{"id":30524,"date":"2016-06-11T01:31:42","date_gmt":"2016-06-11T06:31:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-hace-falte-impresionar-a-dios\/"},"modified":"2016-06-11T01:31:42","modified_gmt":"2016-06-11T06:31:42","slug":"no-hace-falte-impresionar-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-hace-falte-impresionar-a-dios\/","title":{"rendered":"No hace falte impresionar a&nbsp;Dios"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Somos hijos de la misericordia<\/strong>. Somos amados por un Dios personal que se detiene ante nuestra indigencia. <strong>Nos empe&ntilde;amos tantas veces en mostrarle a Dios nuestros talentos<\/strong>, lo bien que hacemos las cosas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pretendemos justificar su amor con nuestras obras<\/strong>. Nos esforzamos por alcanzar las cumbres con nuestro esfuerzo. Pero todos, al final, en mayor o en menor medida, experimentamos la fragilidad. En esos momentos s&oacute;lo nos queda asirnos al amor misericordioso de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Kentenich: \u201cCultivemos la nobleza de nuestros sentimientos, <strong>cultivemos la gratitud repasando d&iacute;a y noche los dones que Dios nos ha hecho,<\/strong> \u2018nadando\u2019 en el mar de sus misericordias. Es muy importante hacerlo, ya que seremos ni&ntilde;os en la medida en que nos sepamos amados<a name=\"149d30234958638d__ftnref2\">\u201d<\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftn2\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Seremos ni&ntilde;os cuando aprendamos a mirar su amor que nos busca<\/strong>. Cuando aprendamos a descubrir su cuidado. Cuando no nos damos cuenta. Cuando caemos y nos levantamos porque su mano nos sostiene.<br \/> &nbsp;<br \/> Somos ni&ntilde;os cuando experimentamos ese amor inmerecido. La gracia de su amor. En esos momentos podemos confiar de forma definitiva. Porque un amor as&iacute; nunca se desentiende de mis pasos.<br \/> &nbsp;<br \/> El ni&ntilde;o nunca duda del amor de su padre. Lo acoge, se alegra y abraza su deseo. Pero a veces nos olvidamos, como dec&iacute;a el Padre Kentenich: \u201cA veces no avanzamos en nuestra vida espiritual porque no tenemos el impulso hacia el infinito.<br \/> &nbsp;<br \/> Y no lo tenemos porque estamos <strong>demasiado llenos de nosotros<\/strong>, esperamos demasiado de nosotros mismos. Dios tiene una debilidad: no puede resistirse a la debilidad conocida y reconocida de sus hijos<a name=\"149d30234958638d__ftnref3\">\u201d<\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftn3\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos cuesta reconocernos d&eacute;biles<\/strong>, asumir nuestros errores, besar las heridas. Nos cuesta volver la mirada a Dios y pedir ayuda. En general nos cuesta pedir ayuda. Nos aferramos a nuestro poder. Creemos que podemos hacerlo todo solos. Y no podemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Vamos por la vida exigiendo el pago por lo que realizamos. <strong>Nos sentimos peque&ntilde;os al caer. Pero luego culpamos a los otros, las circunstancias, a Dios y a la mala suerte. No levantamos la mirada suplicante a Dios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros no somos muchas veces signos de la misericordia de Dios porque no hemos palpado la misericordia de Dios y de los hombres en nuestra vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Pensamos que lo que tenemos es merecido, fruto de nuestro esfuerzo y capacidad. No miramos nuestra vida con humildad. Entonces es dif&iacute;cil mirar con misericordia.<br \/> &nbsp;<br \/> Y adem&aacute;s, cuando recibimos un regalo, un don, pensamos que no lo merecemos. Y es verdad, <strong>los regalos son gracia, no los merecemos nunca<\/strong>. La verdad es que no encarnamos esa imagen del buen pastor que tanto valoramos.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona rezaba: \u201cEsa incapacidad que tengo de misericordia, de ver que me es imposible mirar con tu mirada, porque soy peque&ntilde;a, no lo s&eacute;. Quiero comprender, quiero querer, quiero no herir, quiero olvidar y entregar y no puedo ser lo que anhelo\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Es este el dolor que brota cuando no somos capaces de amar con un amor misericordioso. Nos duele juzgar y no amar. <strong>Nos duele condenar y alejar a los que sufren. No miramos con misericordia<\/strong><a name=\"149d30234958638d__GoBack\"><\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No tenemos el amor de Dios en nuestros gestos<\/strong>. Ese amor que se abaja y levanta al que ha ca&iacute;do, que cree de nuevo en el que nos ofende, que vuelve a confiar en aquel que nos ha fallado. Esa misericordia es una gracia de Dios que suplicamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos ser imagen del buen pastor. Queremos vivir anclados en su coraz&oacute;n de padre. Pero <strong>nos falta humildad<\/strong>. La humildad de aquel que ha vivido el fracaso, no ha llegado a la cima y se ha sabido amado profundamente por Dios en sus ca&iacute;das.