{"id":30589,"date":"2016-06-11T01:34:04","date_gmt":"2016-06-11T06:34:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-hacer-que-mi-sufrimiento-no-sea-en-vano-y-de-fruto\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:04","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:04","slug":"%e2%80%8bcomo-hacer-que-mi-sufrimiento-no-sea-en-vano-y-de-fruto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-hacer-que-mi-sufrimiento-no-sea-en-vano-y-de-fruto\/","title":{"rendered":"\u200b\u00bfC\u00f3mo hacer que mi sufrimiento no sea en vano y d\u00e9&nbsp;fruto?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> En el lagar es donde el Se&ntilde;or saca lo mejor de m&iacute;. El lagar de mi vi&ntilde;a puede <strong>ser una enfermedad, una p&eacute;rdida, un abandono, una crisis, un fracaso, la soledad, el dolor por la historia vivida, mi incapacidad para aceptar mi camino.<\/strong><strong>En el lagar del sufrimiento Dios saca lo mejor de m&iacute;, mi esencia<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Es verdad que el dolor puede destruirnos. Es cierto. No es f&aacute;cil vivir el dolor con un sentido.<br \/> &nbsp;<br \/> Dice el Padre Liagre: &laquo;<em>Por instinto so&ntilde;amos con un modo de sufrir que nos halague, ensalz&aacute;ndonos a nuestros propios ojos. <strong>Queremos sufrir con gran fortaleza<\/strong>, &aacute;nimo y generosidad. Esa es la idea que nos hacemos de la alegr&iacute;a en el sufrimiento. Nada m&aacute;s equivocado. <strong>Para sufrir es preciso sentir la tristeza y la amargura, el desaliento y la propia impotencia<\/strong><\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El sufrimiento nos rompe por dentro.<\/strong> Nos deja vac&iacute;os, rotos. Es dif&iacute;cil ver muchas veces luz en mitad del dolor m&aacute;s hondo. Pero <strong>all&iacute;, en esa oscuridad aparentemente sin esperanza, all&iacute; est&aacute; Dios, surge la luz<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Est&aacute; en el lagar de mi vi&ntilde;a, <strong>donde me veo desaparecer. Donde mi orgullo muere<\/strong> y mi vanidad cae. Donde entrego los pesos a los que me aferro buscando algo de dignidad.<br \/> &nbsp;<br \/> El sufrimiento est&aacute; en todos. <strong>En algunas vidas es m&aacute;s hondo y terrible. Pero todos sufrimos. <\/strong>Cada uno en su medida. En todos la uva tiene que pasar por el lagar. Para sacar lo mejor, la esencia m&aacute;s valiosa.<br \/> &nbsp;<br \/> Todos nos encontramos ante el lagar de nuestra vida. <strong>No estamos solos. Cristo, el vi&ntilde;ador, est&aacute; all&iacute;. &Eacute;l tambi&eacute;n sujeto a su cruz nos abraza<\/strong>. Nosotros le entregamos lo que somos. Dejamos nuestros miedos y torpezas. Lo ofrecemos todo. &iquest;Qu&eacute; tenemos que entregar? &iquest;A qu&eacute; tenemos que morir en nuestra vida para dar fruto?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Me impresiona mucho el momento en que Jes&uacute;s intuye que no va a ser f&aacute;cil. Ya sabe que unos lo persiguen y lo juzgan<\/strong>. Ya ten&iacute;a dolor en su coraz&oacute;n de pastor. &Eacute;l ya ve&iacute;a que no pod&iacute;a llegar a todos, que algunos no lo acog&iacute;an, que el pecado de la envidia, del af&aacute;n de poder, del miedo a dejar de tener todo controlado, es a veces m&aacute;s fuerte que su amor. <strong>&iexcl;Qu&eacute; impotencia para &Eacute;l! <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Y sigui&oacute; dando su vida. No tem&iacute;a el fracaso<\/strong>. A&uacute;n quedaba esperar el tiempo. A&uacute;n quedaba mucho que amar. Muchos hombres que abrazar. S&oacute;lo por uno merec&iacute;a la pena dar la vida. Es raro este momento en que Jes&uacute;s deja entrever lo que intuye que va a suceder.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo empujaron fuera y lo mataron. Me conmueve escuchar que <strong>lo empujaron fuera. As&iacute; hacemos muchas veces nosotros con Jes&uacute;s.<\/strong> &Eacute;l quiere estar dentro, viene, se acerca, y nosotros lo empujamos fuera de nuestra vida, no queremos que tenga nada que ver con nosotros, no queremos que lo organice todo a su medida.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo hacemos as&iacute; porque no nos conviene, porque rompe nuestros planes. Por eso <strong>lo relegamos a los ratos de oraci&oacute;n pero no dejamos que sea el Dios de nuestra vida,<\/strong> el caminante a nuestro lado, nuestra vid, nuestro Se&ntilde;or. No dejamos que se meta dentro y lo desbarate todo.<br \/> &nbsp;<br \/> Tiembla el coraz&oacute;n al pensar en esas palabras de Jes&uacute;s. <strong>&iexcl;Cu&aacute;nto hablar&iacute;a de esto con su Padre! Hablar&iacute;a de la vi&ntilde;a, de su misi&oacute;n de derramarse, de partirse<\/strong>, sin reservarse nada. &iexcl;Cu&aacute;nto necesitar&iacute;a su consuelo, su fuerza y el apoyo de los suyos!