{"id":30532,"date":"2016-06-11T01:32:00","date_gmt":"2016-06-11T06:32:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/asi-se-cambia-el-mundo\/"},"modified":"2016-06-11T01:32:00","modified_gmt":"2016-06-11T06:32:00","slug":"asi-se-cambia-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/asi-se-cambia-el-mundo\/","title":{"rendered":"As\u00ed se cambia el&nbsp;mundo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El ego&iacute;smo puede ser contagioso<\/strong>. Una sociedad ego&iacute;sta forma hombres ego&iacute;stas. No quiero vivir en un mundo ego&iacute;sta. Pero <strong>a veces nosotros contagiamos ese ego&iacute;smo. Hacemos las cosas cuando reportan utilidad. <\/strong>Cuando son un bien, cuando nos traen beneficios.<br \/> &nbsp;<br \/> Quisi&eacute;ramos un mundo distinto. <strong>Vemos la realidad y nos gustar&iacute;a cambiarla. Nosotros s&iacute; podemos. Pero tal vez no nosotros solos. Dios en nosotros<\/strong>. Su amor en nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> El bien es contagioso. <strong>El amor de Dios se contagia por envidia. Transforma la realidad<\/strong>, la hace distinta. El cristianismo siempre se ha contagiado por envidia.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Y la sangre de los que entregaron la vida ha sido semilla de nuevos cristianos. No la sangre de los que se guardaron hasta el final <\/strong>de sus vidas. No la sangre de los que temieron tanto la muerte que no arriesgaron nunca el talento recibido. No. Su sangre no es fecunda.<br \/> &nbsp;<br \/> Es precisamente fecunda la sangre derramada por amor. <strong>La vida expuesta es la que nos resulta atractiva. <\/strong>Porque esa actitud ante la vida no se improvisa, no es una pose. Somos as&iacute; o no lo somos. <strong>Arriesgamos la vida porque creemos que es nuestra misi&oacute;n o permanecemos acomodados. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> No<strong>, el martirio no se improvisa<\/strong>. Muchos murieron por ser cristianos, pero no todos fueron m&aacute;rtires. Eso se lleva en la sangre, se educa en el coraz&oacute;n de Cristo. En definitiva, el cristianismo se contagia por envidia.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque <strong>queremos lo que vemos en otros. Su forma de vivir y amar. Su confianza ante el riesgo. Su generosidad sin l&iacute;mites. Su paz en medio de la tempestad. Su alegr&iacute;a honda<\/strong>. No fruto de las circunstancias, tantas veces adversas. No, una alegr&iacute;a de Dios, enterrada en el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> La vida es breve. &iquest;Qu&eacute; queremos hacer con nuestra vida? Se vive s&oacute;lo una vez. <strong>El que vive por algo grande, so&ntilde;ando con algo grande, acaba muriendo con sentido<\/strong>. Con un sentido muy concreto. Dar, arriesgar, so&ntilde;ar sin miedo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tendemos con frecuencia a preguntarnos c&oacute;mo estamos, c&oacute;mo nos sentimos<\/strong>. Nos gustar&iacute;a saber con certeza lo que nos pasa y la soluci&oacute;n que hemos encontrado a nuestra vida, a nuestros problemas. Vivimos girando casi <strong>obsesivamente en torno a nuestro yo<\/strong>. Centrados en nuestras preocupaciones y miedos, en nuestras alegr&iacute;as y pasiones.<br \/> &nbsp;<br \/> Y as&iacute; <strong>perdemos tantas veces la fuerza<\/strong>, la vida. <strong>Es necesario cambiar la mirada<\/strong>. Es necesario emprender un nuevo camino. El Padre Jos&eacute; Kentenich nos lo recuerda: &laquo;<em>El criterio de mi crecimiento es entonces este: &#8211; <strong>&iquest;Hasta qu&eacute; punto me he olvidado de m&iacute; mismo?<\/strong> Esto deben tenerlo presente al dirigir las almas. La conciencia de que Dios me quiere es algo que el alma quisiera saber. En estos casos y situaciones, la pregunta no es: &#8211; &iquest;Me quiere?, sino solamente esta otra: &#8211; S&iacute;, &Eacute;l me quiere; pero, &iquest;me olvido yo de m&iacute; mismo?&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\"><strong>[1]<\/strong><\/a>. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/> Vivimos centrados o descentrados. <strong>Volcados hacia los otros o hacia nosotros. Mir&aacute;ndonos en nuestro peque&ntilde;o mundo o mirando la realidad.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;C&oacute;mo es de grande mi mundo? Dec&iacute;a el Papa Francisco de s&iacute; mismo, cuando le preguntaban qu&eacute; hac&iacute;a para mirar la vida con alegr&iacute;a en estos momentos dif&iacute;ciles: &laquo;<em>Me ayuda no mirar las cosas desde el centro. Cuando se va encerrando en el peque&ntilde;o mundito no se capta el todo<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Mi peque&ntilde;o mundito. &iquest;Cu&aacute;l ese mundito? A veces nos encerramos en lo que nos hace falta. <strong>El mundo se limita a nuestros miedos e intereses. Desaparece de nuestra vida ese mundo amplio en el que el hombre sufre. <\/strong>En el que la vida es compleja y delicada. En el que las cosas no son f&aacute;ciles. Porque hay muerte, enfermedad, dolor.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El mundo de los hombres heridos, nuestro propio mundo<\/strong>. El mundo de las almas solitarias que sufren la soledad. El mundo de la amargura y el rencor, de la violencia y el odio. S&iacute;,<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>ese mundo que se abre al abrir la puerta del coraz&oacute;n. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>El mundo del dolor sin sentido<\/strong>. De la desesperanza, de la pobreza. S&iacute;, <strong>el mundo que comienza en el coraz&oacute;n del otro. All&iacute; donde no me atrevo tantas veces a mirar por miedo a involucrarme demasiado.<\/strong> Donde no soy capaz de resolver los problemas y sufro por mi impotencia.<br \/> &nbsp;<br \/> El hombre al que no puedo salvar, porque, como tambi&eacute;n dec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>Nosotros no somos salvadores de nadie. Somos transmisores de alguien que nos salv&oacute; a todos. Y eso solamente lo podemos transmitir si asumimos en nuestra vida, en nuestra carne, en nuestra historia, la vida de ese alguien que se llama Jes&uacute;s. O sea, <strong>testimonio<\/strong><\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> No somos nosotros los que salvamos con nuestro poder. M&aacute;s bien somos salvados, levantados, redimidos. <strong>No salvamos a nadie. S&oacute;lo nos adherimos a Aquel que nos salva<\/strong>. Y llevando a Cristo, &Eacute;l salva a muchos. &Eacute;l es el centro y sentido de nuestra existencia, al amor infinito que colma nuestra sed de infinito.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Terciado 1952<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El ego&iacute;smo puede ser contagioso. Una sociedad ego&iacute;sta forma hombres ego&iacute;stas. No quiero vivir en un mundo ego&iacute;sta. Pero a veces nosotros contagiamos ese ego&iacute;smo. Hacemos las cosas cuando reportan utilidad. Cuando son un bien, cuando nos traen beneficios. &nbsp; Quisi&eacute;ramos un mundo distinto. 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