{"id":30497,"date":"2016-06-11T01:30:40","date_gmt":"2016-06-11T06:30:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-compensaciones-te-distraen-a-ti\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:40","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:40","slug":"que-compensaciones-te-distraen-a-ti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-compensaciones-te-distraen-a-ti\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 compensaciones te distraen a&nbsp;ti?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El otro d&iacute;a vi una publicidad muy sugerente en un anuncio: &laquo;La Navidad nos desamuebla la cabeza. Nada mejor que el hogar para volv&eacute;rnosla a amoblar&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> En el anuncio unos ni&ntilde;os escrib&iacute;an dos cartas. Una a los Reyes en la que ped&iacute;an muchos deseos materiales: juguetes, maquinitas, ropa, etc. Luego les ped&iacute;an que escribieran una segunda carta a sus padres. En esta carta escrib&iacute;an sus deseos m&aacute;s profundos, los m&aacute;s verdaderos, los que tienen que ver con la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Ellos quer&iacute;an que sus padres tuvieran m&aacute;s tiempo para estar con ellos, jugaran con ellos por las tardes, viajaran menos, perdieran el tiempo a su lado. Al final les preguntan qu&eacute; carta mandar&iacute;an si s&oacute;lo pudieran mandar una de ellas. Todos contestan que la segunda carta, la que iba dirigida a sus padres.<br \/> &nbsp;<br \/> El anuncio es conmovedor. Es cierto. <strong>A veces le damos demasiada importancia a lo material.<\/strong> Vivimos pensando en lo que podemos comprar, en lo que nos hace falta. Si nos preguntan qu&eacute; queremos de regalo podemos pensar una lista de posibles regalos.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos encanta que nos regalen cosas. M&aacute;s a&uacute;n nos gustan las sorpresas. Pero luego, si nos ponemos a pensar, <strong>las cosas m&aacute;s importantes no las pedimos. Si tuvi&eacute;ramos que escribirle una carta a alguna persona a la que queremos mucho, &iquest;qu&eacute; le pedir&iacute;amos? <\/strong>En esos casos no suele estar en juego el dinero, sino m&aacute;s bien el tiempo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Queremos m&aacute;s tiempo con las personas a las que queremos. Y el tiempo es un bien escaso<\/strong>. O, mejor dicho, lo invertimos valorando las prioridades que tomamos en la vida. <strong>En realidad, lo que m&aacute;s valoramos es el amor.<\/strong> Que nos cuiden, que nos traten con delicadeza, que nos busquen, que nos necesiten.<br \/> &nbsp;<br \/> El coraz&oacute;n nunca dice es bastante. Porque <strong>nuestro coraz&oacute;n sue&ntilde;a el infinito<\/strong>. Y <strong>nunca el amor humano nos basta.<\/strong> Necesitamos m&aacute;s, queremos m&aacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Pienso que <strong>estos d&iacute;as de Navidad son una oportunidad para amoblar bien nuestra cabeza. &iquest;Qu&eacute; es lo que realmente nos importa? Jes&uacute;s viene a cambiarnos la vida<\/strong>. Viene a quitarnos cosas, comodidades, satisfacciones, para lograr vaciarnos. Y as&iacute;, una vez vac&iacute;os, estamos en disposici&oacute;n de acogerlo a &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero tenemos que reconocer que nuestra cabeza se desordena f&aacute;cilmente. La envidia, el deseo de tener lo que muchos tienen, las comparaciones que tanto mal nos hacen, el querer tener m&aacute;s para ser m&aacute;s, los ego&iacute;smos, la avaricia, la codicia.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Hay personas superficiales que <strong>buscan satisfacciones en compensaciones y abandonan al Se&ntilde;or. <\/strong>Estoy seco; me falta algo. &iquest;Qu&eacute; es lo que me falta? Tal vez busco una satisfacci&oacute;n que compense ese sentimiento. No hay alegr&iacute;a en m&iacute;. El hecho es que estoy triste. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>La mayor&iacute;a no logra sobreponerse. Y cuando el Se&ntilde;or nos quiere, no suelta. Pero es verdad la frase que dijo San Agust&iacute;n de s&iacute; mismo: <strong>&#8211; Temo que el Se&ntilde;or golpee a menudo y que yo cierre la puerta, o no la abra y me diga: &#8211; T&uacute; ya no me importas. Entonces &Eacute;l ya no viene con sus incitaciones; ya no trabaja conmigo<\/strong><\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos desordenamos cuando nos dejamos llenar por esas peque&ntilde;as compensaciones que no nos llenan<\/strong>, que no sacian la sed m&aacute;s honda, que no responden al deseo verdadero que tiene el coraz&oacute;n. Cuando cerramos la puerta y no dejamos que entre.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No hay posada, decimos. No hay sitio para ti, para tus deseos, para tu vida que cambia la m&iacute;a.<\/strong> Queremos que esta Navidad venga &Eacute;l a poner orden, a vivir en m&iacute;, a traer su luz.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Terciado 1952<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El otro d&iacute;a vi una publicidad muy sugerente en un anuncio: &laquo;La Navidad nos desamuebla la cabeza. Nada mejor que el hogar para volv&eacute;rnosla a amoblar&raquo;. &nbsp; En el anuncio unos ni&ntilde;os escrib&iacute;an dos cartas. Una a los Reyes en la que ped&iacute;an muchos deseos materiales: juguetes, maquinitas, ropa, etc. Luego &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-compensaciones-te-distraen-a-ti\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfQu\u00e9 compensaciones te distraen a&nbsp;ti?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30497","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30497","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30497"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30497\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30497"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30497"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30497"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}