{"id":30473,"date":"2016-06-11T01:29:49","date_gmt":"2016-06-11T06:29:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ser-protagonistas-de-nuestra-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:49","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:49","slug":"ser-protagonistas-de-nuestra-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ser-protagonistas-de-nuestra-vida\/","title":{"rendered":"Ser protagonistas de nuestra&nbsp;vida"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Opus Dei<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">&quot;Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos j&oacute;venes, por favor, no balconeen la vida, m&eacute;tanse en ella, Jes&uacute;s no se qued&oacute; en el balc&oacute;n, se meti&oacute;; no balconeen la vida, m&eacute;tanse en ella como hizo Jes&uacute;s&quot;[1].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ante estas palabras del Papa Francisco a los j&oacute;venes, surgen inmediatamente algunas preguntas, que el mismo Romano Pont&iacute;fice formulaba enseguida: &quot;<strong>&iquest;Por d&oacute;nde empezamos? <\/strong>&iquest;A qui&eacute;n le pedimos que empiece esto? <strong>Por vos y por m&iacute;. <\/strong>Cada uno, en silencio otra vez, preg&uacute;ntese si tengo que empezar por m&iacute;, por d&oacute;nde empiezo. Cada uno abra su coraz&oacute;n para que Jes&uacute;s le diga por d&oacute;nde empiezo&quot;[2].<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Para ser protagonistas de los acontecimientos del mundo es indispensable comenzar por ser protagonistas de nuestra propia vida.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Libres y condicionados<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Este protagonismo implica reconocer que<strong> si bien las circunstancias familiares o sociales influyen en nuestro car&aacute;cter, no lo determinan de un modo absoluto<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Lo mismo cabe decir de los instintos<\/strong> m&aacute;s elementales que provienen de la constituci&oacute;n corporal, y tambi&eacute;n de la herencia gen&eacute;tica: marcan algunas tendencias, pero que se pueden moldear y orientar con el ejercicio de una voluntad que sigue a la raz&oacute;n bien formada.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nuestra personalidad se forja en la medida en que libremente tomamos decisiones<\/strong>, ya que las acciones humanas no se dirigen &uacute;nicamente a cambiar nuestro entorno, sino que tambi&eacute;n influyen en nuestro modo de ser.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Aunque a veces suceda de una manera no muy consciente, <strong>la repetici&oacute;n de actos hace que adquiramos ciertas costumbres o adoptemos una postura ante la realidad<\/strong>. Por eso, cuando explicamos el por qu&eacute; de nuestras reacciones espont&aacute;neas, m&aacute;s que decir &quot;es que soy as&iacute;&quot;, muchas veces tendr&iacute;amos que admitir: &quot;me he hecho as&iacute;&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tenemos condicionamientos que muchas veces son dif&iacute;ciles de controlar<\/strong>, como la calidad de las relaciones familiares, el entorno social en el que se crece, una enfermedad que nos limita en cualquier sentido, etc.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Frecuentemente, no es posible ignorarlos o remediarlos, pero s&iacute; cabe cambiar la actitud con la que se enfrentan, sobre todo si somos conscientes de que nada escapa de los cuidados providentes de Dios<\/strong>: Es necesario repetir una y otra vez que Jes&uacute;s no se dirigi&oacute; a un grupo de privilegiados, sino que vino a revelarnos el amor universal de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Todos los hombres son amados de Dios, de todos ellos espera amor[3]. En cualquier circunstancia, incluso con grandes limitaciones, podemos dar a Dios y al pr&oacute;jimo obras de amor, por m&aacute;s peque&ntilde;as que parezcan:<strong> &iexcl;qui&eacute;n sabe cu&aacute;nto vale una sonrisa en medio de la tribulaci&oacute;n<\/strong>, el ofrecimiento al Se&ntilde;or del dolor en uni&oacute;n a la Cruz, la aceptaci&oacute;n paciente de las contrariedades!<\/p>\n<p align=\"justify\"> Nada puede superar a un amor sin l&iacute;mites, m&aacute;s fuerte que el dolor, que la soledad, que el abandono, que la traici&oacute;n, que la calumnia, que el sufrimiento f&iacute;sico y moral, que la propia muerte.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Art&iacute;fices de la propia vida<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Descubrir los talentos personales -virtudes, capacidades, competencias-, agradecerlos y sacarles el partido posible es tarea de nuestra libertad. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero hemos de recordar que <strong>lo que m&aacute;s estructura la personalidad cristiana son los dones de Dio<\/strong>s, que inciden en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de nuestro ser. Entre estos se encuentra, de modo eminente, el regalo inmenso de la filiaci&oacute;n divina, recibido con el Bautismo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Gracias a esta, el Padre ve en nosotros la imagen -si bien imperfecta, pues somos creaturas limitadas- de Jesucristo, que se hace cada vez m&aacute;s clara con el sacramento de la Confirmaci&oacute;n, el perd&oacute;n transformador de la Penitencia y, especialmente, la comuni&oacute;n con su Cuerpo y su Sangre.<br \/> &nbsp;<br \/> Partiendo de estos dones recibidos de la mano de Dios,<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>cada persona, lo quiera o no, es autor de su existencia<\/strong>. En palabras de san Juan Pablo II, &quot;a cada hombre se le conf&iacute;a la tarea de ser art&iacute;fice de la propia vida; en cierto modo, debe hacer de ella una obra de arte, una obra maestra&quot;[4].<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Somos due&ntilde;os de nuestros actos<\/strong> -el Se&ntilde;or desde el principio, cre&oacute; al hombre y le dej&oacute; en manos de su propio albedr&iacute;o[5]-; somos nosotros, si queremos, los que llevamos las riendas de nuestras vidas en medio de las tormentas y dificultades.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Somos libres! <\/strong>Este descubrimiento se experimenta con algo de incertidumbre: &iquest;d&oacute;nde llevar&eacute; mi vida?; pero sobre todo con gozo: Dios, al crearnos, ha corrido el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Ha querido una historia que sea una historia verdadera, hecha de aut&eacute;nticas decisiones, y no una ficci&oacute;n ni un juego[6].<\/p>\n<p align=\"justify\"> En esta aventura <strong>no estamos solos<\/strong>: contamos, en primer lugar, con la ayuda del mismo Dios, que nos propone una misi&oacute;n, y tambi&eacute;n con la colaboraci&oacute;n de los dem&aacute;s: familiares, amigos, incluso personas que coinciden casualmente con nosotros en alg&uacute;n momento de la existencia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El protagonismo en la propia vida no implica negar que <strong>para muchos aspectos somos dependientes<\/strong>, y si consideramos que esta dependencia es rec&iacute;proca, entonces tambi&eacute;n cabr&iacute;a decir que somos <strong>interdependientes<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La libertad, por lo tanto, no se basta a s&iacute; misma: quedar&iacute;a vac&iacute;a si no la empleamos para comprometemos en cosas grandes, magn&aacute;nimas. Como veremos, la libertad es para la <strong>entrega<\/strong> o, dicho de otro modo, s&oacute;lo cabe una libertad entregada.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Un camino para recorrer<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> San Josemar&iacute;a sol&iacute;a recordar un cartel que encontr&oacute; en Burjasot (Valencia), poco tiempo despu&eacute;s del fin de la guerra civil espa&ntilde;ola, con una frase que no pocas veces cit&oacute; en su predicaci&oacute;n: &quot;Cada caminante siga su camino&quot;. <strong>Cada alma vive su propia vocaci&oacute;n de un modo personal, con sus propios acentos<\/strong>: Se puede andar por la derecha, por la izquierda, en zig-zag, caminando con los pies, a caballo. Hay cien mil maneras de ir por el camino divino[7].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Cada persona es el actor principal de su historia de santidad, cada una tiene su sello distintivo, en la configuraci&oacute;n de cualquier faceta de su existencia y de su personalidad, evitando el mero &quot;dejarse llevar&quot; por los sucesos.<br \/> &nbsp;<br \/> Libremente \u2014como hijos, insisto, no como esclavos\u2014, seguimos el sendero que el Se&ntilde;or ha se&ntilde;alado para cada uno de nosotros. Saboreamos esta soltura de movimientos como un regalo de Dios[8].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta soltura -soberan&iacute;a humana- va de la mano de la <strong>responsabilidad<\/strong>, del saber que somos &quot;hechura de Dios&quot;: un sue&ntilde;o divino que se hace realidad en la medida en que experimentamos el amor sin condiciones, que pide nuestra respuesta. El amor de Dios afirma nuestra libertad, y la eleva a cotas insospechadas con su gracia.