{"id":30580,"date":"2016-06-11T01:33:45","date_gmt":"2016-06-11T06:33:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-para-producir-para-disfrutar-o-para-enorgullecer-a-dios\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:45","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:45","slug":"vivir-para-producir-para-disfrutar-o-para-enorgullecer-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-para-producir-para-disfrutar-o-para-enorgullecer-a-dios\/","title":{"rendered":"\u00bfVivir para producir, para disfrutar? \u00bfO para enorgullecer a&nbsp;Dios?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Cuando Jes&uacute;s habla del Reino de Dios como una fiesta nos muestra el sentido de nuestra vida. Estar con el Padre, vivir en su presencia, gozar de su alegr&iacute;a. Somos invitados a estar con &Eacute;l, a descansar en &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta no hacer nada y perder el tiempo a su lado! Medimos los d&iacute;as de acuerdo a lo que producimos. <\/strong>Si producimos mucho ha merecido la pena. Si no producimos nada, entonces estamos mal, somos unos vagos.<br \/> &nbsp;<br \/> La fiesta nos habla de alegr&iacute;a por haber recuperado al hijo perdido. Nos recuerda la alegr&iacute;a del Padre que ten&iacute;a dos hijos y uno de ellos se aleja de su presencia. Cuando lo recupera organiza una fiesta. <strong>Es lo que todos so&ntilde;amos. Que nuestro Padre nos haga una fiesta<\/strong>, invierta sus bienes en nosotros, vea que nuestra vida es motivo suficiente para alegrarse y dar gracias.<br \/> &nbsp;<br \/> Me gusta ver c&oacute;mo la fiesta se llena de invitados. No llama s&oacute;lo a los buenos. Llama a todos, buenos y malos<strong>. Jes&uacute;s quiere que abramos el coraz&oacute;n, que invitemos a otros para que conozcan a Dios<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s observa, conoce al hombre, conoce el coraz&oacute;n, usa ejemplos cotidianos, toca la vida y la llena de Dios. Cuando habla del Reino habla de &Eacute;l, de su vida. Habla de la vi&ntilde;a y &Eacute;l es la vid. Del banquete y <strong>&Eacute;l es el pan, el que nos re&uacute;ne. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Es el que nos invita, <strong>el que se parte, el que es comida y bebida que calma el hambre y la sed honda del ser humano<\/strong>. Es el que prepara la mesa con infinito cuidado <strong>para que me sienta feliz en su fiesta<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s piensa en la comida que me gusta, en el lugar mejor. Jes&uacute;s se hace parte de nuestra vida y as&iacute;, comparti&eacute;ndola, <strong>nos muestra a Dios<\/strong>. Nos dice c&oacute;mo es Dios. Estar con &Eacute;l es una fiesta, es un banquete en familia, de amigos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En la mesa se comparte el d&iacute;a<\/strong>, se re&uacute;ne la familia que durante el d&iacute;a ha estado dispersa, uno cuenta y escucha, se ponen en com&uacute;n miedos y alegr&iacute;as, preocupaciones y esperanza. Se brinda por las cosas importantes.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Los momentos m&aacute;s bonitos de la vida se hacen sagrados en la mesa<\/strong>. En la mesa se comparte la vida, lo m&aacute;s cotidiano. <strong>Es un altar. All&iacute; se hace presente Dios<\/strong>. Son momentos sagrados.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s acepta comer con cualquiera<\/strong>. Con Sim&oacute;n el fariseo, con el propio Mateo, recaudador de impuestos, con sus amigos de Betania. <strong>No elige los ricos pero tampoco los desprecia. Se sienta a la mesa con aquel que lo invita<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios no exige para comer con &Eacute;l que nos hayamos portado bien, o nos lo merezcamos: &laquo;Malos y buenos&raquo;. <strong>&Eacute;l s&oacute;lo mira el coraz&oacute;n<\/strong>. <strong>Disfruta de cada casa, de cada familia. No selecciona por inter&eacute;s. Y nos pide lo mismo<\/strong>. Que invitemos sin pensar en recibir, sin condiciones.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s les pide a los fariseos, a los sacerdotes, que sean como &Eacute;l, y les habla de un Dios que no conocen, que es gratuidad, que invita a todos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s acepta cualquier puerta abierta<\/strong>. Multiplica los panes para dar un banquete a los que lo escuchan. Se sienta a la mesa con los suyos en la cena de Pascua, con un gran anhelo en el coraz&oacute;n de comer con ellos esa noche.<br \/> &nbsp;<br \/> A Jes&uacute;s lo llaman comil&oacute;n y borracho. Porque acepta compartir la vida sencillamente. En Ema&uacute;s, los disc&iacute;pulos lo reconocen al partir el pan. Lo habr&iacute;a hecho antes tantas veces en su vida. Era un gesto suyo. De intimidad. De complicidad. Lo reconocieron. <strong>Parte el pan, se parte, reparte, se dona<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Cuando Jes&uacute;s habla del Reino de Dios como una fiesta nos muestra el sentido de nuestra vida. Estar con el Padre, vivir en su presencia, gozar de su alegr&iacute;a. 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