{"id":30585,"date":"2016-06-11T01:33:54","date_gmt":"2016-06-11T06:33:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vienes-a-la-fiesta-del-encuentro\/"},"modified":"2016-06-11T01:33:54","modified_gmt":"2016-06-11T06:33:54","slug":"vienes-a-la-fiesta-del-encuentro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vienes-a-la-fiesta-del-encuentro\/","title":{"rendered":"\u00bfVienes a la fiesta del&nbsp;encuentro?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy Jes&uacute;s nos habla de un banquete, de una fiesta, con terneros y con vino: &laquo;<em>Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo est&aacute; a punto. Venid a la boda<\/em>&raquo;. Una fiesta parece algo apacible, tranquilo. Una fiesta habla de amor, de paz, de un hogar, de una casa.<br \/> &nbsp;<br \/> Est&aacute; hablando de su mar tranquilo y de la fuente que hay en su coraz&oacute;n herido. Nos est&aacute; hablando de su amor y de esa sed de nuestro coraz&oacute;n roto. S&iacute;, <strong>la fiesta sucede en su coraz&oacute;n abierto. En &Eacute;l, con &Eacute;l, junto a &Eacute;l. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es, en realidad, una invitaci&oacute;n a ir mar adentro, es una invitaci&oacute;n a beber agua y calmar la sed de infinito<\/strong>. Habla de descansar y disfrutar con &Eacute;l, a su lado. Como nos dice el salmo: &laquo;<em>El Se&ntilde;or es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos gustan las fiestas. Nos gusta descansar. Por lo general nos gusta ser invitados a fiestas. En el Evangelio de Lucas, justo antes de que Jes&uacute;s cuente la par&aacute;bola de hoy, dice uno de los invitados: &laquo; <em>&iexcl;Dichoso el que tenga parte en el banquete del Reino de Dios!<\/em>&raquo;. Lc 14.<br \/> &nbsp;<br \/> Sentimos que tenemos que ser invitados a una fiesta e incluso nos molesta si no cuentan con nosotros. Porque una fiesta nos sugiere paz, alegr&iacute;a, bienestar. <strong>Ser invitados nos habla de un amor de predilecci&oacute;n, de una elecci&oacute;n, de una amistad.<\/strong> Participar en una fiesta evoca un amor colmado.<br \/> &nbsp;<br \/> Habla de echar ra&iacute;ces, de encontrar un lugar. En realidad, tiene que ver con el vaso, tiene que ver con el mar. El agua del vaso calma la sed. El agua del mar nos hace desear lo inabarcable, lo imposible, lo infinito. El agua en el vaso es demasiado limitada y nuestra sed no lo es.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El agua en el mar no tiene orillas, ni fin, ni l&iacute;mite de hondura, como nuestra sed verdadera<\/strong>. Son los dos puntos de una misma l&iacute;nea. Los extremos de un camino. Los dos pilares de nuestra vida. El reposo y el movimiento. El hogar y la necesidad de ponernos en camino. <strong>El vaso nos calma, el mar nos impulsa.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nunca estamos del todo quietos. Nunca movi&eacute;ndonos sin reposo. Necesitamos las dos aguas para calmar la sed, para reparar las fuerzas, para calmar el deseo de infinito. <strong>La fiesta es lugar de la paz y del env&iacute;o.<\/strong> El lugar en el que descansamos, con &Eacute;l, en la fuente tranquila. Y es tambi&eacute;n el espacio para buscar saciar otra sed, la sed del mundo que no va a la fiesta, que se aleja.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios env&iacute;a a buscar invitados, llama a algunos y luego llama a todos. Porque nos ama tanto. Porque <strong>s&oacute;lo quiere estar con nosotros<\/strong>. Porque quiere que todos est&eacute;n con &Eacute;l, en su fuente, en su fiesta, en su mar: &laquo;Mand&oacute; criados para que avisaran a los convidados a la boda&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Manda personas para que busquen a los invitados. <strong>&iquest;No hay en nuestra vida personas que son para nosotros &aacute;ngeles que nos hablan de Dios, que nos buscan por los caminos? <\/strong>Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo; <em>&iquest;C&oacute;mo se pone en contacto con nosotros? A trav&eacute;s de los seres humanos que vemos llenos de