{"id":30537,"date":"2016-06-11T01:32:10","date_gmt":"2016-06-11T06:32:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-claves-para-no-criticar-a-los-demas-autoeducacion-y-desapego\/"},"modified":"2016-06-11T01:32:10","modified_gmt":"2016-06-11T06:32:10","slug":"las-claves-para-no-criticar-a-los-demas-autoeducacion-y-desapego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-claves-para-no-criticar-a-los-demas-autoeducacion-y-desapego\/","title":{"rendered":"Las claves para no criticar a los dem\u00e1s: Autoeducaci\u00f3n y&nbsp;desapego"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Queremos ser mejores.&nbsp;<strong>Queremos autoeducarnos en las manos de Mar&iacute;a<\/strong>. Dec&iacute;a la madre Teresa de Calcuta: \u201c<strong>Quien dedica su tiempo a mejorarse a s&iacute; mismo, no tiene tiempo para criticar a los dem&aacute;s\u201d<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Ahondamos en nuestra vida interior y as&iacute; vamos mejorando. Somos morada del Dios vivo, del Dios personal que nos ama y as&iacute; no caemos en esa cr&iacute;tica de los dem&aacute;s que tanto mal nos hace.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a san Pablo, \u201cNos pas&aacute;bamos la vida fastidiando y comidos de envidia, &eacute;ramos insoportables y nos odi&aacute;bamos unos a otros\u201d Tito 3, 1-7. No queremos ser as&iacute;. Queremos ahondar,&nbsp;<strong>profundizar en nuestro mundo interior<\/strong>. Ese mundo tantas veces temido y desconocido.<br \/> &nbsp;<br \/> Y al ahondar as&iacute; en nuestra vida podremos entonces ahondar y acercarnos al misterio de los otros,&nbsp;<strong>sin caer en la cr&iacute;tica. Porque en el alma del otro, tambi&eacute;n habita Dios. All&iacute; en lo m&aacute;s hondo se esconde su verdad<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Debo&nbsp;<strong>descalzarme ante la puerta de su alma<\/strong>&nbsp;igual que Dios se descalza para entrar en la m&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s sab&iacute;a mirar as&iacute; el interior del alma de las personas, su propia alma, con su lupa. <strong>No se dejaba impresionar por las categor&iacute;as humanas, por la fachada superficial,<\/strong> miraba el alma del otro, la del publicano, la de la samaritana, la de la mujer ad&uacute;ltera, la del Buen ladr&oacute;n arrepentido, la de Pedro que lloraba.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Su mirada no se quedaba nunca en lo de fuera<\/strong>, en la apariencia. Iba m&aacute;s adentro. <strong>As&iacute; pudo devolver la dignidad a muchos que pensaban que Dios no quer&iacute;a nada con ellos.<\/strong> Porque eso era mentira.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios s&iacute; que quiere habitar en todos<\/strong>. Ojal&aacute; podamos consagrar siempre nuestro coraz&oacute;n a Dios, <strong>pertenecerle a &Eacute;l por entero. Hasta lo m&aacute;s profundo<\/strong>. Con nuestros sentimientos y pensamientos, <strong>con nuestra vida y las personas que hay en &eacute;l<\/strong>, con sus valles y sus montes, sus heridas y sus r&iacute;os.<br \/> &nbsp;<br \/> Tenemos mucha <strong>necesidad de ser valorados y reconocidos<\/strong> en nuestra verdad. Hace poco dec&iacute;a un deportista: &laquo;Quiero ser el mejor de siempre&raquo;. Y yo pensaba, &iexcl;qu&eacute; curioso que alguien quiera ser el mejor de toda la historia en algo!<br \/> &nbsp;<br \/> Pero luego comprend&iacute; que lo cierto es que mucha gente quiere ser la mejor en lo que hace, la mejor de toda la historia. No es entonces tan curioso.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El deseo de valer es una fuerza muy poderosa<\/strong> en el alma. Es una pulsi&oacute;n que nos lleva a luchar, a darlo todo, a veces pasando por encima de otros, sin respetar su camino, su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Es tan fuerte el deseo de valer, de demostrar que valemos y hacemos las cosas bien, incluso mejor que otros, que <strong>podemos perder la perspectiva y dejar de valorar otras cosas m&aacute;s importantes<\/strong> en la vida.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Por conseguir el reconocimiento y la admiraci&oacute;n de todos estamos dispuestos a lo que sea. A veces incluso a renunciar al amor<\/strong>, <strong>al respeto<\/strong>, a la amistad, a la solidaridad, a la misericordia.<br \/> &nbsp;<br \/> Es tan fuerte el deseo de ser reconocidos y tomados en cuenta que la vida luego puede pasarnos factura. Ese deseo puede aislarnos, puede herir a otros, puede herirnos en lo m&aacute;s hondo.<br \/> &nbsp;<br \/> Y al final, &iquest;para qu&eacute; tanto esfuerzo? <strong>&iquest;De qu&eacute; nos sirve si nos acabamos quedando solos?