{"id":30469,"date":"2016-06-11T01:29:43","date_gmt":"2016-06-11T06:29:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-en-la-trapa-te-atrapa\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:43","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:43","slug":"vivir-en-la-trapa-te-atrapa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-en-la-trapa-te-atrapa\/","title":{"rendered":"Vivir en la Trapa&#8230; \u00a1te&nbsp;atrapa!"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Manuel Bru<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Vivir tres d&iacute;as en un monasterio trapense, como es el de san Isidro de Due&ntilde;as, en Palencia, es una experiencia fant&aacute;stica, fascinante, y asombrosa. Sobre todo si como en mi caso no he estado como hu&eacute;sped, sino como si fuera un monje m&aacute;s, durmiendo en unas de sus celdas, rezando el oficio divino junto al prior, y participando de todos sus momentos (a excepci&oacute;n del trabajo manual y el cuarto de hora diario de cap&iacute;tulo).&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me piden que les hable dos momentos al d&iacute;a, en el tiempo dedicado a la&nbsp;<em>Lectio Divina,<\/em>&nbsp;o en este caso, a la formaci&oacute;n permanente, de los nuevos movimientos y comunidades eclesiales, que se me antojan, en este contexto, como meras gaviotas que acompa&ntilde;an en la traves&iacute;a de la Iglesia a un gran barco, el de la vida contemplativa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me ha parecido fant&aacute;stico constatar una regla de la f&iacute;sica que a nosotros, los ruidosos hombres y mujeres del siglo, se nos escapa. Los monjes manifiestan prodigiosamente que una cosas es el ritmo de vida, y otra la aceleraci&oacute;n con la que vivimos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Para nosotros introducir m&aacute;s ritmo en nuestras tareas diarias significa ir m&aacute;s de prisa en todo, dejarlo todo a medias, y a la postre estresarnos. Los monjes no. Ellos cambian veinte veces de actividad a lo largo del d&iacute;a, el doble que nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero cada una de estas actividades se hace sin prisa, con armon&iacute;a, con solemnidad. No son contemplativos s&oacute;lo porque recen m&aacute;s que nosotros, sino porque todo el d&iacute;a (<em>ora et labora<\/em>) es una sucesi&oacute;n de momentos completamente distintos de contemplaci&oacute;n.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me ha parecido fascinante el refectorio. Un monje hace lectura espiritual, como si fuera un condimento, desde el p&uacute;lpito. Cada monje lava y seca su plato. Lo deja en el armario. Los cubiertos vuelven a la mesa y se cubren junto al vaso con la servilleta, como si fuese un corporal. Todo el d&iacute;a del monje es una completa \u201cliturgia de las horas\u201d. Entiendo porque San Rafael Arnaiz eligi&oacute; este lugar para hacerse santo, y de paso dejarnos el legado de sus escritos espirituales y de sus cuadros.<br \/> &nbsp;<br \/> Me ha parecido asombrosa la oraci&oacute;n coral. Es como si los siglos no hubieran pasado, o como si esta oraci&oacute;n los hubiese unido y sostenido. M&iacute;nima luminosidad, m&aacute;ximo silencio. Entramos procesionalmente, pero no marcialmente.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Un monje joven, alto y robusto, se deja literalmente colgar de la cuerda que hace sonar las campanas, con un esfuerzo f&iacute;sico r&iacute;tmico e intenso, que ya quisieran para si los gimnasios de moda. Suenan las campanas y as&iacute; toda la comarca, desde hace siglos, vive en comuni&oacute;n con sus monjes.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es como si las voces viniesen de fuera, de unos &aacute;ngeles escondidos en los oscuros rincones del templo, y los monjes asistiesen en silencio rezando. Una vez superada una cierta sensaci&oacute;n de atropello, como si los ojos y los o&iacute;dos del invitado fuesen c&aacute;maras y micr&oacute;fonos ocultos que se han metido clandestinamente en otro mundo que no es el suyo, sobrecogerse, asombrarse y elevarse es inmediato. Todo es sublime. Pasan los tres d&iacute;as volando, pero dejan nostalgia de lo eterno.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Manuel Bru Vivir tres d&iacute;as en un monasterio trapense, como es el de san Isidro de Due&ntilde;as, en Palencia, es una experiencia fant&aacute;stica, fascinante, y asombrosa. 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