{"id":30477,"date":"2016-06-11T01:29:56","date_gmt":"2016-06-11T06:29:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mi-ultima-mirada-al-pesebre\/"},"modified":"2016-06-11T01:29:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:29:56","slug":"mi-ultima-mirada-al-pesebre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/mi-ultima-mirada-al-pesebre\/","title":{"rendered":"Mi \u00faltima mirada al&nbsp;pesebre"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A veces me llama la atenci&oacute;n. Si pensamos bien de alguien, somos ingenuos. Si somos generosos, o exageramos o somos sospechosos, tal vez guardamos segundas intenciones. Si somos confiados con las personas, nos llaman tontos y dicen que nos va a ir mal en la vida, porque confiamos demasiado.<br \/> &nbsp;<br \/> Si tenemos sue&ntilde;os y los contamos ingenuamente, nos dicen que somos poco realistas, que vivimos en una burbuja, que no conocemos la vida, que no tenemos los pies en la tierra.<br \/> &nbsp;<br \/> Si ayudamos a otros demasiado, sin limitarnos en la entrega, sin contar, nos aconsejan que no nos pasemos, que nos est&aacute;n enga&ntilde;ando, que no hay que ser tontos.<br \/> &nbsp;<br \/> Si no nos aprovechamos de la vida, de las ventajas que podemos sacar de todo, si dejamos pasar oportunidades no muy &eacute;ticas pero ventajosas, en seguida nos dicen que estamos desperdiciando oportunidades torpemente.<br \/> &nbsp;<br \/> Si perdemos el tiempo con el que lo necesita, con el que no produce, con el que no trae nada provechoso a nuestra vida, nos dicen que estamos invirtiendo la vida en las personas equivocadas.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me sorprende. Porque <strong>en realidad todos queremos ser generosos, pensar bien de los dem&aacute;s, volver a confiar una y mil veces, so&ntilde;ar con cosas grandes, ayudar al que lo necesita, aunque no ganemos nada a cambio<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Son valores atractivos. A veces incluso pueden llegar a entusiasmarnos. Pero luego, la vida corre y parece que aprendemos otros valores distintos. Nos hacemos cr&iacute;ticos con ciertas actitudes.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me detengo de nuevo sorprendido al ver que <strong>lo que hacemos no siempre es valorado como rentable, como l&oacute;gico, como prudente<\/strong>. Como si no mereciera tanto la pena.<br \/> &nbsp;<br \/> Miro a Jes&uacute;s, lo contemplo. Veo su vida, su paso por mi carne. Y lo entiendo. <strong>Jes&uacute;s perdi&oacute; el tiempo con pobres hombres.<\/strong> Con pescadores, con persona humildes, sin mucha formaci&oacute;n. Es como si no hubiera buscado la productividad, como si no hubiera querido invertir en el mejor producto.<br \/> &nbsp;<br \/> Se dej&oacute; la vida en tantos corazones fr&aacute;giles, heridos, rotos. <strong>Nunca busc&oacute; nada a cambio<\/strong>. Confi&oacute; cuando le hab&iacute;an traicionado ya una vez. Fue generoso sin guardarse nada. So&ntilde;&oacute; con voz potente, desde lo alto de un monte.<br \/> &nbsp;<br \/> Y todos lo escucharon conmovidos. Tal vez pronto olvidaron, como nosotros. Am&oacute; a todos, sin distinciones. No se defendi&oacute; al ser acusado. Comi&oacute; con publicanos y prostitutas. <strong>No se aprovech&oacute; nunca de nadie en beneficio propio. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Y yo, que quiero seguirlo, <strong>a veces me descubro buscando cualidades humanas en las personas, guard&aacute;ndome para no perderlo todo, aprovech&aacute;ndome de las ventajas, viviendo para mi bien, buscando la productividad, el m&aacute;ximo beneficio<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Entonces pienso que me parezco m&aacute;s al mundo que a Jes&uacute;s. Como si me hubiera olvidado de lo importante. <strong>Al acabarse este tiempo navide&ntilde;o me detengo por &uacute;ltima vez ante el pesebre. S&oacute;lo quiero parecerme m&aacute;s a Jes&uacute;s. Que su carne sea mi carne.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pienso en las palabras de J. L. Mart&iacute;n Descalzo: &laquo;<em>Bel&eacute;n fue el susurro silencioso de la brisa de Dios. Entr&oacute; en la tierra de puntillas, como pidiendo disculpas por visitarnos. Se sent&oacute; a nuestro lado, dijo unas pocas palabras verdaderas y nada ruidosas, muri&oacute; y entr&oacute; en el gran silencio que dura desde hace veinte siglos. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><strong><em>Y el silencio era amo<\/em><\/strong><em>r. Era ese silencio que sucede al amor para hacerlo m&aacute;s verdadero, cuando ya ni los besos ni las palabras son necesarias. Ese amor de los que ya ni necesitan decirse que se aman. As&iacute;, pienso, ser&aacute; el gran abrazo cuando le reencontremos. Se har&aacute; como en Bel&eacute;n un \u2018gran silencio\u2019 y el mundo entero al fin cambiar&aacute; el ruido por el asombro y la alegr&iacute;a<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ojal&aacute; esta Navidad me haya dejado el alma llena de asombro y alegr&iacute;a, de paz y esperanza, de generosidad y sue&ntilde;os. Ojal&aacute; me haya hecho algo m&aacute;s ni&ntilde;o, m&aacute;s pobre<\/strong>. Haya guardado m&aacute;s silencio. Adorando, postrado ante Dios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces me llama la atenci&oacute;n. Si pensamos bien de alguien, somos ingenuos. Si somos generosos, o exageramos o somos sospechosos, tal vez guardamos segundas intenciones. 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