{"id":30564,"date":"2016-06-11T01:33:07","date_gmt":"2016-06-11T06:33:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-anunciacion-y-la-visitacion-en-mi-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:07","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:07","slug":"la-anunciacion-y-la-visitacion-en-mi-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-anunciacion-y-la-visitacion-en-mi-vida\/","title":{"rendered":"La anunciaci\u00f3n y la visitaci\u00f3n en mi&nbsp;vida"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hemos experimentado el amor de Mar&iacute;a en nuestras vidas. Hemos vivido su acogida, su mano santa calmando el coraz&oacute;n. Hemos tocado la paz de sabernos inscritos para siempre en su coraz&oacute;n de Madre. Hemos visto, o&iacute;do, encontrado, tocado, sentido. La vida y la paz, los sue&ntilde;os sagrados que nos dan la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Hemos tocado piedras santas sobre las que descansamos, sobre las que construimos. Hemos gritado y re&iacute;do alegr&aacute;ndonos con la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos hemos callado en silencio, de rodillas, orando en lo profundo del alma, porque <strong>ese encuentro personal con Mar&iacute;a en nuestra historia es lo que nos cambia<\/strong>. Hemos orado en lo oculto de un Santuario, en lo sagrado de un bosque.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Hemos entregado la vida<\/strong>, la hemos enterrado para siempre seguros de recuperar un d&iacute;a aquello a lo que renunciamos. <strong>No nos pertenece el tiempo que se nos regala<\/strong>, ni la tierra, ni las personas que pone Dios en el camino. No es nuestro el amor sembrado en el alma, ni el amor que entregamos a veces con reservas. Sabemos que s&oacute;lo si la semilla muere da su fruto. Lo sabemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Miramos hacia atr&aacute;s conmovidos. <strong>Mar&iacute;a acoge ese s&iacute; dado a nuestra historia, a nuestro camino<\/strong>. Le pertenecemos por entero a Dios. Ella nos ha recibido con su coraz&oacute;n abierto. Somos parte del Santuario. Somos santuarios vivos.<br \/> &nbsp;<br \/> Dos im&aacute;genes nos acompa&ntilde;aron estos d&iacute;as en la celebraci&oacute;n del jubileo de los cien a&ntilde;os del movimiento de Sch&ouml;nstatt: la Anunciaci&oacute;n del &aacute;ngel a Mar&iacute;a y la visitaci&oacute;n a su prima Isabel.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La Anunciaci&oacute;n tiene que ver con nuestro s&iacute;, con nuestra disponibilidad para ser hijos<\/strong>. Lo que nos salva en la vida es aprender a ser ni&ntilde;os. Jes&uacute;s fue hijo. Aprendi&oacute; en los brazos de Mar&iacute;a a ser hombre siendo ni&ntilde;o. Aprendi&oacute; en los brazos de Dios a escuchar sus deseos. Se dej&oacute; educar, cuidar, acoger.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a en la Anunciaci&oacute;n tambi&eacute;n es hija, ni&ntilde;a d&eacute;bil en las manos de Dios. <strong>El s&iacute; silencioso de Mar&iacute;a en la Anunciaci&oacute;n es el s&iacute; de una ni&ntilde;a que ha aprendido a confiar<\/strong>, despoj&aacute;ndose de sus seguridades. Mar&iacute;a se deja conducir. Acepta su condici&oacute;n de esclava y se pone en las manos de Dios. Comienza as&iacute; el camino de su vida.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La visitaci&oacute;n s&oacute;lo es posible desde la experiencia de la precariedad.<\/strong> Cuando no tenemos nada, cuando estamos vac&iacute;os, cuando no tememos perder nuestros derechos, podemos emprender nuestro &eacute;xodo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Mar&iacute;a se hizo pobre y se puso en camino.<\/strong> Obedeciendo, perteneciendo a Dios por entero. Nosotros somos esos hijos a los que busca Mar&iacute;a. Se puso en camino. Es lo que hace siempre. <strong>No s&oacute;lo nos espera, nos va a buscar. Nos seduce con su amor. Nos abraza<\/strong> esperando nuestra respuesta. Aguarda con respeto nuestro s&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Anunciaci&oacute;n y visitaci&oacute;n est&aacute;n &iacute;ntimamente unidas en la vida de Mar&iacute;a y en nuestra propia vida<\/strong>. No hay camino de salida sin nuestro s&iacute; en la entrega. Sin anunciaci&oacute;n no puede haber visitaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Hemos experimentado la anunciaci&oacute;n<strong>. El &Aacute;ngel del Se&ntilde;or ha venido a nuestras vidas a decirnos que nos necesita. Y nosotros de rodillas hemos dicho que s&iacute; entregando nuestra vida. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Por eso hemos experimentado tambi&eacute;n el deseo de visitar<\/strong>, de llevar el rostro de Mar&iacute;a a tantos lugares. Decimos que s&iacute; y nos ponemos en camino. Llevamos el rostro de Mar&iacute;a en nuestra alma. Su vida, su gracia, su fuerza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hemos experimentado el amor de Mar&iacute;a en nuestras vidas. Hemos vivido su acogida, su mano santa calmando el coraz&oacute;n. Hemos tocado la paz de sabernos inscritos para siempre en su coraz&oacute;n de Madre. Hemos visto, o&iacute;do, encontrado, tocado, sentido. 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