{"id":30503,"date":"2016-06-11T01:30:54","date_gmt":"2016-06-11T06:30:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/quien-soy-y-para-que-estoy-aqui-la-pregunta-mas-personal\/"},"modified":"2016-06-11T01:30:54","modified_gmt":"2016-06-11T06:30:54","slug":"quien-soy-y-para-que-estoy-aqui-la-pregunta-mas-personal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/quien-soy-y-para-que-estoy-aqui-la-pregunta-mas-personal\/","title":{"rendered":"Qui\u00e9n soy y para qu\u00e9 estoy aqu\u00ed, la pregunta m\u00e1s&nbsp;personal"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy el Evangelio comienza con una pregunta central: &laquo;Y le dijeron: &#8211; &iquest;Qui&eacute;n eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, &iquest;qu&eacute; dices de ti mismo?&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Todos queremos saber qui&eacute;nes somos<\/strong>. A veces nos lo preguntamos angustiosamente. Otras veces esperamos que otros nos lo resuelvan. En ocasiones tapamos la pregunta, por miedo, por desgana. Pero en el fondo, a todos nos gustar&iacute;a tener claro qu&eacute; decir de nosotros mismos.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos gustar&iacute;a descubrir cu&aacute;l es el sentido de nuestra vida, cu&aacute;l es nuestro lugar, a qui&eacute;n pertenecemos, cu&aacute;l es el secreto de nuestro coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Se lo preguntan a Juan porque no entienden su vida, lo que hace, lo que dice. Porque no encaja dentro de un molde. No entienden sus signos y quieren encasillarlo para estar tranquilos. &iquest;Cu&aacute;l era su misi&oacute;n verdadera?<br \/> &nbsp;<br \/> El evangelio no habla de un &aacute;ngel que se apareciese a Juan a lo largo de su historia. Ni dice que recibiese de lo alto una se&ntilde;al. La recibieron sus padres. &Eacute;l la recibi&oacute; por sus padres.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces son los otros los que nos muestran qui&eacute;nes somos.<\/strong> Nos hablan del amor de Dios y de la predilecci&oacute;n de Dios por nuestra vida. As&iacute; ocurri&oacute; con Juan. Toda la familia fue depositaria del amor inmenso de Dios por su pueblo. Zacar&iacute;as, Juan e Isabel.<br \/> &nbsp;<br \/> Pienso en la unidad entre ellos, en su complicidad, anim&aacute;ndose, sosteni&eacute;ndose mutuamente cuando quiz&aacute;s su esperanza pod&iacute;a verse defraudada. Creyeron cuando pasaban los d&iacute;as y no ocurr&iacute;a nada. Le contar&iacute;an a Juan muchas veces la visita del &aacute;ngel a Zacar&iacute;as.<br \/> &nbsp;<br \/> Los meses del embarazo en los que su padre permaneci&oacute; mudo. La visita de Mar&iacute;a embarazada y su salto de alegr&iacute;a al notar la presencia del Se&ntilde;or. La admiraci&oacute;n de Isabel ante esa mujer llena de fe que sali&oacute; de su tierra s&oacute;lo para ayudarlos, sin pensar en s&iacute; misma.<br \/> &nbsp;<br \/> J<strong>uan crey&oacute; en sus padres<\/strong>, en Zacar&iacute;as y en Isabel y renunci&oacute; a buscar su propio camino y abraz&oacute; como suyo el camino que Dios le hab&iacute;a insinuado. <strong>Pero, &iquest;c&oacute;mo saber bien el camino?<\/strong> &iquest;C&oacute;mo descifrar la senda a seguir? <strong>Juan tuvo que ir al desierto<\/strong>. Buscar en la soledad.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tantas veces nosotros buscamos nuestra misi&oacute;n.<\/strong> Damos tumbos buscando un lugar ideal en el que ser plenos y alcanzar la paz. Nos identificamos con unos y con otros. Pero todos queremos saber bien nuestra originalidad, nuestro aporte, lo que somos, lo que nuestra vida logra.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces buscamos un lugar que s&oacute;lo existe en nuestros sue&ntilde;os y fantas&iacute;as<\/strong>. Un lugar diferente al que tenemos. Una historia novelada sobre nuestra vida. Pero no es real. Y se nos olvida que ese lugar querido por Dios es nuestra propia vida tal y como es hoy.