas feas<\/strong>. Y entonces ya no es tan bonita la vida, ni tan apasionante, ni tiene tanta luz. <strong>Perdemos lo bello y nos puede nublar la vista lo doloroso.<\/strong> Y nos dar&aacute; pena entonces no haber sido capaces de encontrar m&aacute;s cosas bonitas con las que alegrar el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Pensaba en <strong>el caracol<\/strong> del que me hablaba esta pareja. Para ellos era algo bonito. A m&iacute; me gustan los caracoles. Tal vez no me parecen tan bonitos. Pero ense&ntilde;an muchas cosas importantes para la vida. <strong>&iexcl;Qu&eacute; despacio recorren sus caminos! Nos recuerdan que el tiempo no importa tanto<\/strong>. Que vamos a nuestro ritmo sin tener en cuenta la hora.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces corremos demasiado. Las cosas pasan y vuelan y no las valoramos. Hacer las cosas despacio nos ayuda. Pero nos cuesta mucho. <strong>Ojal&aacute; fu&eacute;ramos capaces de vivir intensamente cada momento, sin prisas<\/strong>, deteni&eacute;ndonos sin miedo a perder el tiempo, o la primera posici&oacute;n en la carrera.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Caminar dejando un reguero de vida a nuestro paso, como los caracoles<\/strong>. Que marcan el camino por el que han avanzado. Con su vida, con su amor. Dejan un <strong>rastro sagrado<\/strong>, porque la vida que vivimos tiene mucho de sagrada, es nuestra historia santa.<br \/> &nbsp;<br \/> Caminar sin importar cu&aacute;nto tiempo tardemos en recorrer una distancia. Nos esperamos los unos a los otros. <strong>Construimos a nuestro ritmo, lentamente, con paciencia. Hay que esperar a veces a otros que van m&aacute;s lentos. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Hay que adaptarse y no siempre es f&aacute;cil renunciar a lo propio, a mi ritmo. Porque <strong>uno quiere todo ya, de forma inmediata. Y nos falta la paciencia<\/strong>, se agota. <strong>Me gustan los caracoles y su ritmo lento, me educan. <\/strong>Desaf&iacute;an el tiempo y mis prisas. Pero siempre llegan.<br \/> &nbsp;<br \/> Son <strong>fr&aacute;giles en su concha. No se defienden. S&oacute;lo a veces se esconden. Simplemente llevan su hogar a cuestas y cuando llegan, se instalan. Estamos llamados a hacer de cada sitio donde estemos nuestro hogar.<\/strong> Como Jes&uacute;s, que no ten&iacute;a d&oacute;nde reclinar la cabeza.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, me gustan los caracoles. <strong>Son fr&aacute;giles y dignos. Altivos y humildes. Siempre en movimiento. Siempre pausados.<\/strong> Si les haces da&ntilde;o o los amenazas, se esconden y no salen. Si sale el sol y se sienten seguros, no temen y salen.<br \/> &nbsp;<br \/> Como nosotros, que somos sensibles tantas veces a los gritos, a la violencia, a la agresividad. <strong>Ojal&aacute; siempre nos trat&aacute;ramos con respeto y cari&ntilde;o, con delicadeza. Ojal&aacute; hubiera m&aacute;s sol en nuestra vida.<\/strong> Iluminando el camino. Definitivamente, a m&iacute; tambi&eacute;n me gusta rodearme de cosas bonitas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El otro d&iacute;a una pareja, antes de su boda, me dec&iacute;a algo interesante: &quot;Queremos rodearnos de cosas bonitas. Un caracol. Un faro. Una noria. El sol. La simplicidad. Lo cotidiano&quot;. Me gust&oacute; mucho. &nbsp; Es verdad. Son necesarias las cosas bonitas para aprender a valorar la vida. Un amanecer. 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