{"id":30483,"date":"2016-06-11T01:30:09","date_gmt":"2016-06-11T06:30:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-no-pase-esta-navidad-sin-detenerme-a-rezar-delante-de-jesus\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:09","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:09","slug":"que-no-pase-esta-navidad-sin-detenerme-a-rezar-delante-de-jesus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-no-pase-esta-navidad-sin-detenerme-a-rezar-delante-de-jesus\/","title":{"rendered":"Que no pase esta Navidad sin detenerme a rezar delante de&nbsp;Jes\u00fas"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Siempre de nuevo vuelvo a escuchar este Evangelio y me conmuevo: &laquo;<em>Y sucedi&oacute; mientras estaban en Bel&eacute;n, que a Mar&iacute;a le lleg&oacute; el tiempo de dar a luz. All&iacute; naci&oacute; su hijo primog&eacute;nito, y lo envolvi&oacute; en pa&ntilde;ales y lo acost&oacute; en el pesebre, porque no hab&iacute;a alojamiento para ellos en la posada<\/em>&raquo;. Lucas 2, 1-7.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Las mismas palabras, la misma descripci&oacute;n sencilla y clara. Unos pocos gestos. En realidad sobran las palabras. En la sencillez y en la pobreza. Ojos abiertos de asombro. Un coraz&oacute;n nuevo. Una monta&ntilde;a de ternura en las manos de Mar&iacute;a.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco:&nbsp;<em>&laquo;&iquest;Cu&aacute;ntas veces una mam&aacute; dice cosas al ni&ntilde;o mientras lo acaricia? Lo acaricia, y lo acerca a ella. Dios hace eso. Es la ternura de Dios. Est&aacute; tan cerca de nosotros que se expresa con esta ternura: la ternura de una mam&aacute;<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Esa es la ternura de Bel&eacute;n. De all&iacute; salimos renovados<\/strong>, abrazados, sostenidos. Salimos llenos de esa paz &uacute;nica y verdadera. Una alegr&iacute;a honda, profunda, esa alegr&iacute;a que no pasa nunca.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> No nos toca el gordo de la loter&iacute;a. No somos m&aacute;s ricos hoy que ayer. No saltamos llenos de gozo por un hecho inesperado. Pero s&iacute;&nbsp;<strong>nos alegramos en lo m&aacute;s profundo<\/strong>. Los &aacute;ngeles cantan. Los pastores vigilan su reba&ntilde;o.&nbsp;<strong>Todo llama la atenci&oacute;n por su peque&ntilde;ez<\/strong>. El barro, el silencio, lo oculto, la noche. Una cueva, un establo. Sorprende siempre de nuevo la sencillez.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Vuelve a nacer. Hay cantos. El calor del hogar. Un establo que huele mal.&nbsp;<strong>No todo es tan buc&oacute;lico<\/strong>. Los pastores no son ni&ntilde;os tiernos, m&aacute;s bien hombres duros, rudos, marginados, heridos. Pero su mirada nos sigue conmoviendo. Se dejaron sorprender por la vida.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Llega su luz y&nbsp;<strong>todo queda transformado en esa noche. Por la presencia de Dios hecho carne<\/strong>. Por las manos y el coraz&oacute;n de Mar&iacute;a y de Jos&eacute;. Es Navidad. Nace Cristo en todos los corazones.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Hay dolor y tristeza en tantas vidas. Tanto barro, tanta suciedad, tanto miedo. Tanta angustia y desuni&oacute;n.&nbsp;<strong>Falta de paz y de amor<\/strong>. Familias rotas que sue&ntilde;an con vivir en Betania, ese hogar en el que Jes&uacute;s pod&iacute;a descansar, o en Bel&eacute;n, ese palacio en el que nace el Ni&ntilde;o.