<br \/> &nbsp;<br \/> La mirada de aquel que no est&aacute; orgulloso de sus haza&ntilde;as. Que no ha realizado una gran gesta, que no ha levantado los brazos en se&ntilde;al de victoria. Pero vive<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>feliz porque ve en su vida m&aacute;s la mano de Dios que la propia. <\/strong>No se vanagloria de sus &eacute;xitos sino que los mira sorprendido.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la actitud de aquel que ha ido y ha vuelto, que ha besado el triunfo y ha vuelto a empezar. Sin creerse importante, sin pensar que todo es fruto de su entrega generosa. Mirar con misericordia es lo propio de los hijos de la misericordia. Aquellos que han palpado a Dios caminando a su lado, sanando las heridas.<br \/> &nbsp;<br \/> Nuestra misi&oacute;n es la realizaci&oacute;n del reino de Cristo aqu&iacute; en la tierra. &Eacute;l reina. Est&aacute; llamado a reinar en todos, en toda la tierra. Y su reinado es un reinado pobre y humilde. Un reino de servicio, de paz, de justicia, de libertad.<br \/> &nbsp;<br \/> Me gusta pensar en la forma de reinar que tiene Dios. El poder lo buscamos desde que somos ni&ntilde;os. <strong>Queremos tener poder<\/strong>. Queremos tener dominio sobre la vida. <strong>Nos gusta mandar y que nos sirvan<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pero el poder de Cristo es anonadamiento<\/strong>. Es humillaci&oacute;n, abajamiento. Es pobreza y humildad. Es sencillez y silencio. No hay gritos, <strong>no hay violencia donde &Eacute;l reina. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: \u201cDebemos creer en el Reino de Dios, en su realizaci&oacute;n en el cielo. Sin embargo, &iquest;no tenemos tambi&eacute;n la tarea de ayudar en la edificaci&oacute;n, en la constituci&oacute;n del Reino de Dios, de la Ciudad ideal, ya aqu&iacute; en la tierra, con la ayuda de todas nuestras fuerzas, incluso en estos tiempos dif&iacute;ciles que atravesamos?<a name=\"149d30234958638d__ftnref4\">\u201d<\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftn4\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El reino de Dios se construye sobre varios pilares: la verdad, la justicia, la paz, el amor<\/strong>. Pero todos ellos conducen a una experiencia com&uacute;n con la que comienza todo, <strong>la experiencia del ni&ntilde;o que conf&iacute;a<\/strong>, que se abandona, porque se sabe amado por el pastor.<br \/> &nbsp;<br \/> En este mundo reina la soberbia, la apariencia, la mentira, el odio, la violencia. Es un reino en el que el poder lo tiene el que m&aacute;s posee, el que m&aacute;s triunfa. Un reino en el que el &eacute;xito es lo &uacute;nico que merece la pena. Un mundo en el que uno puede vender incluso el alma con tal de tener lo que desea.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Qu&eacute; deseamos? En este mundo el deseo es el que gobierna.<\/strong> Lo que yo deseo manda. Si no lo obtengo de forma inmediata experimento la frustraci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Y el hombre de hoy tiene <strong>muy poca tolerancia a la frustraci&oacute;n<\/strong>. Est&aacute; acostumbrado a tener lo que desea, a alcanzar la meta programada, a realizar lo que sue&ntilde;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Se olvida de lo importante: \u201cEl &eacute;xito de la vida no est&aacute; en vencer siempre, sino en no darse por vencido nunca\u201d. Porque los &eacute;xitos son pasajeros. Y los fracasos tambi&eacute;n lo son. Todo pasa, la vida sigue.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta vivir con temor a perder: \u201cMe da miedo perder lo que tengo. P&aacute;nico a esa soledad en la que duele el viento, en la que la calma se convierte en inquietud. Quiero abrazarte, Se&ntilde;or, para no sentir el miedo\u201d. El miedo a perder, a no lograr, a no estar a la altura.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><a name=\"149d30234958638d__ftn2\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftnref2\" title=\"\">[1]<\/a>&nbsp;J. Kentenich,&nbsp;Ni&ntilde;os ante Dios<br \/><a name=\"149d30234958638d__ftn3\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftnref3\" title=\"\">[2]<\/a>&nbsp;J. Kentenich,&nbsp;Las fuentes de la alegr&iacute;a<br \/><a name=\"149d30234958638d__ftn4\"><\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftnref4\" title=\"\">[3]<\/a>&nbsp;J. Kentenich,&nbsp;Las fuentes de la alegr&iacute;a<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Somos hijos de la misericordia. Somos amados por un Dios personal que se detiene ante nuestra indigencia. Nos empe&ntilde;amos tantas veces en mostrarle a Dios nuestros talentos, lo bien que hacemos las cosas. &nbsp;Pretendemos justificar su amor con nuestras obras. Nos esforzamos por alcanzar las cumbres con nuestro esfuerzo. 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