{"id":30528,"date":"2016-06-11T01:31:53","date_gmt":"2016-06-11T06:31:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/yo-no-busco-ser-como-todo-el-mundo\/"},"modified":"2016-06-11T01:31:53","modified_gmt":"2016-06-11T06:31:53","slug":"yo-no-busco-ser-como-todo-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/yo-no-busco-ser-como-todo-el-mundo\/","title":{"rendered":"Yo no busco ser como todo el&nbsp;mundo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Jes&uacute;s comenz&oacute; su vida p&uacute;blica sin querer ser noticia. Pero <strong>s&uacute;bitamente sus gestos fueron noticia. Porque su amor amenazaba con desestabilizar la realidad<\/strong>, la vida de los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/> Se tem&iacute;a el contagio de ese hombre peligroso que pod&iacute;a cambiar los corazones. Es <strong>el mayor temor del hombre<\/strong>. Que alguien pueda cambiar a otros con sus palabras. Que alguien pueda liberar las conciencias y mostrar un camino nuevo.<br \/> &nbsp;<br \/> El amor es contagioso. <strong>El bien se contagia. Y ese bien puede desestabilizar el orden<\/strong> que todo lo asegura. Jes&uacute;s fue profeta. Y los profetas siempre han tenido suerte de profeta. Han sido perseguidos por sus palabras y sus gestos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando alguien sigue a Dios hasta el extremo empieza a ser noticia. A veces los cristianos no somos noticia porque nos confundimos en medio de la masa<\/strong>. No somos fermento, no somos vida nueva.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos adaptamos a los hombres, <strong>nos hacemos del mundo y perdemos la originalidad<\/strong>. El fundamento de nuestra vida se diluye, Cristo pierde fuerza en m&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos ser semilla de un reino nuevo. S&iacute;. Hace falta ese reino que cambie el mundo. Pero <strong>para cambiar el mundo que nos rodea, tenemos que cambiar nosotros.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Ha concluido nuestro a&ntilde;o jubilar en la familia de Schoenstatt. Ha sido un a&ntilde;o de gracias. Comienza ahora un nuevo a&ntilde;o, un nuevo siglo de historia.<br \/> &nbsp;<br \/> Salimos de nuestra comodidad despu&eacute;s de mirar con alegr&iacute;a tantos regalos que nos ha deparado este a&ntilde;o. <strong>Nos maravillamos de lo que Mar&iacute;a puede hacer con nosotros cuando nos dejamos modelar<\/strong> en sus manos.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a una persona: \u201c<em>Ha sido tocar a Mar&iacute;a y dejar que me toque. Mirarla y que me mire. Volver a ser ni&ntilde;a, como cuando era peque&ntilde;a y no entend&iacute;a nada pero estaba feliz. He sentido que mi camino, mi historia, mi vida, se deten&iacute;an ah&iacute;, me llevaban a ese valle escondido entre monta&ntilde;as y rodeado de bosques de todos los colores. All&iacute; dos r&iacute;os se un&iacute;an hacia el mar<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute;, en ese valle oculto entre monta&ntilde;as, ese valle perdido de Alemania, hemos tocado a Mar&iacute;a. En esa peque&ntilde;a capillita en la que siempre de nuevo la historia vuelve a comenzar. All&iacute; donde un hombre so&ntilde;&oacute;, y unos j&oacute;venes confiaron.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute; donde siempre el coraz&oacute;n joven vuelve a encenderse. Hemos agradecido, nos hemos encendido. <strong>No queremos que se apague la llama del coraz&oacute;n<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hace tiempo una persona me comentaba con sorna: \u201c<strong>Por fin muri&oacute; el hombre viejo que llevo dentro. Pero lamentablemente al tercer d&iacute;a resucit&oacute;<\/strong>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos da miedo olvidarnos de lo vivido y que se extinga nuestro fuego. Dejar que todo lo que ha encendido el alma se apague r&aacute;pidamente.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dios est&aacute; escondido en el hombre, oculto en &eacute;l. Esta afirmaci&oacute;n sorprende. A nosotros tambi&eacute;n nos sucede que queremos amar a Dios y nos olvidamos del que est&aacute; a nuestro lado.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios me llama en el otro<\/strong>. Me espera en el otro. Me necesita en el otro. Especialmente en el m&aacute;s necesitado.<br \/> &nbsp;<br \/> &Eacute;l es tan cercano que al tocar a un hombre herido lo tocamos a &Eacute;l. Damos de beber y calmamos su sed. Vestimos al desnudo y es a &Eacute;l a quien vestimos. Visitamos al enfermo y est&aacute; &Eacute;l all&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Qu&eacute; sencillo parece! No es tan sencillo. Pero s&iacute; es el sentido de la vida. <strong>Caminar hacia el cielo cuid&aacute;ndonos los unos a los otros.<\/strong> &iexcl;Qu&eacute; humano es! Cuando hacemos el bien se lo hacemos a &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre pienso que <strong>al hacer el bien no pensamos tanto que est&aacute; Cristo ah&iacute;. Y lo est&aacute;.<\/strong> Est&aacute; oculto en el pobre, en el rechazado. Oculto en el que es despreciado. <strong>&iquest;Por qui&eacute;n hacemos las cosas? <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Muchas personas que no creen hacen mucho bien. Socorren al desvalido, levantan al ca&iacute;do. Pero no ven a Cristo en el que sufre. &Eacute;l est&aacute; all&iacute;. Tanto cuando hacemos el bien como cuando omitimos la misericordia o practicamos el mal.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute; est&aacute; &Eacute;l. Sufriendo, alegr&aacute;ndose. &Eacute;l siendo levantado, curado. <strong>Olvidado, abandonado. All&iacute; est&aacute; esperando nuestro amor<\/strong>, nuestra mirada, nuestras manos.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero, &iexcl;qu&eacute; dif&iacute;cil muchas veces tocar el amor de Dios y ver a Dios en el hombre! <strong>&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil sentir su presencia!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: \u201cYo, pobre creatura; yo, una nada; yo, creatura pecadora, &iquest;c&oacute;mo me siento en la presencia del Dios poderoso y puro? Yo me alegro, Oh Dios, porque eres tan puro, tan grande, mientras justamente, por mi miseria, tu grandeza es exaltada<a name=\"149d30234958638d__ftnref1\">\u201d<\/a><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149d30234958638d__ftn1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Es una gracia que <strong>pedimos. Experimentar su amor predilecto por m&iacute;, por mi miseria.<\/strong> Tan pobre, tan baja. Que nos muestre su misericordia. Es el pastor bueno que nos regala su amor misericordioso.&nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Jes&uacute;s comenz&oacute; su vida p&uacute;blica sin querer ser noticia. Pero s&uacute;bitamente sus gestos fueron noticia. Porque su amor amenazaba con desestabilizar la realidad, la vida de los hombres. &nbsp; Se tem&iacute;a el contagio de ese hombre peligroso que pod&iacute;a cambiar los corazones. Es el mayor temor del hombre. 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