{"id":30492,"date":"2016-06-11T01:30:30","date_gmt":"2016-06-11T06:30:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sonar-la-luna-es-posible-vivir-como-hijos\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:30","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:30","slug":"sonar-la-luna-es-posible-vivir-como-hijos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sonar-la-luna-es-posible-vivir-como-hijos\/","title":{"rendered":"So\u00f1ar la luna: \u00bfEs posible vivir como&nbsp;hijos?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Nace Jes&uacute;s de nuevo en nuestras vidas.&nbsp;Hace falta llegar con un coraz&oacute;n de ni&ntilde;o. El otro d&iacute;a le&iacute;a un peque&ntilde;o cuento:<\/p>\n<p align=\"justify\"> &quot;<em>Un ni&ntilde;o so&ntilde;aba con la luna. Se despertaba y miraba por la ventana esperando verla entre las nubes. Al fin, un d&iacute;a, lo lograba. Era redonda y grande, luminosa, perfecta. So&ntilde;aba con tocarla, con tenerla. Esa luna daba luz a su vida. Y &eacute;l sonre&iacute;a. Este ni&ntilde;o dorm&iacute;a so&ntilde;ando, viv&iacute;a so&ntilde;ando. Anhelaba esa luna que daba luz a sus noches.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero pasaron los d&iacute;as y la luna menguaba. Cada d&iacute;a un poco m&aacute;s peque&ntilde;a. &Eacute;l tuvo miedo. No quer&iacute;a quedarse sin su sue&ntilde;o, sin su luz, sin su esperanza. So&ntilde;aba. Una ni&ntilde;a se acerc&oacute; y mir&oacute; su sue&ntilde;o. Lo vio sumergido en el aire, tembloroso, callado. El ni&ntilde;o temblaba.<\/p>\n<p align=\"justify\"> <strong>Cogi&oacute; con sus manos de ni&ntilde;a llenas de ternura ese inmenso sue&ntilde;o. La luna segu&iacute;a menguando. Cada d&iacute;a un poco m&aacute;s peque&ntilde;a. El ni&ntilde;o sufr&iacute;a y la ni&ntilde;a tambi&eacute;n sufr&iacute;a con el ni&ntilde;o. Decidi&oacute; entonces so&ntilde;ar con el ni&ntilde;o.<\/strong> Lleg&oacute; el d&iacute;a en el que casi no se ve&iacute;a la luna en el cielo. Era s&oacute;lo una sombra fugaz de lo que fue. Temblaron.<\/p>\n<p align=\"justify\"> S&oacute;lo hab&iacute;a estrellas. S&oacute;lo el recuerdo p&aacute;lido de lo que fue una luna. Lloraban. Se abrazaron tiernamente. <strong>Eran dos ni&ntilde;os sin luna. Entonces ella, al o&iacute;do, le susurr&oacute; un deseo. Le dijo: &#8211; So&ntilde;emos m&aacute;s fuerte, con toda el alma. Ya ver&aacute;s, lo lograremos, no temas. Tendr&aacute;s tu luna.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Y entonces los dos so&ntilde;aron fuerte. Cada d&iacute;a con m&aacute;s fuerza, con m&aacute;s alma, con m&aacute;s coraz&oacute;n. <strong>Y la luna, cada noche, cansada del d&iacute;a, iba engordando. Parec&iacute;a como si el sue&ntilde;o de dos ni&ntilde;os le diera un poco de vida. <\/strong>Cada d&iacute;a era m&aacute;s luna y menos sombra. Cada d&iacute;a m&aacute;s luz y menos noche.<\/p>\n<p align=\"justify\"> <strong>Hasta que un d&iacute;a, conmovidos, asombrados, miraron la luna llena por la ventana. Era una luna plena<\/strong>, entera, llena de luz. Sonrieron. Hab&iacute;a luz. Rieron con esa risa f&aacute;cil de los ni&ntilde;os, a carcajadas. Sin temor a la vida. Felices, tocando las estrellas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> <strong>Los sue&ntilde;os que se sue&ntilde;an juntos tienen m&aacute;s fuerza<\/strong>, logran lo imposible. Y descansaron felices. Saboreando los sue&ntilde;os&quot;<\/em>.