{"id":30602,"date":"2016-06-11T01:34:34","date_gmt":"2016-06-11T06:34:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-deseos-en-su-justo-lugar\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:34","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:34","slug":"los-deseos-en-su-justo-lugar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/los-deseos-en-su-justo-lugar\/","title":{"rendered":"Los deseos, en su justo&nbsp;lugar"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hay deseos que destruyen el coraz&oacute;n y el mundo que nos rodea. Hace unos d&iacute;as me volv&iacute;a a confrontar en una persona con la debilidad de nuestro coraz&oacute;n, con la fragilidad de los deseos. Deseamos mucho y el mundo no nos concede nuestros deseos. Verdaderamente &laquo;el mundo no es una f&aacute;brica de conceder deseos&raquo;, como dec&iacute;a la protagonista de &laquo;Bajo la misma estrella&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero adem&aacute;s, <strong>muchas veces deseamos mal, deseamos lo que no nos har&aacute; nunca felices, lo que nos har&aacute; m&aacute;s esclavos todav&iacute;a<\/strong>, lo que no llenar&aacute; el coraz&oacute;n de esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Deseamos con ego&iacute;smo<\/strong>, pensando s&oacute;lo en nosotros, en lo que nos apetece, en aquello a lo que creemos tener derecho, porque siempre lo hemos deseado. Hacemos planes, construimos castillos de cristal. Nos importa nuestro deseo, <strong>caiga quien caiga<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hace poco pude ver en una persona algunos de <strong>esos deseos que nos enferman, que a veces todo lo complican,<\/strong> la propia vida, la vida de los otros. Hay deseos buenos en s&iacute; mismos, pero que, al ser perseguidos obsesivamente, nos acaban envenenando y nos hacen perder la perspectiva. El fin parece justificar los medios. No nos detenemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Son deseos aparentemente ingenuos que llevados hasta el extremo destruyen todo lo que tambi&eacute;n deseamos. S&iacute;, <strong>hay deseos ego&iacute;stas, inmaduros, egoc&eacute;ntricos, autorreferentes. Deseos que pueden llegar a matar vidas, a sembrar dolor y odio, violencia y guerra<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces mis deseos pueden ser peque&ntilde;os y mezquinos. Pero los hacemos tan grandes que, al perder la perspectiva, podemos llegar a perderlo todo. Porque grande es <strong>lo que veo tan de cerca que me quita la paz pensar que puedo perderlo.<\/strong> No logro ver m&aacute;s all&aacute;. Dejo de mirar el todo para centrarme en esa parte peque&ntilde;a que me esclaviza.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, son deseos a veces tan peque&ntilde;os que caben en una mano. <strong>Deseos caducos ya al nacer<\/strong>, que mueren entre los dedos. Hacemos colas eternas para lograrlos, para poseerlos por un instante. <strong>Y, una vez logrados, no nos hacen felices.<\/strong> Porque no todos los deseos nos hacen felices.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez la felicidad no llega con la satisfacci&oacute;n de los deseos. No, es verdad, un deseo despierta otro y as&iacute; en una cadena interminable. Nunca estamos plenamente satisfechos, nunca plenamente felices. Por eso es tan importante que nos preguntemos: <strong>&iquest;Qu&eacute; deseo en el fondo del coraz&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; mueve mis pasos? &iquest;Qu&eacute; hace que me levante cada d&iacute;a?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Los deseos pueden quitarnos la paz o darnos la vida. Cuando no los vivimos como un don, como una gracia que no saca de la pasividad, nos destruyen<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No es malo desear, al contrario, es fundamental. <strong>El que no desea, muere. Lo importante es saber d&oacute;nde colocar nuestro deseo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;Hoy sabemos mucho del mundo, de la vida, de la cultura. Conocemos idiomas, dominamos las estad&iacute;sticas y hemos estudiado historia. Pero <strong>seguimos siendo unos ignorantes de nuestro propio mundo interior. No sabemos qu&eacute; deseamos de verdad. Nuestra inteligencia emocional es escasa<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No sabemos enfrentar nuestros conflictos interiores, nuestras luchas del alma. <strong>No sabemos cuidar nuestros v&iacute;nculos. Queremos retener y quitamos la vida. No nos damos por entero por miedo.<\/strong> Queremos poseer y enjaulamos almas. No nos conocemos de verdad.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Y a veces nuestros deseos peque&ntilde;os y ego&iacute;stas se convierten en nuestro camino de vida. Vivimos divididos<\/strong> por dentro, rotos, inseguros y buscamos la paz en deseos que no podemos hacer realidad, ni tan siquiera retener por unos segundos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es curioso ver c&oacute;mo tantas personas rompen con el camino que segu&iacute;an porque quieren hacer realidad deseos<\/strong> que han descubierto en el alma, deseos nuevos, tambi&eacute;n caducos. Creen entonces que han desperdiciado su vida sin dar cabida a sus verdaderos deseos. &iquest;Inmadurez del alma? &iquest;Desconocimiento de uno mismo?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Somos unos ignorantes en lo que al coraz&oacute;n se refiere. Miramos hacia fuera, no nos detenemos a mirar en nuestro interior<\/strong>. Los deseos son un motor, pero no son el fin de nuestra vida. No hemos nacido para realizar deseos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El deseo es una fuerza interior que nos mueve, que alimenta nuestra capacidad para ponernos en camino, para amar, para dar la vida. El amor verdadero coloca los deseos en su sitio<\/strong>. Tiene que ser un amor m&aacute;s grande el que le d&eacute; sentido a la vida.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hay deseos que destruyen el coraz&oacute;n y el mundo que nos rodea. Hace unos d&iacute;as me volv&iacute;a a confrontar en una persona con la debilidad de nuestro coraz&oacute;n, con la fragilidad de los deseos. Deseamos mucho y el mundo no nos concede nuestros deseos. 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