{"id":30495,"date":"2016-06-11T01:30:37","date_gmt":"2016-06-11T06:30:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-mas-mails-incendiarios-mas-paz-y-menos-ira\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:37","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:37","slug":"no-mas-mails-incendiarios-mas-paz-y-menos-ira","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-mas-mails-incendiarios-mas-paz-y-menos-ira\/","title":{"rendered":"No m\u00e1s mails incendiarios: M\u00e1s paz y menos&nbsp;ira"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Tantas veces so&ntilde;amos la paz. Tantas veces no la construimos. Duele el alma. Jes&uacute;s es el pr&iacute;ncipe de la paz. Nace en Bel&eacute;n, ciudad de guerras. Nace en medio de odios y violencias. Vuelve a nacer en unos d&iacute;as en los que hemos vivido atentados, muertes de ni&ntilde;os, odios. Duele el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero la Navidad es tiempo de paz. <strong>Jes&uacute;s viene a sembrar paz. Quiere que con &Eacute;l seamos tambi&eacute;n nosotros constructores de paz. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a me contaron una an&eacute;cdota con un ni&ntilde;o. El padre&nbsp;le pide que tire contra el suelo una bola de cristal. Al caer, la bola se rompe en mil pedazos. Luego le dice al ni&ntilde;o:&nbsp;\u201cP&iacute;dele perd&oacute;n\u201d.&nbsp;El ni&ntilde;o lo hace.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> \u201cOtra vez\u201d,&nbsp;le dice. Le vuelve a pedir perd&oacute;n.&nbsp;\u201c&iquest;Ha vuelto a su estado anterior la bola de cristal?\u201d,&nbsp;pregunta el padre.&nbsp;\u201cNo, sigue rota\u201d,&nbsp;contesta el hijo.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> \u201cVes, es lo que ocurre cuando herimos con palabras y gestos, <strong>cuando nuestras manos rompen otras vidas, por m&aacute;s que luego pidamos perd&oacute;n, el mal ya est&aacute; hecho<\/strong>, no hay remedio\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>\u201cEl perd&oacute;n ayuda a sanar. Pero la herida provocada tarda mucho en cicatrizar<\/strong>. Y siempre quedar&aacute; la huella, la cicatriz que nos recuerda nuestro pasado\u201d.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Nuestras palabras <strong>hieren, nuestros juicios y condenas, nuestras palabras duras, nuestros gritos. <\/strong>No nos damos cuenta y dejamos almas heridas a nuestro paso. <strong>Es f&aacute;cil herir<\/strong>. Casi sin querer, a veces plenamente conscientes.<br \/> &nbsp;<br \/> El da&ntilde;o queda. La bola de cristal se rompe. <strong>&iquest;Podemos detenernos antes cuando la rabia est&aacute; dentro? &iquest;Podemos evitar gritar, herir<\/strong>, tocar? No es tan f&aacute;cil. Es posible.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando la ira entra en el coraz&oacute;n no es sencillo vencerla, dominarla, doblegarla. Nos falta paz.<\/strong> Deseamos una paz que no cree conflictos, que no discrimine, que no condene, que no hiera.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona rezaba:&nbsp;\u201c<em>Dame paz, Se&ntilde;or, dame paz. Para subir a tu lado, para trepar, escalando rocas. Dame las manos que sepan acariciar la vida. Monta&ntilde;as de ternura con las que sembrar el camino. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>No lo s&eacute;, Jes&uacute;s, <strong>&iquest;qu&eacute; hacemos con mi cueva de animales? Tal vez la puedas convertir en un Bel&eacute;n<\/strong>. Me encantar&iacute;a. Pero tengo animales y estoy sucio. Pobre, a veces enfadado, con ira, muchas veces herido. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>D&eacute;jame subir m&aacute;s alto, so&ntilde;ar fuerte, con toda el alma. Dame tu paz, siembra tu paz en mi alma<\/em>\u201d.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Es lo que so&ntilde;amos<strong>. Nos gustar&iacute;a ser pacificadores. Nos gustar&iacute;a no tener ira, ni rabia, ni enfados. Pero<\/strong> s&uacute;bitamente, sin darnos cuenta, nos llenamos de todo lo que no queremos.<br \/> &nbsp;<br \/> El alma se envenena. <strong>Las ofensas se agrandan. Todo nos hace da&ntilde;o.<\/strong> Y no hay nada peor que el mal recibido acabe volvi&eacute;ndonos malos. El mal siempre causa da&ntilde;o. Pero <strong>a veces el mal nos hace malos<\/strong>. Y cuando nos envilecemos, da&ntilde;amos, herimos y rompemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Necesitamos paz. <strong>No una tregua, sino una paz definitiva. Queremos sembrarla con nuestros silencios. &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta callar cuando el coraz&oacute;n est&aacute; enrabietado!<\/strong> Nos ponemos violentos. Perdemos la sonrisa.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;nto bien hace una sonrisa en el momento oportuno, y un silencio humilde, y una mirada de comprensi&oacute;n!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta detener los pasos, volver atr&aacute;s. <strong>A veces ya es demasiado tarde<\/strong>. La bola se rompe en mil pedazos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No queremos mandar m&aacute;s mails incendiarios.<\/strong> Por escrito es bueno s&oacute;lo decir cosas agradables. Las malas mejor cuando estamos cara a cara. Por escrito todo tiene otra forma, un rostro m&aacute;s feo, m&aacute;s fr&iacute;o. La cr&iacute;tica se convierte en ofensa imperdonable.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Antes de contestar guardar silencio<\/strong>.&nbsp;Antes de dar un paso, mejor quedarnos quietos. Necesitamos paz. Nace el pr&iacute;ncipe de la paz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Tantas veces so&ntilde;amos la paz. Tantas veces no la construimos. Duele el alma. Jes&uacute;s es el pr&iacute;ncipe de la paz. Nace en Bel&eacute;n, ciudad de guerras. Nace en medio de odios y violencias. Vuelve a nacer en unos d&iacute;as en los que hemos vivido atentados, muertes de ni&ntilde;os, odios. Duele el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-mas-mails-incendiarios-mas-paz-y-menos-ira\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abNo m\u00e1s mails incendiarios: M\u00e1s paz y menos&nbsp;ira\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30495","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30495","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30495"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30495\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30495"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30495"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30495"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}