{"id":30597,"date":"2016-06-11T01:34:21","date_gmt":"2016-06-11T06:34:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/necesitas-paz-cuidate-pero-ante-todo-ama\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:21","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:21","slug":"necesitas-paz-cuidate-pero-ante-todo-ama","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/necesitas-paz-cuidate-pero-ante-todo-ama\/","title":{"rendered":"\u00bfNecesitas paz? Cu\u00eddate, pero ante todo&nbsp;ama"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A veces algunos ven como el fin de su vida alcanzar la paz del coraz&oacute;n. Parece ser el deseo m&aacute;s noble y sagrado. Vivir y que me dejen vivir. Vivir en paz conmigo mismo y con el mundo. No es algo malo desear la paz, al contrario, es fant&aacute;stico tener paz, vivir con ella.<br \/> &nbsp;<br \/> Es el deseo m&aacute;s hondo, poder vivir los unos en los otros con paz. Dejando de lado la rivalidad, la ostentaci&oacute;n, la vanidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero parece imposible cuando vivimos <strong>enfrentados los unos contra los otros<\/strong>, cuando hablamos mal de nuestros hermanos, cuando no amamos de forma generosa. <strong>Nos comparamos continuamente<\/strong>. Deseamos lo que otros tienen. Envidiamos. Somos codiciosos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No pensamos en lo que el que est&aacute; a nuestro lado necesita. No preguntamos qu&eacute; vive en su coraz&oacute;n, qu&eacute; le falta<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Hace falta mucha humildad para vivir as&iacute;, para construir sobre un mismo amor<\/strong>. Humildad para dejar de ser el centro, para no querer que nos sigan a nosotros, sino s&oacute;lo a Dios. Para no querer poseerlo todo. <strong>Para aceptar que muchos de nuestros deseos no se hagan realidad.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Por eso pienso que <strong>desear lo que Cristo desea no pasa necesariamente por buscar s&oacute;lo la paz.<\/strong> Me resisto a pensar que esa b&uacute;squeda a veces enfermiza de la paz interior sea lo que Dios me pide.<br \/> &nbsp;<br \/> Estar en paz conmigo mismo, <strong>cuidar mi cuerpo y mi alimentaci&oacute;n al extremo, estar pendiente continuamente del estado en el que me encuentro<\/strong>, el peso ideal, el tiempo de sue&ntilde;o que necesito, el descanso adecuado, el deporte que me hace estar sano. Todo eso <strong>es importante, es cierto, porque si nos cuidamos podemos darnos mejor a los dem&aacute;s.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Sin embargo, no puede ser la meta de mi vida, s&oacute;lo es un medio<\/strong>, una ayuda. Cuidar el cuerpo y el alma para estar en paz, bien con uno mismo, es fundamental, pero <strong>todo tiene sentido si es para entregar la vida, para amar hasta el extremo, cuidando lo que Dios nos ha confiado, lo que tenemos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No podemos caer en cuidarnos a nosotros mismos tanto que no haya espacio en la vida para aquello que pueda complicar un poco nuestros h&aacute;bitos y rutinas.<br \/> &nbsp;<br \/> Buscar la paz, estar en forma, proteger mi espacio, mi bienestar, como &uacute;nico sentido del camino, es algo muy pobre y limitado como ideal en esta vida. <strong>Cristo no vino para estar en paz, para tener su espacio.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> No vino para regalarnos una paz fr&iacute;a y c&oacute;moda, un viaje &laquo;confort&raquo; por los caminos del mundo, una paz so&ntilde;ada al borde de un mar tranquilo. No, no vino para eso.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Vino para que el mundo ardiera en su amor, en mi amor. Vino para que su sangre siguiera viva en la nuestra.<\/strong> Vino para que aprendi&eacute;ramos a navegar por un mar revuelto y a caminar sobre las aguas en medio de las olas.