{"id":30567,"date":"2016-06-11T01:33:12","date_gmt":"2016-06-11T06:33:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-la-cruz-une\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:12","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:12","slug":"cuando-la-cruz-une","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/cuando-la-cruz-une\/","title":{"rendered":"Cuando la cruz&nbsp;une"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La cruz de Cristo nunca tiene un nombre especial. Es la cruz de Cristo, la cruz de la entrega, del amor hasta el extremo. La cruz pobre, un madero. La cruz de la humillaci&oacute;n y la victoria. La cruz del odio y del amor. La cruz de la traici&oacute;n y la vida. El &aacute;rbol verde que quisieron destruir. La vida ofrecida. Gotas de sangre. Costado abierto. El peso y la ca&iacute;da. Las manos que sostienen al Hijo. Las manos que se alzan queriendo tocar su manto. El silencio roto en una roca al entregar su esp&iacute;ritu.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez no hace falta ponerle un nombre a la cruz. Porque la cruz, nuestra cruz, siempre tiene un nombre. Un nombre gris a veces, otras heroico. Un nombre fuerte, rudo, impronunciable muchas veces, insostenible por momentos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Mi cruz tiene nombre propio, con apellidos. Tiene mi olor y mi alma. Tiene mi silencio y mis l&aacute;grimas.&nbsp;<\/strong>Por eso no es necesario ponerle nombre a la cruz en general. Porque <strong>la cruz no tiene un nombre abstracto que valga para todos. Tiene mi nombre &uacute;nico e irrepetible.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Al cumplirse cien a&ntilde;os de historia de nuestra alianza con Mar&iacute;a en el Santuario nos entregaron una cruz con nombre propio: <strong>La cruz de la unidad<\/strong>. Una cruz que muestra lo central de nuestra espiritualidad. Mar&iacute;a, en la cruz, unida a Cristo.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Al igual que todo su ser, tambi&eacute;n su vida y su actuar, est&aacute;n totalmente ordenados a Cristo, a su persona y su misi&oacute;n. <strong>Ella s&oacute;lo existe a causa de &Eacute;l. <\/strong>No hay otra raz&oacute;n para su existencia<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es una cruz que habla de unidad. De la unidad entre Cristo y Mar&iacute;a. Entre Cristo y los hombres. Entre los mismos hombres como hermanos. La cruz del c&aacute;liz abierto en el que se derrama su sangre<\/strong>. Hasta su &uacute;ltima gota. La unidad entre la Madre y el Hijo. Entre Ella y nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La unidad anhelada por nuestra alma dividida. Rota por las heridas<\/strong> que nos deshojan. En las ca&iacute;das que nos deshacen. Desunidos ante una cruz que se llama de la unidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Nuestra vocaci&oacute;n tiende a la unidad. <strong>Nacemos unidos a una madre y toda nuestra vida es querer volver a estar unidos para siempre. La muerte es el nacimiento a una vida nueva en la que nos unimos a Dios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>So&ntilde;ada unidad. Un solo coraz&oacute;n. Una sola alma.<\/strong> Un solo deseo. Un encuentro. Unidad en la diferencia. Unidad en la distancia. Unidad superando las barreras que separan, los l&iacute;mites, las incongruencias, las ca&iacute;das. Unidad m&aacute;s all&aacute; de la afirmaci&oacute;n de nuestra verdad, renunciando a nuestro orgullo.<br \/> &nbsp;<br \/> Sufrimos tanto por afirmarnos que acabamos negando a otros. <strong>Por elevarnos pisamos otras vidas.<\/strong> Nos empe&ntilde;amos tanto en valer que desvalorizamos a los dem&aacute;s. Nos ofuscamos buscando qui&eacute;nes somos, queriendo ser. Y no nos miramos en el espejo de aquellos a los que amamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Una cruz de la unidad. <strong>Mar&iacute;a elevada ante la cruz, alzada casi en el aire. Sosteniendo un c&aacute;liz abierto. Recogiendo la vida. Los pies en la tierra, en las manos de los hombres. Las manos alzadas tocando el cielo, en medio de una muerte.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El amor que asciende. El amor que desciende. <strong>La mirada de Jes&uacute;s cerca ya de perderse<\/strong>. Su aliento, sus palabras. Sostenido en un gesto dif&iacute;cil de describir. El s&iacute; de Mar&iacute;a a Jes&uacute;s. <strong>El s&iacute; de Jes&uacute;s a Mar&iacute;a. El s&iacute; que es unidad. La unidad de esa sangre que es nuestra sangre. De ese amor que es el nuestro<\/strong>.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich, 1954\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La cruz de Cristo nunca tiene un nombre especial. Es la cruz de Cristo, la cruz de la entrega, del amor hasta el extremo. La cruz pobre, un madero. La cruz de la humillaci&oacute;n y la victoria. La cruz del odio y del amor. 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