limitaciones, llenos de debilidades, llenos de defectos, llenos de pecados, llenos de injusticias<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>. <strong>Personas fr&aacute;giles que, llenas de amor, nos muestran ese amor sin condiciones de Dios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Con su perd&oacute;n nos muestran la misericordia del Padre. Con su respeto nos ense&ntilde;an c&oacute;mo Dios espera a nuestra puerta con infinito cuidado<\/strong>, llamando, aguardando paciente, confiando en nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En ocasiones no hemos sabido escuchar a los que nos rodean. No hemos entendido la invitaci&oacute;n a la fiesta. Hemos pensado que pertenecer a Cristo supon&iacute;a esfuerzo, cansancio, s&oacute;lo obedecer normas<\/strong>, poner l&iacute;mites a nuestra vida, barrotes. Encarcelarnos un poco. <strong>No entendemos que la vida en Cristo sea una fiesta.<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Nos pasa tantas veces como a los invitados de la par&aacute;bola: &laquo;<em>Los convidados no hicieron caso; uno se march&oacute; a sus tierras, otro a sus negocios; los dem&aacute;s les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Dicen que no, que no pueden ir, porque tienen otras cosas mejores que hacer. No es f&aacute;cil decirle que no a una fiesta pero ellos lo hacen. Tal vez no comprenden que sea una fiesta. A lo mejor est&aacute;n cansados y no quieren ir a una fiesta.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En la vida siempre hay excusas v&aacute;lidas para no hacer algo<\/strong>. Lo sabemos por experiencia. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces nos hemos negado a ir a alg&uacute;n sitio! Hemos puesto excusas. Hemos encontrado buenas razones para no ir. Es leg&iacute;timo. &laquo;No podemos hacerlo todo&raquo;, hemos pensado.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos cuesta decir que s&iacute; muchas veces. Nos cuesta aceptar las peticiones de Dios. A veces nos resulta dif&iacute;cil entender lo que nos pide<\/strong>. Jes&uacute;s se queda con nosotros y nos acompa&ntilde;a.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s dijo s&iacute; en su vida oculta<\/strong>, en su peregrinar, dijo s&iacute; a los suyos, s&iacute; a sanar heridas, a calmar la sed, a compartir lo cotidiano. <strong>Dijo s&iacute; a vivir de un lado a otro, pobre, vac&iacute;o. Dijo s&iacute; a su vida, dijo s&iacute; a cada hombre, dijo s&iacute; a esa noche oscura aunque le dol&iacute;a<\/strong>, dijo s&iacute; en silencio en la cruz al abrir los brazos, callado.<br \/> &nbsp;<br \/> Su forma de vivir, de amar, de decir que s&iacute;, de aceptar, de ofrecer, es una escuela de vida. &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta decirle que s&iacute; a Dios!<br \/> &nbsp;<br \/> Ahora no nos invita a la vi&ntilde;a, no nos llama para que trabajemos. No. <strong>Nos pide que vayamos donde &Eacute;l se encuentra. All&iacute; donde hay verdes pastos y agua suficiente. <\/strong>All&iacute; donde tiene preparada una fiesta para nosotros. Somos sus hijos amados. Somos el motivo de la fiesta.<br \/> &nbsp;<br \/> Uno de los que estaba en la fiesta no ten&iacute;a el traje adecuado: &laquo;<em>Amigo, &iquest;c&oacute;mo has entrado aqu&iacute; sin vestirte de fiesta? El otro no abri&oacute; la boca<\/em>&raquo;. Mateo 22, 1-14. <strong>S&oacute;lo hace falta el traje de fiesta, esa es nuestra parte, nuestro &laquo;s&iacute; quiero comer contigo&raquo;. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Hay que ir bien vestidos. Importa el vestido, la actitud en la vida, la mirada, el aspecto. <strong>Somos imagen sagrada de Dios. &iquest;C&oacute;mo nos vestimos para la fiesta de la vida? La honestidad de nuestra vida, lo que trasparentamos, lo que dejamos ver en nuestros h&aacute;bitos y costumbres. Lo que hacemos y amamos es nuestro traje. Lo que entregamos y ofrecemos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces nos ponemos m&aacute;scaras frente a los hombres. Nos disfrazamos para parecer alguien mejor. Ante Dios no valen los disfraces. <strong>El traje es mi coraz&oacute;n abierto, la humildad de ser hijo necesitado<\/strong>. En realidad, <strong>m&aacute;s que un traje, es un desvestirme de m&iacute; mismo<\/strong>, es descalzarme para entrar en el banquete. Nadie debe prescindir del traje, nadie queda olvidado, nadie queda excluido.