<br \/> &nbsp;<br \/> Vino para grabar sus sentimientos en nuestro coraz&oacute;n y pudi&eacute;ramos as&iacute; convertirlos en camino de vida, en nuestro ideal a conquistar, en la forma de vivir en este mundo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cristo no buscaba una paz insulsa<\/strong> y sin colores. Una paz cansina y gris. Quiso m&aacute;s bien <strong>educar los corazones para que estuvieran dispuestos a perder la paz por amor al hombre, a perder la tranquilidad por dar la vida<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Seguir a Cristo, hacer nuestros sus sentimientos es muy arriesgado, conlleva peligros, la suerte del Maestro. <strong>Podemos perder la paz que el mundo nos ofrece y vivir de forma demasiado exigida. Por eso es algo diferente la paz que Dios nos ofrece. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Es <strong>la paz que calma el alma al final del d&iacute;a, cuando nos hemos dado<\/strong>, cuando no hemos guardado nada y hemos amado sin barreras. Es la paz que recibimos cuando ya nos hemos vaciado por entero dando, entregando todo lo que tenemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la paz que viene cuando despu&eacute;s de haberlo perdido todo en la lucha seguimos caminando tranquilos y confiados, porque nuestra meta est&aacute; en el cielo y<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>no estamos apegados al mundo. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Es la paz que habita el alma cuando caminamos sin miedo a perder, a fracasar, sabiendo que <strong>podemos estar perdi&eacute;ndolo todo y no es tan grave<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la paz que da saber que s&oacute;lo hemos hecho lo que ten&iacute;amos que hacer, como siervos d&oacute;ciles, sin esperar recompensas, sin aferrarnos a los derechos adquiridos, sin querer retener nuestro puesto, sin pretender no ser nunca olvidados.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la paz de Cristo que nos mira desde la cruz y nos dice: &laquo;Tengo sed&raquo;. Cuando ya lo hab&iacute;a dado todo y su misi&oacute;n hab&iacute;a sido cumplida. Es la paz que nos da Cristo, que camina a nuestro lado y nos espera para abrazarnos.<br \/> &nbsp;<br \/> Como me dec&iacute;a una persona el otro d&iacute;a, hablando de sus sue&ntilde;os: &laquo;<em>Deseo navegar siempre con Dios d&oacute;nde &Eacute;l me diga, no dejar de so&ntilde;ar nunca, no conformarme con la mediocridad. Deseo subir las cumbres m&aacute;s altas. Aunque no me sienta capaz en absoluto. Deseo <strong>amar sin l&iacute;mites, sin cuidarme<\/strong>. Deseo tocar los corazones, sin pensar que al tocarlos pierdo algo<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>As&iacute; es el amor verdadero. As&iacute; es la lucha en la vida<\/strong>, el deseo que nos levanta, el sentimiento hondo que nos invade cuando amamos a Cristo, cuando queremos ser suyos.<br \/> &nbsp;<br \/> Al pertenecerle por entero, su suerte es nuestra suerte. Al estar inscritos en su coraz&oacute;n, sabemos que <strong>nunca perderemos sus huellas<\/strong>, porque &Eacute;l recorre nuestra vida en silencio. Es su amor el que recibimos y con &eacute;l aprendemos nosotros a amar. Queremos aprender a amar con ese amor en el que <strong>no est&aacute; en primer plano lo que nosotros queremos, sino lo que &Eacute;l desea para nuestra vida<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces algunos ven como el fin de su vida alcanzar la paz del coraz&oacute;n. Parece ser el deseo m&aacute;s noble y sagrado. Vivir y que me dejen vivir. Vivir en paz conmigo mismo y con el mundo. No es algo malo desear la paz, al contrario, es fant&aacute;stico tener paz, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/necesitas-paz-cuidate-pero-ante-todo-ama\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfNecesitas paz? Cu\u00eddate, pero ante todo&nbsp;ama\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30597","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30597","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30597"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30597\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30597"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30597"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30597"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}