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La felicidad consiste en hacer de nuestra vida nuestro propio camino de plenitud<\/strong>. Juan nos muestra c&oacute;mo hacerlo. &Eacute;l busc&oacute; en el desierto y encontr&oacute; el sentido de su vida junto al Jord&aacute;n. Su actitud nos ense&ntilde;a c&oacute;mo se puede <strong>vivir d&aacute;ndolo todo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos ense&ntilde;a su amor obediente. La humildad de ser hijo y dejar paso siempre a Dios. Nos ense&ntilde;a a esperar en Adviento, a hacer que la vida sea un Adviento continuo, buscando, esperando, anhelando, no conform&aacute;ndonos con lo que tenemos, <strong>deseando siempre m&aacute;s<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos ense&ntilde;a el camino para hacernos peque&ntilde;os dejando paso al &uacute;nico que salva. Al &uacute;nico que calma. Al &uacute;nico que consuela. Nos ense&ntilde;a a no creernos nada. Juan esper&oacute; ayudando a otros a esperar; se prepar&oacute; ayudando a que otros se prepararan.<br \/> &nbsp;<br \/> Juan se convierte en precursor, en preparador de caminos. Da paso a otro m&aacute;s importante, a Aquel al que todos esperan. Juan s&oacute;lo es el precursor: &laquo;<em>Juan les respondi&oacute;: &#8211; Yo no soy el Mes&iacute;as. Le preguntaron: &#8211; Entonces, &iquest;qu&eacute;? &iquest;Eres t&uacute; El&iacute;as? El dijo: &#8211; No lo soy. &#8211; &iquest;Eres t&uacute; el Profeta? Respondi&oacute;: &#8211; No. Yo soy la voz que grita en el desierto: &#8211; Allanad el camino del Se&ntilde;or. Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conoc&eacute;is, el que viene detr&aacute;s de m&iacute;, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia<\/em><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> No es digno. No puede ni desatarle las sandalias. Es el que anuncia, el que grita en el silencio del desierto. El que denuncia, el profeta que ve m&aacute;s all&aacute; de lo que otros ven. Quiz&aacute;s a veces no supo c&oacute;mo preparar el camino al Se&ntilde;or, c&oacute;mo indicar su senda.<br \/> &nbsp;<br \/> Los caminos de Jes&uacute;s y de Juan fueron muy distintos. Hubo dos desiertos. El desierto de Juan ocurri&oacute; antes de llegar al Jord&aacute;n. All&iacute; busc&oacute; el querer de Dios. All&iacute; se hizo ni&ntilde;o, pobre, no se busc&oacute; a s&iacute; mismo, <strong>busc&oacute; a Dios en su vida<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Se adentr&oacute; en los misterios de su propia alma. Con miedos, con dudas<\/strong>, con tantas preguntas. Se hizo peque&ntilde;o y comprendi&oacute; que <strong>&eacute;l era s&oacute;lo la voz. Jes&uacute;s era la palabra. <\/strong>Aprendi&oacute; a negarse a s&iacute; mismo, a renunciar a sus derechos. All&iacute;, en la soledad del <strong>desierto<\/strong>, buscando su propio rostro en el coraz&oacute;n de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> El desierto de Jes&uacute;s fue de cuarenta d&iacute;as con sus noches previo al comienzo de su vida p&uacute;blica. Sucedi&oacute; todo despu&eacute;s de haber sido bautizado en el Jord&aacute;n. Jes&uacute;s quiso descifrar el camino y se enfrent&oacute; a las grandes tentaciones de su vida en el desierto.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute; se encontr&oacute; con su Padre, en el <strong>silencio<\/strong>. All&iacute; se llen&oacute; de la fuerza de Dios para emprender un nuevo camino. <strong>El Adviento y la Cuaresma est&aacute;n marcados por el desierto. Por la soledad y la b&uacute;squeda. <\/strong>En el desierto nos encontramos con nuestras p&eacute;rdidas y elecciones.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Juan y Jes&uacute;s siguieron caminos muy diferentes pero los dos necesitaron el desierto<\/strong>. Sin ese desierto tal vez no hubieran entendido su vida. Se abandonaron en Dios. Se confiaron en su coraz&oacute;n misericordioso.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En el desierto se hizo luz en sus almas. Comprendieron, comenzaron a vivir la vida que Dios hab&iacute;a so&ntilde;ado para ellos<\/strong>. Jes&uacute;s empez&oacute; su camino y comparti&oacute; la vida de los hombres tal como era. Se hizo uno de ellos. Com&iacute;a con los hombres, con los pecadores. Viv&iacute;a con ellos.<br \/> &nbsp;<br \/> Juan comprendi&oacute; que su vida comenzaba y acababa en el Jord&aacute;n, junto a un r&iacute;o. All&iacute; se encontr&oacute; con Dios, predicando el perd&oacute;n de los pecados, invitando a la conversi&oacute;n, visti&eacute;ndose con pieles, comiendo miel y frutos silvestres.