{"id":30487,"date":"2016-06-11T01:30:18","date_gmt":"2016-06-11T06:30:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nunca-se-ama-demasiado\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:18","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:18","slug":"nunca-se-ama-demasiado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nunca-se-ama-demasiado\/","title":{"rendered":"Nunca se ama&nbsp;demasiado"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Creo que nunca se ama demasiado. Amamos mucho o poco, o nada. Pero demasiado nunca. A veces amamos mal, de forma enfermiza, encadenando en lugar de liberando. Reduciendo espacios, limitando tiempos.<br \/> &nbsp;<br \/> En esos casos amamos mal, ego&iacute;stamente, buscando s&oacute;lo nuestra felicidad, nuestro bienestar y no el del otro. Pero nunca podemos decir que amamos demasiado.<br \/> &nbsp;<br \/> Uno puede comer demasiado. Y nota el est&oacute;mago lleno. Puede pagar demasiado por algo y sentir que lo han enga&ntilde;ado. Uno puede ser demasiado pesado con alguna persona. Y esa persona se lo hace ver. Uno puede desear demasiado y luego los desenga&ntilde;os nos vuelven a la realidad. El demasiado tiene siempre una connotaci&oacute;n negativa, de exceso.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>no creo que haya actitudes en el amor que puedan ser excesivas. Y todo porque el coraz&oacute;n nuestro no tiene fondo<\/strong>, nunca se llena, est&aacute; so&ntilde;ado para la eternidad y s&oacute;lo sue&ntilde;a con un amor que dure siempre.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a John Green: &quot;<strong>Todo el mundo deber&iacute;a tener un amor verdadero y deber&iacute;a durar como m&iacute;nimo toda la vida&quot;<\/strong>. Por eso el amor recibido nunca nos basta y no puede ser considerado excesivo. En realidad nunca es bastante. Siempre necesitamos m&aacute;s amor.<br \/> &nbsp;<br \/> A menudo no nos basta con lo que recibimos. Esperamos m&aacute;s. De la misma forma, siempre podemos amar m&aacute;s. <strong>Dios nos ha dado una capacidad casi infinita para ser amados. Y a la vez nos ha dado una capacidad inmensa de amar<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos sorprende todo lo que podemos llegar a amar, cuando nos ponemos a ello. Pero a veces no lo hacemos. Queremos dar, pero no damos. <strong>Buscamos ego&iacute;stamente amor, pero no amamos<\/strong>. Creemos que Dios tampoco nos ama demasiado. Porque no nos resulta la vida como queremos.<br \/> &nbsp;<br \/> No percibimos su amor, no nos dejamos amar por &Eacute;l. Seguro que nos ama mucho, pensamos, pero <strong>no somos capaces de percibir su ternura. No notamos su mano sobre la nuestra<\/strong>. Y nuestra debilidad, en lugar de ser un puente hacia Dios, puede convertirse en un abismo que nos separa.<br \/> &nbsp;<br \/> Miramos la grandeza de Dios, miramos a Mar&iacute;a que es una ni&ntilde;a d&oacute;cil, abierta a Dios, y nos sentimos muy lejos. Por eso podemos rezarle a Mar&iacute;a como lo hac&iacute;a esta persona:<br \/> &nbsp;<br \/> &quot;<em>Yo veo el abismo entre t&uacute; y yo, y me apena. <strong>Veo la diferencia entre tu alma transparente de Dios, Santuario vivo, y la m&iacute;a mediocre y vac&iacute;a porque est&aacute; llena de m&iacute; misma. Madre, transforma mi coraz&oacute;n<\/strong> y hazlo puro, noble, bueno y generoso como el tuyo y que esa pureza se refleje en mis sentidos y en mi forma de darme, de comportarme, de hablar, de pensar, de vestir, de ver, de o&iacute;r, de escuchar. Que se refleje en toda mi vida y en todo mi ser&quot;<\/em>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nuestro amor pobre en Navidad puede crecer.<\/strong> Nuestro amor d&eacute;bil, enfermo, ego&iacute;sta, puede cambiar en el establo. De m&iacute; depende. Del amor de Dios depende. Ese amor de Dios que s&iacute; es excesivo, que es locura que nos desborda. Ese amor que excede los l&iacute;mites de mi alma que tantas veces se conforma con tan poco.<br \/> &nbsp;<br \/> No deja de sorprenderme lo f&aacute;cilmente que nos acostumbramos a recibir poco amor. Nos secamos, nos cerramos. El Papa Francisco nos recuerda que podemos estar enfermos:<br \/> &nbsp;<br \/> &quot;<em>La enfermedad de <strong>Alzheimer espiritual<\/strong>: Es decir, la de olvidar la historia personal con el Se&ntilde;or, el primer amor. Es una disminuci&oacute;n progresiva de las facultades espirituales. Lo vemos en los que han perdido el recuerdo de su encuentro con el Se&ntilde;or. En los que construyen muros alrededor de s&iacute; mismos y se convierten, cada vez m&aacute;s, en esclavos de las costumbres y de los &iacute;dolos que han esculpido con sus propias manos&quot;<\/em>.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos secamos, <strong>nos vaciamos de amor<\/strong>. Hay personas que sobreviven sin una gota de amor en sus vidas. Siguen viviendo, siguen mendigando cari&ntilde;o, ternura. Apuran como un sediento lo poco que les dan. Se han acostumbrado al vac&iacute;o y recibir algo ya les parece mucho. Se han aburguesado.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>En Navidad el amor de Dios en Bel&eacute;n es inmenso<\/strong>. Nos desborda. Es un amor que supera toda capacidad humana y eso nos alegra. Nos acercamos como ni&ntilde;os a ese inmenso mar de misericordias.