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Caminar acompa&ntilde;ados<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dentro de los planes divinos, la vida est&aacute; hecha para compartirse: el Se&ntilde;or cuenta con la ayuda mutua que se prestan los seres humanos. Lo constatamos, de hecho, cada d&iacute;a: tantas veces ni siquiera somos capaces de cubrir las necesidades m&aacute;s b&aacute;sicas y perentorias de manera individual. <strong>Nadie puede ser completamente aut&oacute;nomo<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En un nivel m&aacute;s profundo, cada persona nota esa necesidad de abrirse a alguien m&aacute;s, de compartir la existencia, de dar y recibir amor. &laquo;Nadie vive solo. Ninguno peca solo. <strong>Nadie se salva solo.<\/strong> En mi vida entra continuamente la de los otros: en lo que pienso, digo, me ocupo o hago. Y viceversa, mi vida entra en la vida de los dem&aacute;s, tanto en el bien como en el mal&raquo;[9].<br \/> &nbsp;<br \/> Esta natural apertura hacia los dem&aacute;s llega a su m&aacute;xima expresi&oacute;n en los planes redentores del Se&ntilde;or. Cuando recitamos el S&iacute;mbolo de los Ap&oacute;stoles, confesamos que creemos en la comuni&oacute;n de los santos, comuni&oacute;n que es la entra&ntilde;a de la Iglesia.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Por eso, en la vida espiritual, tambi&eacute;n es indispensable aprender a contar con la ayuda de los dem&aacute;s, que est&aacute;n implicados de un modo u otro en nuestra relaci&oacute;n con Dios: recibimos la fe a trav&eacute;s de la ense&ntilde;anza de nuestros padres y catequistas; participamos de los sacramentos que celebra un ministro de la Iglesia; acudimos al consejo espiritual de otro hermano en la fe, que tambi&eacute;n reza por nosotros; etc.<br \/> &nbsp;<br \/> Saber que caminamos acompa&ntilde;ados en la vida cristiana nos llena de alegr&iacute;a y tranquilidad, sin que disminuya nuestro propio empe&ntilde;o por alcanzar la santidad. Aunque muchas veces nos dejemos llevar de la mano, nuestro papel no se limita a eso.<\/p>\n<p align=\"justify\"> San Josemar&iacute;a, al referirse a la vida espiritual, manifestaba que <strong>el consejo no elimina la responsabilidad personal<\/strong>. Y conclu&iacute;a: la direcci&oacute;n espiritual debe tender a formar personas de criterio[10]. Por esto, <strong>no queremos que nos suplan en las resoluciones que tomamos, ni dejar de poner esfuerzo en las tareas que hemos hecho propias.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Al mismo tiempo que reconocemos la ayuda indispensable de los dem&aacute;s, hemos de ser conscientes de que, en la vida espiritual es el Se&ntilde;or quien act&uacute;a a trav&eacute;s de ellos para transmitirnos su luz y fuerza.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esto nos da seguridad para continuar caminando hacia la santidad cuando, por un motivo u otro, faltan aquellas personas que jugaban un papel importante en nuestra vida cristiana.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En este sentido, tambi&eacute;n gozamos de una profunda libertad de esp&iacute;ritu en relaci&oacute;n a las personas que Dios ha puesto a nuestro lado, a quienes queremos a trav&eacute;s del coraz&oacute;n de Cristo, y cuyo apoyo agradecemos profundamente.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Libres para amar sin condiciones<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Los cristianos sabemos que<strong> la plenitud personal llega como fruto de la libre y total disponibilidad a los deseos del Amor de un Dios<\/strong> Creador, Redentor y Santificador. Los dones que hemos recibido alcanzan su m&aacute;ximo rendimiento al abrirnos a la gracia de Dios, como confirma la experiencia de tantos santos y santas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al dejar que el Se&ntilde;or se metiera en sus vidas, supieron ponerse amorosamente a su servicio, como santa Mar&iacute;a que, en el momento de la Anunciaci&oacute;n pronuncia la respuesta firme: <strong><em>fiat<\/em><\/strong>! \u2014&iexcl;h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra!\u2014, el fruto de la mejor libertad: la de decidirse por Dios[11].<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando una persona se decide por Dios, empe&ntilde;a sus sue&ntilde;os y energ&iacute;as en lo que m&aacute;s vale la pena. Se da cuenta del sentido &uacute;ltimo de la libertad, que no est&aacute; simplemente en poder elegir una cosa u otra, sino en poder disponer de la vida para algo grande, aceptando compromisos definitivos.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Dedicar las propias cualidades a seguir a Cristo, aunque a veces implique rechazar otras opciones, trae la felicidad<\/strong>, el ciento por uno[12] en la tierra y la vida eterna[13].