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Su roca era la oraci&oacute;n<\/strong>. Ya se acerca el momento del amor hasta el extremo, el momento de la vendimia, del lagar. El tiempo en el que &Eacute;l deja de ser el enviado a la vi&ntilde;a para ser el que muere por la vi&ntilde;a, el que muere por m&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Tanto am&oacute; mi vi&ntilde;a que se hizo vid, se hizo parte de mi vida, se hizo carne de mi carne. <strong>Sin &Eacute;l mi vida no se explica, no tiene sentido<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Tanto me am&oacute; que esa noche, en el c&aacute;liz, levanta su sangre entregando su vida. <strong>El vino, su vino, es su sangre, su vida, su aliento, su presencia. El vino es Cristo<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">. Por eso el vino de mi campo lo transforma en amor que no pasa, que permanece para siempre.<br \/> &nbsp;<br \/> En esa noche santa se cumpli&oacute; la par&aacute;bola de los trabajadores infieles de la vi&ntilde;a y, sin decir nada, se dej&oacute; prender, condenar, crucificar. Lo sacaron fuera y lo mataron. No quisieron dar cuentas, cambiar de vida, pasar por el lagar. No quisieron cuidar al due&ntilde;o de la vi&ntilde;a.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tal vez no lo conoc&iacute;an.<\/strong> No hab&iacute;an experimentado su abrazo. <strong>No hab&iacute;an sostenido su mirada. <\/strong>Por eso lo echaron de su vi&ntilde;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Muchas veces nosotros hacemos igual. Cerramos la puerta del alma. Nos escondemos porque no queremos exponernos a m&aacute;s cambios. Porque <strong>nos asusta aceptar tanto amor que nos obligue a amar m&aacute;s, hasta el extremo<\/strong>. Porque <strong>nos acomodamos y descuidamos la vi&ntilde;a. Y no queremos que &Eacute;l venga y se ponga a cavar, y a cuidar la vi&ntilde;a de nuestra alma.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Lo cierto es que no todo lo que hacemos en la vida da su fruto. <strong>De nosotros no depende el fruto. Pero s&iacute; trabajar la tierra, sembrar la semilla, cuidar la planta<\/strong>, regarla con esmero, cavar y eliminar las malas hierbas que amenazan el fruto.<br \/> &nbsp;<br \/> S&oacute;lo tenemos que ser pacientes en nuestra vi&ntilde;a y confiar en el poder de Dios que nos ama con locura y nos invita a llevar una vida en &Eacute;l, llena de &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> San Pablo nos dice: &laquo;<em>Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o m&eacute;rito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, o&iacute;steis, visteis en m&iacute;, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estar&aacute; con vosotros<\/em>&raquo;. Filipenses 4, 6-9.<br \/> &nbsp;<br \/> Se trata de <strong>cuidar nuestra vi&ntilde;a y alegrarnos por ella<\/strong>. Estoy llamado a cantar un canto de amor a mi vi&ntilde;a, a la vi&ntilde;a de mi vida donde Dios una y otra vez me ha salido al encuentro.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso quiero cantar <strong>un canto de amor a mi historia, a los que Dios ha puesto en mi camino. Un canto de amor al due&ntilde;o de mi vid, al vi&ntilde;ador<\/strong>, al que es, en mi alma, la vid.<br \/> &nbsp;<br \/> Un canto a Aquel que lo da todo cada d&iacute;a por m&iacute;, al que espera mis frutos con paciencia infinita. Un canto de amor a ese vi&ntilde;ador que llama, que espera a todos, que paga a todos seg&uacute;n su medida, que no pone condiciones, que invita cada d&iacute;a, que <strong>s&oacute;lo desea que est&eacute; a su lado<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A ese vi&ntilde;ador que da la vida, que me ense&ntilde;a a dar la vida, que me ense&ntilde;a a amar la vi&ntilde;a de mi vida. S&oacute;lo me pide que tenga paciencia. Que nunca me desespere, que conf&iacute;e.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Me ense&ntilde;a a valorar las cosas de mi vida como son<\/strong>, sin esperar siempre algo distinto, algo que no llega. Porque eso produce frustraci&oacute;n. Y nos impide alegrarnos de las peque&ntilde;as ganancias del camino y <strong>cantar a nuestra vi&ntilde;a<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque tantas veces esperamos un fruto imposible, que nunca va a llegar. Dios s&iacute; que espera con paciencia, sabiendo nuestros tiempos, nuestras idas y venidas, nuestro crecimiento lento, nuestras ca&iacute;das.<br \/> &nbsp;<br \/> &Eacute;l siempre conf&iacute;a y espera todo de nosotros. Vuelve una y otra vez a la puerta de nuestra vi&ntilde;a buscando nuestro amor. Nosotros a veces lo acogemos. Otras lo echamos fuera.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban En el lagar es donde el Se&ntilde;or saca lo mejor de m&iacute;. El lagar de mi vi&ntilde;a puede ser una enfermedad, una p&eacute;rdida, un abandono, una crisis, un fracaso, la soledad, el dolor por la historia vivida, mi incapacidad para aceptar mi camino.En el lagar del sufrimiento Dios saca lo mejor &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-hacer-que-mi-sufrimiento-no-sea-en-vano-y-de-fruto\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u200b\u00bfC\u00f3mo hacer que mi sufrimiento no sea en vano y d\u00e9&nbsp;fruto?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30589","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30589","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30589"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30589\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30589"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30589"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30589"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}