{"id":30594,"date":"2016-06-11T01:34:14","date_gmt":"2016-06-11T06:34:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8blas-tres-bolas-de-oro-de-san-francisco\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:14","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:14","slug":"%e2%80%8blas-tres-bolas-de-oro-de-san-francisco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8blas-tres-bolas-de-oro-de-san-francisco\/","title":{"rendered":"\u200bLas tres bolas de oro de san&nbsp;Francisco"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> No s&eacute; muy bien si es posible vivir sin preocupaciones, sin agobios, sin miedos. Nos pide san Pablo: &laquo;Nada os preocupe&raquo;. Y miro mi alma enferma, herida y agobiada. Y pienso que no es posible. &iexcl;Tantas angustias y preocupaciones!<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;C&oacute;mo va a ser posible cuando <strong>el coraz&oacute;n busca lo que no tiene<\/strong>, anhela lo que sue&ntilde;a, espera lo que no llega y sufre? &iquest;C&oacute;mo mirar el infinito bebiendo la finitud de un d&iacute;a y no quedarnos insatisfechos al comprobar los l&iacute;mites?<br \/> &nbsp;<br \/> Y ahora escucho: &laquo;La paz de Dios custodiar&aacute; vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jes&uacute;s&raquo;. Y el coraz&oacute;n se calma. <strong>La paz de Dios nos calmar&aacute;<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Ojal&aacute; no me preocupara nunca. Pero me preocupo. <strong>Organizo, analizo, me preparo, controlo. Y todo se escapa de mi control. <\/strong>Y lo s&eacute;. S&eacute; con certeza que me preocupo muchas veces en vano. Que no merece la pena. Que la vida es mucho m&aacute;s que mis miedos, que mis inseguridades, que mis pesares.<br \/> &nbsp;<br \/> Pensamos en lo que ocurrir&iacute;a si perdi&eacute;ramos todo lo que poseemos, si no tuvi&eacute;ramos lo que nos da seguridad, si dej&aacute;ramos de lograr lo que parece ser un &eacute;xito continuado. Nos quedar&iacute;amos vac&iacute;os en medio del camino. Alzar&iacute;amos los brazos al cielo, hundidos. <strong>Nos sentir&iacute;amos de verdad pobres de Dios. Sin nada que defender, sin nada que guardar.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pienso en <strong>san Francisco<\/strong>. Al final de su vida lo hab&iacute;a perdido todo. S&oacute;lo ten&iacute;a su pobre h&aacute;bito franciscano. Se encontraba en el monte Alvernia entregado a Dios. Pensaba que ya lo hab&iacute;a entregado todo. Pero a&uacute;n guardaba tres bolas de oro en su coraz&oacute;n. <strong>El oro por haber sido fiel en la pobreza, la castidad y la obediencia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esos m&eacute;ritos a&uacute;n le pesaban en el alma. Se tuvo tambi&eacute;n que despojar de ellos. Y de sus sue&ntilde;os y planes <\/strong>con respecto a su obra. Esa comunidad franciscana que no segu&iacute;a todos sus anhelos. Entonces se encontr&oacute; vac&iacute;o ante Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Rezaba: <strong><em>&laquo;&iquest;Qui&eacute;n eres T&uacute;, Se&ntilde;or de infinita bondad, sabidur&iacute;a y omnipotencia, que te dignas visitarme a m&iacute;, que soy un gusano vil y abominable?<\/em><\/strong><em> Se&ntilde;or m&iacute;o, yo soy todo tuyo. T&uacute; sabes bien que no tengo otra cosa que el h&aacute;bito, la cuerda y los calzones, y aun estas tres cosas son tuyas; &iquest;qu&eacute; es lo que puedo, pues, ofrecer o dar a tu majestad? Entonces Dios me dijo: &#8211; Busca en tu seno y ofr&eacute;ceme lo que encuentres. <strong>Busqu&eacute;, y hall&eacute; una bola de oro, y se la ofrec&iacute; a Dios; hice lo mismo por tres veces<\/strong>, pues Dios me lo mand&oacute; tres veces; y despu&eacute;s me arrodill&eacute; tres veces, bendiciendo y dando gracias a Dios, que me hab&iacute;a dado alguna cosa que ofrecerle<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Ya vac&iacute;o deja el Se&ntilde;or impresas en su cuerpo sus propias heridas. <strong>Tenemos que despojarnos de tantas cosas para que &Eacute;l pueda llegar a nosotros y habitar. <\/strong>A veces tendremos que entregarle cosas muy buenas, pero que se convierten en <strong>bolas de oro que nos pesan<\/strong>. Porque estamos orgullosos. Porque <strong>nos sentimos buenos, dignos, salvados<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Y por eso <strong>tenemos que entreg&aacute;rselo todo. Para vivir libres, despreocupados, en su paz<\/strong>. Porque nos preocupamos temiendo dejar de poseer, no recibir, no alcanzar. Tememos acontecimientos terribles que a lo mejor no llegan a ocurrir.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tenemos demasiadas bolas de oro en el coraz&oacute;n. Bolas que pesan y nos hacen dejar de mirar al cielo, a lo alto. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nos movemos temerosos entre la vida y la muerte. La salud y la enfermedad. La pobreza y la riqueza. El amor y el desamor. El recuerdo y el olvido. <strong>Existimos en ese margen incierto entre la plenitud y el vac&iacute;o<\/strong>. Nos movemos entre el ayer y el ma&ntilde;ana con desparpajo de hombres arrojados a esta vida. Nos convertimos en cuidadores, en buscadores, en navegantes. Servimos, usamos, nos movemos buscando que la vida tenga sentido.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero a veces, mir&aacute;ndonos a nosotros mismos, nos ofuscamos con lo que vemos. Queremos m&aacute;s, <strong>queremos todo<\/strong>, no queremos perder nada. Mirar sin levantar los ojos es lo mismo que caminar a ciegas. Es mirar sin ideales, sin sue&ntilde;os, sin esperanza. Es caminar sin buscar a Aquel que le da luz a nuestra oscuridad y norte a nuestra desorientaci&oacute;n cotidiana.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban No s&eacute; muy bien si es posible vivir sin preocupaciones, sin agobios, sin miedos. Nos pide san Pablo: &laquo;Nada os preocupe&raquo;. Y miro mi alma enferma, herida y agobiada. 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