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Refleja tambi&eacute;n un alto grado de madurez interior, pues s&oacute;lo quien tiene una personalidad con convicciones es capaz de comprometerse de una manera total: Libremente, sin coacci&oacute;n alguna, porque me da la gana, me decido por Dios[14].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Abandonar pasado, presente y futuro en el Se&ntilde;or<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>El alma que opta por Dios se mueve con una paz interior <\/strong>que supera cualquier tribulaci&oacute;n. S&eacute; en qui&eacute;n he cre&iacute;do[15]: son palabras que expresan la confianza de san Pablo en medio de las dificultades por ser fiel a su vocaci&oacute;n de ap&oacute;stol de las gentes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Quien pone al Se&ntilde;or por fundamento, goza de una seguridad inquebrantable, y esto le permite donarse tambi&eacute;n a los dem&aacute;s: viviendo el celibato por motivos apost&oacute;licos o en el matrimonio o en tantos otros caminos que puede tomar la existencia cristiana.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es una entrega que abarca presente, pasado y futuro, como rezaba san Josemar&iacute;a: Se&ntilde;or, Dios m&iacute;o: en tus manos abandono lo pasado y lo presente y lo futuro, lo peque&ntilde;o y lo grande, lo poco y lo mucho, lo temporal y lo eterno[16].<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Nadie puede cambiar el pasado. Sin embargo, el Se&ntilde;or toma la historia de cada uno, perdona en el sacramento de la Reconciliaci&oacute;n los pecados que puedan haber existido y reintegra armoniosamente esos sucesos en la vida de sus hijos.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Todo es para bien<\/strong>[17]: incluso los errores que hemos cometido, si sabemos acudir a la misericordia divina y, con la gracia de Dios, procuramos vivir en el presente m&aacute;s pendientes de &Eacute;l. As&iacute; se est&aacute; tambi&eacute;n en condiciones de ver confiadamente el futuro, pues sabemos que est&aacute; en manos de un Padre que nos quiere: &iexcl;quien est&aacute; en las manos de Dios, cae y se levanta siempre en las manos de Dios!<br \/> &nbsp;<br \/> Decidirse por Dios es aceptar su invitaci&oacute;n a que escribamos nuestra biograf&iacute;a con &Eacute;l. Reconociendo humildemente la libertad como un don, la empleamos en cumplir, en compa&ntilde;&iacute;a de tantas otras personas, la misi&oacute;n que el Se&ntilde;or nos conf&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y experimentamos con gozo que sus planes superan nuestras previsiones, como dec&iacute;a san Josemar&iacute;a a un chico joven: &iexcl;D&eacute;jate llevar por la gracia! &iexcl;Deja a tu coraz&oacute;n que vuele! (&#8230;). Hazte tu peque&ntilde;a novela: una novela de sacrificios y de hero&iacute;smos. Con la gracia de Dios, te quedar&aacute;s corto.[18].<br \/> &nbsp;<br \/><em>Por J.R. Garc&iacute;a-Morato<\/em><br \/> &nbsp;<br \/> [1] Francisco, Discurso, 27-VII-2013.<br \/> &nbsp;<br \/> [2] Ibidem.<br \/> &nbsp;<br \/> [3] Es Cristo que pasa, n. 110.<br \/> &nbsp;<br \/> [4] San Juan Pablo II, Carta a los artistas, 4-IV-1999, n. 2.<br \/> &nbsp;<br \/> [5] Sir 15,14.<br \/> &nbsp;<br \/> [6] San Josemar&iacute;a, &quot;Las riquezas de la fe&quot;. Art&iacute;culo publicado en ABC, 2-XI-1969.<br \/> &nbsp;<br \/> [7] San Josemar&iacute;a, Carta 2-II-1945, n. 19.<br \/> &nbsp;<br \/> [8] Amigos de Dios, n. 35.<br \/> &nbsp;<br \/> [9] Benedicto XVI, Enc. Spe salvi, 30-XI-2007, n. 48.<br \/> &nbsp;<br \/> [10] Conversaciones, n. 93.<br \/> &nbsp;<br \/> [11] Amigos de Dios, n. 25.<br \/> &nbsp;<br \/> [12] Mt 19,29.<br \/> &nbsp;<br \/> [13] Ibidem.<br \/> &nbsp;<br \/> [14] Amigos de Dios, n. 35.<br \/> &nbsp;<br \/> [15] 2 Tim 1,12.<br \/> &nbsp;<br \/> [16] V&iacute;a Crucis, VII, n. 3.<br \/> &nbsp;<br \/> [17] Cfr. Rm 8,28.<br \/> &nbsp;<br \/> [18] San Josemar&iacute;a, Notas de una tertulia, 29-VI-1974 (AGP, biblioteca, P04, p. 45).<br \/> &nbsp;<br \/><em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/opusdei.es\/es-es\/document\/protagonistas-de-nuestra-vida\/\">Art&iacute;culo<\/a><\/strong> originalmente publicado por Opus Dei<\/em><br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Opus Dei &quot;Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos j&oacute;venes, por favor, no balconeen la vida, m&eacute;tanse en ella, Jes&uacute;s no se qued&oacute; en el balc&oacute;n, se meti&oacute;; no balconeen la vida, m&eacute;tanse en ella como hizo Jes&uacute;s&quot;[1]. 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