<br \/> &nbsp;<br \/> Juan tuvo sus disc&iacute;pulos, aquellos que buscaban como &eacute;l la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n. Ellos querr&iacute;an cambiar de vida y sab&iacute;an que ten&iacute;an que desprenderse de todo lo que les sobraba. Se ataron a Juan, comprendieron su mensaje.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s pas&oacute; entre los hombres perdonando con su mirada, con sus manos, con su infinita misericordia, con su palabra. <strong>Rompi&oacute; tambi&eacute;n los esquemas<\/strong> de su pueblo. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a perdonar pecados aqu&eacute;l que era s&oacute;lo un hombre? Son las aparentes paradojas de Dios. &Eacute;l siempre desborda nuestras expectativas.<br \/> &nbsp;<br \/> Juan vio que su vida concluir&iacute;a cuando pudiera se&ntilde;alar al cordero de Dios en medio de los hombres. Cuando lo hizo, cuando dej&oacute; ir a sus propios disc&iacute;pulos siguiendo las huellas del maestro, una cierta nostalgia inundar&iacute;a su coraz&oacute;n. &iquest;No pod&iacute;a &eacute;l seguir al maestro?<br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros mismos no lo comprendemos. Juan era s&oacute;lo el precursor. Un signo de la misericordia de Dios. Un se&ntilde;alizador lleno de luz en medio del camino. <strong>Juan hizo suyo el querer de Dios y asumi&oacute; la carga de la misi&oacute;n. Estaba all&iacute; para permanecer oculto<\/strong>, para enterrar su vida para siempre en las aguas del Jord&aacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> No ten&iacute;a que tener miedo. <strong>Su vida ten&iacute;a sentido<\/strong>. Un sentido inmenso y poderoso. &iquest;Puede haber algo m&aacute;s importante que ser la luz que se&ntilde;ala la presencia de Dios? &iquest;Qui&eacute;n era Juan? La voz, la luz, la esperanza. El hombre m&aacute;s fiel y noble. El hijo confiado y atento.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me ha conmovido Juan. Su soledad, su abandono. Su grito desde la c&aacute;rcel. S&oacute;lo quiere saber si su vida ha tenido sentido. &iquest;<strong>Una vida oculta tiene sentido?<\/strong> A veces el mundo nos hace pensar que no. Que s&oacute;lo vale lo que se ve. Que s&oacute;lo el que ocupa los primeros lugares es el que vale. El que tiene &eacute;xito, el que triunfa. El director general, el presidente.<br \/> &nbsp;<br \/> Juan es el antih&eacute;roe de las pel&iacute;culas. El no reconocido. Aquel al que nadie sigue. Solo en la c&aacute;rcel. Pero feliz, porque ya no ten&iacute;a que seguir esperando. Juan reconoci&oacute; a Jes&uacute;s. Era <strong>pobre de s&iacute; mismo<\/strong>, no se buscaba, no quer&iacute;a los primeros lugares.<br \/> &nbsp;<br \/> En el desierto, en su coraz&oacute;n anhelante, su luz no se confundi&oacute; con otras luces, con otros focos. No quer&iacute;a protagonismo, no era nada. Aprendi&oacute; a vivir oculto, en un segundo plano, esperando. Por fin su vida pudo concluir. Sus ojos hab&iacute;an visto al Salvador. <strong>No fue disc&iacute;pulo de Cristo, pero fue su precursor.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy el Evangelio comienza con una pregunta central: &laquo;Y le dijeron: &#8211; &iquest;Qui&eacute;n eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, &iquest;qu&eacute; dices de ti mismo?&raquo;. &nbsp;Todos queremos saber qui&eacute;nes somos. A veces nos lo preguntamos angustiosamente. Otras veces esperamos que otros nos lo resuelvan. En &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/quien-soy-y-para-que-estoy-aqui-la-pregunta-mas-personal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abQui\u00e9n soy y para qu\u00e9 estoy aqu\u00ed, la pregunta m\u00e1s&nbsp;personal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30503","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30503","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30503"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30503\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30503"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30503"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30503"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}