{"id":30575,"date":"2016-06-11T01:33:33","date_gmt":"2016-06-11T06:33:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonar-no-es-olvidar\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:33","slug":"perdonar-no-es-olvidar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonar-no-es-olvidar\/","title":{"rendered":"Perdonar no es&nbsp;olvidar"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Somos tierra sagrada. Pero muchas veces experimentamos nuestra incapacidad para reconciliarnos, para estar en paz con los dem&aacute;s, con Dios, con nosotros mismos. Queremos un coraz&oacute;n de ni&ntilde;o, un coraz&oacute;n limpio, renovado, enamorado.<br \/> &nbsp;<br \/> Es un <strong>tiempo para pedir perd&oacute;n y para perdonar, para estar en paz<\/strong> con Dios, para perdonarnos a nosotros mismos por nuestras ca&iacute;das. Es un tiempo de gracia el que vivimos. El cielo se abre. <strong>Llueve la misericordia de Dios. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dicen que no hay verdadero perd&oacute;n si no hay olvido. Que es imposible perdonar de verdad cuando continuamente volvemos a la herida y crece el rencor. Que s&oacute;lo si olvidamos la ofensa, lo ocurrido, es posible volver a comenzar.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero todos sabemos que <strong>hay recuerdos que no se borran nunca, experiencias que quedan grabadas en el subconsciente para siempre<\/strong>. La memoria guardada en el coraz&oacute;n nos hace revivir todo lo que cre&iacute;amos ya olvidado.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>es necesario diferenciar entre perd&oacute;n y olvido. Creo que muchas veces no pueden ir de la mano. Perdonar siempre nos sana. <\/strong>En realidad es lo &uacute;nico que sana el coraz&oacute;n. Perdonar y ser perdonados.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Perdonar es una gracia de Dios, porque humanamente es muy dif&iacute;cil lograrlo<\/strong>. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces nos confesamos incapaces de perdonar al que nos ha ofendido! &iexcl;Con cu&aacute;nta frecuencia nos damos cuenta de la existencia de algunos rencores enterrados en el alma que nos quitan la paz y la alegr&iacute;a!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El perd&oacute;n nos hace levantarnos<\/strong> y emprender un nuevo camino. <strong>Nos reconcilia con la vida<\/strong>, con el mundo, con nosotros mismos. Nos da luz, hace m&aacute;s liviana la carga.<br \/> &nbsp;<br \/> El paso de los a&ntilde;os nos deja heridas en el alma. Hay ofensas no perdonadas en el coraz&oacute;n. <strong>Tenemos que pedir la gracia del perd&oacute;n. Gana m&aacute;s el que perdona que el que es perdonado. Porque al perdonar nos vemos m&aacute;s ligeros de nuestro equipaje<\/strong>, m&aacute;s libres. El perd&oacute;n es sanador. Perdonar es una gracia de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay <strong>sentimientos que nos impiden perdonar<\/strong> tantas veces. <strong>El orgullo, el pensar que tenemos la raz&oacute;n, el considerarnos m&aacute;s importantes de lo que somos, el agrandar la magnitud de la ofensa<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Sentimos que si perdonamos no le estamos dando valor a lo que ha ocurrido.<\/strong> Nos creemos mejores que los que nos han ofendido y perdonar nos hace volver a <strong>ponernos a su misma altura<\/strong>. Por eso queremos que el que nos ha ofendido se humille, aprenda una lecci&oacute;n, cambie, no lo vuelva a hacer.<br \/> &nbsp;<br \/> El <strong>perd&oacute;n<\/strong> est&aacute; <strong>condicionado<\/strong> a un cambio de actitud del que es perdonado. Perdonamos si se humillan. Perdonamos si compensan el da&ntilde;o causado. Perdonamos si reconocen su culpa y se hacen peque&ntilde;os. Perdonamos si se comprometen a no volver a caer en lo mismo.<br \/> &nbsp;<br \/> No es f&aacute;cil perdonar sin condiciones. <strong>Cuando ponemos condiciones para perdonar, puede ser que nunca perdonemos del todo. Siempre nos queda un resquicio por el que se cuela el rencor.<\/strong> Una puerta abierta a la amargura, al rechazo.