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy es noche de esperanza, surge el deseo de que algo cambie. Es necesario mirar con ojos de ni&ntilde;o. Dec&iacute;a el P. Kentenich: &laquo;<em>El hombre ni&ntilde;o y humilde obtiene de Dios todo lo que quiere. As&iacute; lo dicen los santos y la Biblia. Eleva a los peque&ntilde;os, Lc 1, 52. Porque los peque&ntilde;os son peque&ntilde;os y Dios s&oacute;lo obra a trav&eacute;s de ni&ntilde;os peque&ntilde;os; no necesita de los grandes<\/em>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hacernos peque&ntilde;os, estar a su altura, sentarnos en el suelo, para mirarle con mucha paz.&nbsp;<strong>&iquest;Voy a dejarme un tiempo para quedarme de rodillas a su altura? &iquest;Voy a entregarle como los pastores los regalos que llevo en el alma?&nbsp;<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Voy a pedirle que me llene de esperanza, me quite los miedos, levante mi &aacute;nimo deca&iacute;do? &iquest;Voy a sonre&iacute;rle confiado porque es &Eacute;l quien lleva el tim&oacute;n de mi barca?&nbsp;<strong>Que no pase esta Navidad sin detenerme a rezar delante de Jes&uacute;s.&nbsp;<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Llegamos a Bel&eacute;n tal como estamos hoy. Quiz&aacute;s no es el mejor momento. No est&aacute; todo en orden en nuestra vida. No encontramos paz.&nbsp;<strong>Nos hemos puesto nuestras mejores ropas. No para tapar el desorden. Sino para expresar el deseo.<\/strong>&nbsp;S&iacute;, la ropa expresa deseos del alma. Queremos tener m&aacute;s luz y m&aacute;s paz, m&aacute;s belleza, m&aacute;s verdad.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Tampoco todo fue perfecto aquel d&iacute;a. Jos&eacute; no quer&iacute;a ese lugar para Mar&iacute;a.&nbsp;<strong>Tampoco quer&iacute;a Mar&iacute;a ese lugar para Jes&uacute;s. Pero Dios irrumpe, siempre lo hace, donde estamos, tal y como estamos<\/strong>. Dios viene a nuestra historia como lo hizo entonces.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Dios eterno se hace historia.&nbsp;<strong>Dios se encarna hoy. Donde estoy<\/strong>. En mi realidad. En mi presente. En medio de mi bullicio. En mis problemas. El pesebre fue duro, tal vez hoy tambi&eacute;n. En medio de mucho ruido, como hoy. En la pobreza, en mi pobreza. Sin ayuda, sin mi ayuda:&nbsp;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>Dios respeta mi vida. Mi historia. No fuerza. Acoge<\/strong>. Toma mis pa&ntilde;ales, mis trapos algo sucios, mis torpezas. No me inventa de nuevo. Respeta mi realidad y sobre ella construye. As&iacute; fue Navidad. Dios se hace historia sobre la historia del hombre. Se hace parte de mi misma historia.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Viene a mi dolor, a mi vida como es hoy. Y me hace una promesa. Estar&aacute; conmigo, en mi camino, en mi cruz, sosteniendo mi vida. Aunque a veces no sea tan f&aacute;cil caminar. Una persona dec&iacute;a:&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> &laquo;<em>Quiero abandonarme y confiar pero tengo tant&iacute;simo dolor en este momento. &iquest;Qu&eacute; plan tiene Dios para m&iacute;? &iquest;C&oacute;mo confiar y dejarle actuar hoy mismo, ahora? Ya no s&eacute; qu&eacute; ser&aacute; de m&iacute; ma&ntilde;ana pero ahora respiro porque Dios quiere y&nbsp;<strong>aunque me duela hasta el alma, quiere que viva, pero, &iquest;qu&eacute; quiere Dios de m&iacute;?<\/strong><\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> En esos momentos en que no vemos nada claro &Eacute;l viene a nuestro encuentro. Trae la luz a nuestra oscuridad. La esperanza al des&aacute;nimo. Nos invita a confiar.&nbsp;<strong>Viene para que nosotros seamos Navidad para otros<\/strong>.&nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Siempre de nuevo vuelvo a escuchar este Evangelio y me conmuevo: &laquo;Y sucedi&oacute; mientras estaban en Bel&eacute;n, que a Mar&iacute;a le lleg&oacute; el tiempo de dar a luz. 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