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me gust&oacute; el ni&ntilde;o de la luna. Me gust&oacute; la ingenuidad de <strong>los ni&ntilde;os que sue&ntilde;an con lo eterno.<\/strong> Tal vez como nosotros. La vida, las desilusiones, los tropiezos, nos hacen desconfiar. Miramos nuestra vida y pensamos que los sue&ntilde;os no son posibles. Nos conformamos con lo que hemos logrado, con lo que hay.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>No creemos en los milagros de Nochebuena.<\/strong> No creemos en el poder salvador de un ni&ntilde;o que nace en Bel&eacute;n. Oculto en un establo. Cubierto por unos pocos pa&ntilde;ales y una monta&ntilde;a inmensa de ternura. <strong>Queremos aprender a ser como ni&ntilde;os. A so&ntilde;ar con lo que Dios puede hacer con nosotros. <\/strong>Parece sencillo. No es tan sencillo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &quot;<em><strong>No hay mayor felicidad para el hombre de hoy que la recuperaci&oacute;n del sentir de ni&ntilde;o frente a Dios <\/strong>y no hay misi&oacute;n m&aacute;s grande en estos tiempos que la de reconquistar para la humanidad el perdido sentir de ni&ntilde;o&quot;<\/em>[1].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Parece sencillo, pero no lo es. <strong>El mundo de hoy necesita ni&ntilde;os. Corazones de ni&ntilde;os.<\/strong> El otro d&iacute;a le&iacute;a: &quot;Vivimos en una sociedad donde mentir se volvi&oacute; rutina, traicionar en monoton&iacute;a y ser hip&oacute;crita es la ropa de hoy en d&iacute;a&quot;.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Necesitamos que haya m&aacute;s ni&ntilde;os. Ni&ntilde;os que no vivan en la mentira, que no traicionen, que sean inocentes y aut&eacute;nticos, trasparentes de Dios. Faltan ese tipo de ni&ntilde;os. A&ntilde;ad&iacute;a el Padre Kentenich: &quot;<em>Si en m&iacute; no hay o no est&aacute; suficientemente desarrollado el germen de lo filial, me falta el puente natural necesario para tener la vivencia de ser hijo en el plano sobrenatural. Cuando me encuentro ante personas que no han tenido la vivencia de ser hijos en el orden natural, &iexcl;cu&aacute;ntos esfuerzos se necesitan para que lleguen a sentir <strong>el valor de lo filial!<\/strong><\/em>&nbsp;[2].&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Cada Navidad es una nueva oportunidad para aprender a ser m&aacute;s ni&ntilde;os, para vivir como ni&ntilde;os.<\/strong> Pero no como ni&ntilde;os inmaduros y caprichosos. Sino como ni&ntilde;os confiados y alegres, positivos y veraces. Ni&ntilde;os nobles y transparentes. Reflejos del amor de Dios, de su verdad, de su calor.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ni&ntilde;os capaces de so&ntilde;ar y alcanzar la luna. De tocarla en un abrazo c&aacute;lido. S&iacute;, <strong>aunque no hayamos tenido experiencias humanas de filialidad, es posible vivir como ni&ntilde;os ante Dios<\/strong>. Es cierto que lleva su tiempo. Es un proceso largo. Pero de nuevo nos arrodillamos como los ni&ntilde;os ante el portal.&nbsp;De nuevo confiamos y so&ntilde;amos. De nuevo creemos en lo aparentemente imposible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Nace Jes&uacute;s de nuevo en nuestras vidas.&nbsp;Hace falta llegar con un coraz&oacute;n de ni&ntilde;o. El otro d&iacute;a le&iacute;a un peque&ntilde;o cuento: &quot;Un ni&ntilde;o so&ntilde;aba con la luna. Se despertaba y miraba por la ventana esperando verla entre las nubes. Al fin, un d&iacute;a, lo lograba. 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