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios s&oacute;lo mira el coraz&oacute;n. Dios llama y yo acepto. Dios no me obliga. Espera mi s&iacute; libre, de ni&ntilde;o. Es mi traje. El traje del alma, no del cumplimiento sino de la peque&ntilde;ez, de las manos abiertas a Dios, del coraz&oacute;n necesitado de &Eacute;l, de la mirada pura para disfrutar con asombro del banquete.<br \/> &nbsp;<br \/> Le decimos: &laquo;<strong>S&iacute;, quiero comer contigo, tal como soy, con mi limitaci&oacute;n y mi grandeza. El traje es mi traje de ni&ntilde;o<\/strong>, soy yo mismo&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Mateo escribe para los jud&iacute;os, por eso es m&aacute;s duro que Lucas en la misma par&aacute;bola. Algunos jud&iacute;os pensaban que ellos ten&iacute;an a Dios en propiedad, que s&oacute;lo ellos ten&iacute;an acceso al banquete, que pod&iacute;an decidir qui&eacute;n estaba dentro o fuera.<br \/> &nbsp;<br \/> Pensaban, a veces como nosotros, que cumpliendo miles de normas se aseguraban un lugar en el cielo. Juzgaban, como a veces hacemos nosotros, a los pobres, a los gentiles, a los pecadores, crey&eacute;ndose superiores y en posesi&oacute;n de la verdad. Eran los buenos, los perfectos.<br \/> &nbsp;<br \/> Persegu&iacute;an a Jes&uacute;s porque com&iacute;a con pecadores, porque curaba en s&aacute;bado. Buscaban matarlo porque molestaba y se sent&iacute;an de alguna forma cuestionados por &Eacute;l.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>Jes&uacute;s les dice que ellos tambi&eacute;n est&aacute;n invitados, claro, pero que tienen que cambiar el coraz&oacute;n, el traje<\/strong>. <strong>Que su lugar lo compartir&aacute;n con otros. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Les dice <strong>que necesitan ponerse el traje de la humildad y del amor<\/strong>, de la verdad y la paz. Que necesitan despojarse de normas, de soberbia, descalzarse. Es el hijo mayor al que el padre ruega que entre en el banquete cuando la envidia se lo impide. Les da la oportunidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>muchos no supieron ver a Dios en Jes&uacute;s. No quisieron ir a su mesa y sentarse a su lado<\/strong>. No aceptaron ese amor suyo por los m&aacute;s pobres. No quisieron compartir la mesa con los d&eacute;biles.<br \/> &nbsp;<br \/> Lucas habla de la fiesta abierta a todos. Dice que <strong>a este banquete est&aacute;n invitados los pobres, los cojos, los lisiados y los ciegos. Son los predilectos de Jes&uacute;s<\/strong>, los que cur&oacute; por los caminos con sus manos. Son los elegidos, los que Dios cuida y reserva un sitio especial.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero invita tambi&eacute;n a los primeros. <strong>Todos somos llamados<\/strong>. Y todos tenemos que ponernos el traje y aceptar la invitaci&oacute;n. A nadie obliga. <strong>Cada uno elige. Es tierno con los sencillos y duro con los que creen que no necesitan nada. <\/strong>Invita a todos, a buenos y malos.<br \/> &nbsp;<br \/> Me dice que me necesita en su fiesta, que <strong>si yo falto me va a echar de menos. Mi lugar est&aacute; reservado. S&oacute;lo tengo que ponerme el traje de ni&ntilde;o y confiar en Dios que me espera<\/strong>. Me espera como soy, peque&ntilde;o y fr&aacute;gil, con mi sed y mis sue&ntilde;os.<br \/> &nbsp;<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich, 1952\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy Jes&uacute;s nos habla de un banquete, de una fiesta, con terneros y con vino: &laquo;Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo est&aacute; a punto. Venid a la boda&raquo;. Una fiesta parece algo apacible, tranquilo. 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