<br \/> &nbsp;<br \/> Nunca y siempre son dos adverbios que tienen muchas acepciones. A veces los utilizamos mal y les decimos a otros: &quot;Nunca haces lo correcto. Siempre est&aacute;s pensando en tus cosas. Nunca me muestras tu cari&ntilde;o. Siempre llegas tarde. Nunca dices algo bonito&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/> Y as&iacute; podr&iacute;amos seguir con una larga serie de quejas, de protestas injustas. Porque cuando utilizamos en estos casos estos adverbios, normalmente exageramos. Queremos hacer da&ntilde;o. <strong>A lo mejor percibimos que estamos en lo cierto. Que la otra persona no cuida lo que queremos que cuide y nos duele. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pero utilizar esas expresiones no suele ser constructivo. No logramos lo que queremos. <strong>Hacemos da&ntilde;o<\/strong>. Otras veces los usamos deseando que sea real lo que decimos: &laquo;Siempre te querr&eacute; como te quiero hoy. Nunca traicionar&eacute; tu confianza. Siempre podr&aacute;s contar conmigo. Nunca dejar&eacute; de apoyar tus proyectos&raquo;. Son deseos muy nobles inscritos en el alma.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El coraz&oacute;n desea lo eterno<\/strong>, desea amar siempre, desea darlo todo. Estamos hechos para lo eterno. Y ese deseo crece con fuerza en nuestro interior. Cuando amamos lo hacemos con todo el coraz&oacute;n. No podemos amar a medias.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>muchas veces constatamos que nuestras promesas quedan incumplidas y nos duele el alma <\/strong>entonces. Sentimos que le hemos fallado a la persona a la que m&aacute;s amamos. <strong>&iquest;Cu&aacute;ntas veces hemos dejado de cumplir nuestras promesas?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Lo confesamos. <strong>No siempre hemos estado a la altura. A veces el cansancio de la vida. Otras veces las expectativas incumplidas.<\/strong> Esper&aacute;bamos que la vida fuera diferente y nos desanimamos. <strong>Dejamos de luchar, de amar<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Al mismo tiempo, tambi&eacute;n usamos con Dios las mismas expresiones y le decimos: &laquo;Ser&eacute; siempre fiel a este compromiso que asumo hoy. Cuenta siempre conmigo, Se&ntilde;or, nunca te dejar&eacute;. Te amo por encima de todo&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Se lo dijimos un d&iacute;a a Mar&iacute;a al sellar nuestra alianza de amor. Se lo decimos a Jes&uacute;s cada vez que comulgamos. En momentos de intimidad con &Eacute;l. Luego, es verdad, <strong>no somos siempre fieles.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Miramos las cumbres m&aacute;s altas y nos agotamos pronto. Caemos. Nos confundimos. Tropezamos. <strong>Nuestros &quot;siempres&quot; y nuestros &quot;nuncas&quot; quedan inconclusos. Y nos sentimos d&eacute;biles y pecadores.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Parece que s&oacute;lo Dios mantiene su promesa para siempre<\/strong>. Hoy nace y nos dice que siempre estar&aacute; con nosotros hasta el final de los tiempos. Sabemos que nunca perecer&aacute; un hijo de Mar&iacute;a. <strong>La promesa de Dios se cumple, es eterna,<\/strong> Dios es fiel, nunca nos deja solos.<br \/> &nbsp;<br \/> Confiamos entonces en su fidelidad. <strong>Esa promesa calma el coraz&oacute;n<\/strong>. Estar&aacute; con nosotros todos los d&iacute;as de nuestra vida. <strong>S&iacute;, siempre estar&aacute; a mi lado. En los momentos de soledad y cuando estemos acompa&ntilde;ados<\/strong> de seres queridos. En las dificultades y en los momentos de plenitud.<br \/> &nbsp;<br \/> El coraz&oacute;n se calma al pensar en su mano sosteniendo la m&iacute;a. En su coraz&oacute;n descansa el m&iacute;o. Queremos que est&eacute; siempre a nuestro lado. Queremos que nos sostenga cada d&iacute;a. Que nunca abandone nuestro camino. Que nunca se olvide de nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Nace Jes&uacute;s en Bel&eacute;n y nos recuerda que su s&iacute; sobre nuestra vida es para siempre. <strong>Nace para no dejarnos nunca. <\/strong>Para demostrarnos que su promesa es eterna.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No recordamos que un d&iacute;a se hizo carne. Hoy se hace carne. Vuelve a venir.<\/strong> No lo hace s&oacute;lo en la cueva de Bel&eacute;n. Lo hace en todas las cuevas donde llega para traer el consuelo y la paz, para hacer que vuelva la armon&iacute;a y el amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Creo que nunca se ama demasiado. Amamos mucho o poco, o nada. Pero demasiado nunca. A veces amamos mal, de forma enfermiza, encadenando en lugar de liberando. Reduciendo espacios, limitando tiempos. &nbsp; En esos casos amamos mal, ego&iacute;stamente, buscando s&oacute;lo nuestra felicidad, nuestro bienestar y no el del otro. Pero nunca &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nunca-se-ama-demasiado\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abNunca se ama&nbsp;demasiado\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30487","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30487","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30487"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30487\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30487"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30487"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30487"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}