{"id":30584,"date":"2016-06-11T01:33:53","date_gmt":"2016-06-11T06:33:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bde-que-color-ves-la-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:53","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:53","slug":"%e2%80%8bde-que-color-ves-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bde-que-color-ves-la-vida\/","title":{"rendered":"\u200b\u00bfDe qu\u00e9 color ves la&nbsp;vida?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hace poco vi un cuadro. Este cuadro hab&iacute;a sido pintado por un ni&ntilde;o. Capt&oacute; mi atenci&oacute;n. El cuadro representa a <strong>un barco en medio del oc&eacute;ano<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me impresionan los cuadros en los que no hay tierra, s&oacute;lo el ancho mar. Me impresiona el vasto oc&eacute;ano sin orillas ni acantilados, donde puedan romper las olas con fuerza o suavemente<strong>. Me impresiona ese mar sin l&iacute;mites, desbocado, loco, incierto, infinito<\/strong>. Ese mar profundo e inmenso. Desaforado y roto.<br \/> &nbsp;<br \/> Me impresionan las olas que se elevan y caen, sumergidas en lo m&aacute;s hondo. Me impresiona su color cambiante, su lenguaje confuso. Su silencio y su ruido. Su color esquivo, ahora azul, luego verde y oscuro, tal vez casi negro. Me impresiona <strong>la inseguridad de ir mar adentro, sin conocer el camino<\/strong>, sin seguir las huellas de nadie.<br \/> &nbsp;<br \/> Miraba el cuadro conmovido. El mar, muchas olas, todo azul. El cielo que con sus nubes parece que amenaza tormenta. Viento. Gaviotas. Las velas del velero henchidas. El mar algo inclinado y el barco ascendiendo por las olas. Son los efectos de un pintor ni&ntilde;o.<br \/> &nbsp;<br \/> Las nubes parecen rodear las velas, pero sin tocarlas, santo respeto. El color del barco es el del mar. Habr&iacute;a m&aacute;s colores cuando pintaba, pero el ni&ntilde;o pintor no lo dud&oacute;, lo pint&oacute; todo azul. <strong>El mar y la madera se hacen uno al navegar y se confunden. As&iacute; es la mente y el coraz&oacute;n. As&iacute; el alma y el cuerpo. As&iacute; Jes&uacute;s en nosotros.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>todo adquiere de repente un mismo color<\/strong>. El barco toma la tonalidad del agua. Y el agua la del cielo. Y si hubiera habido hombres en el barco hubieran sido tambi&eacute;n azules. <strong>Porque los sue&ntilde;os todo lo ti&ntilde;en de un mismo color.<\/strong> Todo es de un suave color azul que contrasta con la tormenta que amenaza.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; es en la vida. <strong>Si estamos felices todo se ti&ntilde;e de un sano color azul. Si estamos tristes y agobiados todo es gris o negro<\/strong>. La vida y el cuadro son la misma cosa. En nuestro cuadro la luz la da la blancura luminosa de las velas y una parte del cielo que tiene nubes blancas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;C&oacute;mo es la tonalidad del cuadro de mi vida? &iquest;Azul? &iquest;Blanca? &iquest;Gris?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Me atrajo la fuerza del velero. No le importa la inclinaci&oacute;n del mar, ni el viento, ni la posible tormenta. Su &iacute;mpetu ascendiendo por un mar brav&iacute;o es digno de encomio. Me conmovi&oacute; su testarudez pertinaz para no querer regresar a puerto. Cuando era lo m&aacute;s seguro, lo m&aacute;s cierto, lo recomendable.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero el velero no se acobarda, sigue mar adentro, sin pausa, luchando contra las olas, contra el viento. <strong>Se abisma mar adentro, sin dudar de su capacidad para no romperse, sin temer el naufragio<\/strong>. S&iacute;, me conmovi&oacute; el cuadro y pens&eacute; que <strong>me gustar&iacute;a tener esa santa testarudez ante la vida. Esa santa y sana capacidad de lucha<\/strong>, para avanzar por la vida, para no desanimarme ante los peque&ntilde;os contratiempos del camino, ante las olas o el mar en subida.<br \/> &nbsp;<br \/> Mirar ese cuadro me da alas, y luz, y algo de viento. Miro el cuadro, me calmo. En el cuadro del barco nos hacemos parte del velero navegando mar adentro. Al mirarlo tengo la tentaci&oacute;n de meterme dentro, introducirme en sus aguas salubres y confiar en que las olas me sacar&aacute;n a flote.<br \/> &nbsp;<br \/> Avanzo sin miedo. Conf&iacute;o. Porque <strong>mirar el cuadro me da fuerzas y valor para enfrentar la vida<\/strong>, para no temer tr&aacute;gicos desenlaces, para no desfallecer en el intento por obedecer a Cristo, cuando nos invita a ir m&aacute;s all&aacute; de lo razonable, de lo l&oacute;gico, de lo esperado.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hace poco vi un cuadro. 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