{"id":30569,"date":"2016-06-11T01:33:20","date_gmt":"2016-06-11T06:33:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8blo-que-vi-por-la-ventana\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:20","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:20","slug":"%e2%80%8blo-que-vi-por-la-ventana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8blo-que-vi-por-la-ventana\/","title":{"rendered":"\u200bLo que vi por la&nbsp;ventana\u2026"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hay una ventana en el Santuario original en Schoenstatt en la que antes no me hab&iacute;a fijado. Porque usaba la puerta para entrar y mirar. Ignoraba la ventana. No me hac&iacute;a falta. Pero estos d&iacute;as de jubileo el Santuario estaba lleno de gente y me detuve ante esta ventana.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona comentaba: &laquo;<strong><em>Guardo en el coraz&oacute;n la mirada de Mar&iacute;a<\/em><\/strong><em> cuando me asomaba como una ni&ntilde;a por la ventana del Santuario porque no se pod&iacute;a pasar. Me miraba. Yo a ella. Ella me esperaba, con mi historia desde que hice mi primera alianza. Sus ojos de perd&oacute;n, de acogimiento, de amor. Su sonrisa de Madre<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Es <strong>una ventana que deja entrar la luz de la vida y salir el amor de Mar&iacute;a<\/strong>. Entra la luz del d&iacute;a y de la noche. Sale la luz del cielo en los ojos de Mar&iacute;a. Una ventana que nos deja ver el sol desde dentro, desde lo profundo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En la vida hay ventanas abiertas y ventanas cerradas<\/strong>. Opacas y di&aacute;fanas. Ventanas sucias y limpias. Hay ventanas sin brillo. Hay ventanas claras que dejan ver el interior. Y ventanas que no permiten ver nada.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>As&iacute; suele ser tambi&eacute;n con las ventanas del alma<\/strong>. A trav&eacute;s de ellas nos abismamos en el alma de los hombres y los hombres en nuestro interior. Lo hacemos con profundo respeto. Sobrecogidos. De rodillas. S&iacute;, <strong>hay ventanas que revelan la vida<\/strong>. Ventanas que muestran lo escondido.<br \/> &nbsp;<br \/> La ventana del Santuario es la ventana m&aacute;s cercana a Mar&iacute;a. All&iacute;, a su izquierda, uno se deten&iacute;a y miraba, y rezaba, y callaba. Era <strong>una bocanada de aire fresco en mi vida.<\/strong> Es la ventana m&aacute;s cercana a su rostro.<br \/> &nbsp;<br \/> A trav&eacute;s de ella pude estar muy cerca, dentro, al lado. All&iacute;. De pie, yo tambi&eacute;n la miraba. Y otros muchos detuvieron sus pasos en esa ventana. Y rezaban. <strong>Tal vez una ventana basta para dejarnos caer en lo profundo de su alma de Madre.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Una ventana con colores. Se ve&iacute;a todo bien. <strong>A veces cuando uno no puede entrar por la puerta le queda una ventana.<\/strong> A veces basta con mirar, con sencillez, como los ni&ntilde;os. <strong>Muchas personas no podr&aacute;n entrar por la puerta de nuestra vida, les quedar&aacute; una ventana, para entrar, para mirar<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Necesitamos cuidar nuestras ventanas<\/strong>. Que est&eacute;n limpias y cuidadas. Son importantes. Asomarse a la ventana y ver c&oacute;mo somos. Los m&aacute;s pobres e indefensos en el camino de la vida siempre tienen una ventana por la que asomarse.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando falla la puerta, queda la ventana. Cuando no tenemos t&iacute;tulos. Cuando no somos los invitados de honor a una fiesta, nos queda la ventana. Nadie te pide invitaci&oacute;n para mirar, ni siquiera un t&iacute;tulo. No hay que entrar. La mirada nos introduce. La mirada de Mar&iacute;a. Nuestra mirada. <strong>Uno se puede asomar furtivamente y ya es parte de la historia. Forma parte de la tierra sagrada.<\/strong> Sella la alianza en silencio.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a sabe mirar por la ventana. Siempre sorprende que <strong>el cuadro de Mar&iacute;a nos mira all&iacute; d&oacute;nde nos sentemos en el Santuario. Tambi&eacute;n mira a trav&eacute;s de la ventana. Mir&eacute; sus ojos, mir&oacute; lo m&iacute;os. Me vio furtivo mirando, casi pidiendo permiso, suplicando.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ella siempre me ve y me llama<\/strong>. Me invita a ser parte de una historia santa. Aunque crea que no tengo mucho que dar. Aunque no sepa bien cu&aacute;l es mi lugar. <strong>&iexcl;Qu&eacute; importa! A lo mejor mi lugar es all&iacute;, al pie de su ventana. Callado. Mirando. Asombrado.<\/strong> Como el hijo querido del que una Madre no se olvida. Como aquel amado que espera paciente la llegada de la amada. Al pie de la cruz, de la puerta cerrada, de la ventana clara. Entre las sombras de la vida o la oscuridad de la noche. Velando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hay una ventana en el Santuario original en Schoenstatt en la que antes no me hab&iacute;a fijado. Porque usaba la puerta para entrar y mirar. Ignoraba la ventana. No me hac&iacute;a falta. 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