<\/strong> No s&eacute;, &iquest;es la vanidad la que nos impulsa a ello? <strong>&iquest;Es el orgullo? Puede ser.<\/strong> En definitiva toda esa lucha tiene que ver con <strong>un apego a veces excesivo al propio yo.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong>Generalmente estamos asidos al propio yo mucho m&aacute;s fuertemente de lo que sospechamos<\/strong>. El Se&ntilde;or quiere usarnos como instrumentos. Debemos estar desasidos de nosotros mismos&raquo;<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149ba9a68cb0a676__ftn2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>tambi&eacute;n en el plano religioso podemos dejarnos llevar por nuestro deseo de valer<\/strong>, por el deseo de ser m&aacute;s. Queremos ser los m&aacute;s santos, los m&aacute;s apost&oacute;licos, los m&aacute;s religiosos, <strong>los que mejor rezan, los m&aacute;s profundos, los mejores cristianos.<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Queremos incluso un lugar mejor en el cielo para toda la eternidad. El mejor lugar. Describ&iacute;a as&iacute; el Padre Kentenich el estado en el que nos encontramos <strong>cuando no hemos tenido una verdadera conversi&oacute;n: <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> &quot;Exteriormente son personas o sacerdotes que trabajan enormemente, que no son indolentes, no se inclinan a satisfacer los sentidos, sino hombres espirituales; pueden trabajar d&iacute;a y noche, remover la tierra, de manera que se piensa que pronto podr&iacute;an ser canonizados.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero aqu&iacute; <strong>se trata s&oacute;lo de la actitud exterior<\/strong>. Lo que hacen, aun m&aacute;s all&aacute; de la medida de lo corriente, es realizado, en general, <strong>a fin de ganar fama<\/strong>. <strong>El hombre est&aacute; todav&iacute;a en su propio punto central.<\/strong> En primer plano est&aacute; el yo, la adoraci&oacute;n del yo, la glorificaci&oacute;n del yo&quot;<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#149ba9a68cb0a676__ftn3\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> No s&eacute;. <strong>Es duro vernos reflejados en esta descripci&oacute;n<\/strong>. <strong>Es triste ver por qu&eacute; tonter&iacute;as nos afanamos tantas veces. Nuestro yo est&aacute; en el centro<\/strong>. Hacemos todo movidos por el culto al yo. Estamos lejos de esa verdadera conversi&oacute;n que anhelamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos ser los mejores, los primeros, los recordados. Queremos darlo todo porque somos generosos, pero <strong>nos buscamos<\/strong> al hacerlo. Creemos que con nosotros todo va a cambiar, va a ser mejor. Dios estar&aacute; orgulloso de nuestros m&eacute;ritos.<br \/> &nbsp;<br \/> Buscamos ser recordados eternamente. So&ntilde;amos con&nbsp;ser el mejor m&eacute;dico, el mejor pintor, el mejor compositor, el mejor santo. <strong>La vida es ef&iacute;mera y vuela. Y nosotros estamos obsesionados con hacer historia.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Apegados enfermizamente a ese yo que busca cada vez m&aacute;s espacio<\/strong>, que no se conforma con nada, porque nada satisface del todo el deseo de plenitud. Es el ansia de valer y ser reconocidos. <strong>El yo puesto en un primer plano, no Cristo. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces me pregunto cu&aacute;ntas cosas de las que hago las hago por amor a Dios o a m&iacute; mismo.&nbsp;<\/strong>&iquest;C&oacute;mo se puede superar ese deseo de figurar, de estar en el centro, de ser los primeros?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios nos tiene que trabajar. Tiene que cambiar lo que a&uacute;n no le pertenece<\/strong>, tiene que convertir el coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No es tan sencillo porque nuestro coraz&oacute;n se rebela.<\/strong> Es duro como el m&aacute;rmol. Sue&ntilde;a con los primeros puestos, con la fama y el &eacute;xito. Quiere hacer y valer. Ser m&aacute;s y tener m&aacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Vivimos esa tensi&oacute;n entre nuestro apego al yo y el deseo de abandonarnos totalmente en las manos de Dios.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Queremos ser mejores.&nbsp;Queremos autoeducarnos en las manos de Mar&iacute;a. Dec&iacute;a la madre Teresa de Calcuta: \u201cQuien dedica su tiempo a mejorarse a s&iacute; mismo, no tiene tiempo para criticar a los dem&aacute;s\u201d. &nbsp; Ahondamos en nuestra vida interior y as&iacute; vamos mejorando. 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