<br \/> &nbsp;<br \/> El perd&oacute;n es fundamental para vivir con paz, para sembrar alegr&iacute;a, para abrir ventanas de luz. El perd&oacute;n a los dem&aacute;s y el perd&oacute;n a nosotros mismos. &iquest;Qu&eacute; rencores llevamos en el alma en nuestra historia personal? En este momento de gracias, <strong>&iquest;qu&eacute; queremos perdonar? <\/strong>&iquest;Qu&eacute; nombre tiene nuestro perd&oacute;n? Queremos la paz del coraz&oacute;n que perdona.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No veo que el olvido sea algo tan sencillo<\/strong>. En realidad, creo que casi nunca es posible. Aquellas heridas del coraz&oacute;n, los rencores que nos pesan, son experiencias no olvidadas. &iexcl;C&oacute;mo olvidar aquello que nos ha marcado para siempre! Es realmente muy dif&iacute;cil. Forma parte de nuestra historia de amor. Es como olvidar algo que nos constituye. Es parte de nuestra misma identidad.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando olvidamos suele ser porque la herida ha sido superficial y la ofensa no ha sido grande<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">. Son experiencias negativas que han quedado perdidas en el pasado y no les hemos dado tanta importancia.<br \/> &nbsp;<br \/> La memoria es nuestro equipaje de mano, siempre va con nosotros. Y nos sirve para enfrentar la vida, para aprender del pasado, para conocer nuestra historia y agradecer y ofrecer lo que Dios nos ha regalado. <strong>La memoria nos ayuda a ir m&aacute;s all&aacute; de los prejuicios que el dolor construye. Necesitamos perdonar. Pero olvidar no es imprescindible<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Recuerdo heridas de mi vida. Algunas sangran a veces. Son parte de mi camino<\/strong>. Recuerdo el d&iacute;a, el momento. Si me pongo a recordarlas, las recuerdo con nitidez, y me duele. <strong>He perdonado, pero sigue doliendo. No olvido lo ocurrido. No es tan necesario. Adem&aacute;s, no lo controlo. <\/strong>Por m&aacute;s que quiero formatear el disco duro de la memoria, no lo logro.<br \/> &nbsp;<br \/> Entonces, <strong>si no puedo olvidar, lo que s&iacute; puedo hacer es que esos recuerdos no determinen mi forma de tratar al que me ha ofendido. <\/strong>No puedo encasillarlo en su falta y pensar que siempre va a hacer lo mismo. No puedo condicionar mi actitud ante &eacute;l, mi cari&ntilde;o o mi rechazo.<br \/> &nbsp;<br \/> No puedo tratarle con un cierto desprecio o lejan&iacute;a. No puedo desconfiar siempre de nuevo de sus intenciones y pensar que no va a cambiar y siempre va a hacer lo mismo. <strong>No puedo juzgarlo y alejarme de su presencia. No puedo desear que sufra lo que yo mismo he sufrido. Tengo que construir sobre esa roca, sobre mi historia. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>No puedo decidir que desaparezca el recuerdo. Pero puedo decidir c&oacute;mo voy a actuar, c&oacute;mo voy a tratar a quien Dios pone en mi camino de nuevo<\/strong>, c&oacute;mo voy a confiar en &eacute;l aunque una vez me haya fallado. <strong>No es f&aacute;cil, pero es el camino de la paz y de la unidad<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong><em>Hay pinchazos que nunca cicatrizan<\/em><\/strong><em>; hay puntos en mi vida que, aunque me acuerde de ellos vagamente, todo se despierta en m&iacute;. Y aqu&iacute; quisiera decir: &iexcl;Hay que sacarse de encima esos puntos! <strong>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el punto que no he logrado superar todav&iacute;a?<\/strong><\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;ntas divisiones se hacen hondas porque no sabemos volver a empezar! <strong>&iexcl;Cu&aacute;ntas veces la unidad no es posible porque nos falta humildad para perdonar! <\/strong>Nos falta valor para tratar al otro como si nada hubiera pasado, sin recordarle continuamente lo que hizo, sin echarle en cara sus miserias.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay puntos de nuestra historia que nos cuestan. Heridas que no acabamos de aceptar. <strong>Se lo queremos entregar todo a Mar&iacute;a. <\/strong><\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich, 1952\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Somos tierra sagrada. Pero muchas veces experimentamos nuestra incapacidad para reconciliarnos, para estar en paz con los dem&aacute;s, con Dios, con nosotros mismos. 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