{"id":30603,"date":"2016-06-11T01:34:35","date_gmt":"2016-06-11T06:34:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-deseas\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:35","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:35","slug":"que-deseas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-deseas\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 deseas?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El otro d&iacute;a le&iacute;a una publicidad sugerente: &laquo;Hay deseos que cambian el mundo&raquo;. Es verdad. Hay deseos que cambian el mundo, que lo hacen mejor de lo que es.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay deseos grandes que no caben en el coraz&oacute;n y por eso se desbordan y dan vida a muchos. <strong>Deseos que sacan lo mejor de las personas, que construyen sobre roca firme<\/strong>, que elevan la vida y la hacen mejor de lo que es.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>hay deseos que nos sacan de nuestra comodidad<\/strong>, de la rutina, de la pereza y nos hacen ponernos en camino, porque merece la pena luchar, dar la vida por algo valioso, porque no podemos quedarnos quietos. <strong>Deseos que son mejores que nosotros mismos, porque nos hablan de Dios<\/strong> y de lo que Dios puede hacer en nosotros. Deseos nobles que despiertan lo m&aacute;s puro del alma.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Muchos de esos deseos han cambiado el mundo<\/strong>, lo han transformado, lo han hecho m&aacute;s humano, m&aacute;s de Dios. Son deseos por los que muchos hombres han dado su vida. Han vivido, han amado, han renunciado, por hacer posible ese deseo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cristo vivi&oacute; el deseo de amar hasta el extremo<\/strong>. Dese&oacute; ser carpintero, como su padre. Dese&oacute; conocer a Dios, su Padre, a quien tanto amaba. Dese&oacute; vivir en Nazaret tantos a&ntilde;os esperando a que otros deseos grandes y nobles le hicieran abandonar a los suyos y seguir su camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Esos deseos llegaron un d&iacute;a y entonces <strong>dese&oacute; pescar en su lago, no s&oacute;lo peces, sino hombres y darles esperanza. Dese&oacute; sanar a todos los enfermos, devolver la vista a los ciegos<\/strong>, liberar a los cautivos, mostrar el sentido de nuestro camino, del amor, de la misericordia.<br \/> &nbsp;<br \/> Dese&oacute; perdonar todos los pecados de los hombres, los m&aacute;s visibles, los m&aacute;s ocultos. <strong>Dese&oacute; resucitar a los muertos, porque &Eacute;l era la vida<\/strong> y devolver la alegr&iacute;a a los rostros llenos de amargura, porque es dolorosa la tristeza. <strong>Dese&oacute; el infinito en una vida finita<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dese&oacute; dar la vida por todos, sin saltarse a ninguno. Dese&oacute; cambiar el coraz&oacute;n de los que estaban llenos de envidias, celos y odios. <strong>Dese&oacute; abrazar tantas vidas heridas<\/strong>, rotas, muertas. Levantar a hombres ca&iacute;dos. Devolver la dignidad a los que la hab&iacute;an perdido.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dese&oacute; retirarse a orar con su Padre<\/strong>, tantas veces como pudo, cuando el deseo de estar solo era muy fuerte. Dese&oacute; hacer comprender a los violentos el camino de la paz. Dese&oacute; que la mirada de los hombres fuera pura y para eso &Eacute;l siempre mir&oacute; con pureza.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dese&oacute; un mundo m&aacute;s justo, m&aacute;s verdadero, m&aacute;s de Dios, y entreg&oacute; la vida.<\/strong> Dese&oacute; un d&iacute;a celebrar con los suyos aquella &uacute;ltima cena, porque los quer&iacute;a tanto, porque present&iacute;a el final. Dese&oacute; llegar a todos, que todos lo comprendieran, que todos cambiaran de vida. <strong>Dese&oacute; amar a todos y que todos lo supieran. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Desde la cruz los mir&oacute;, conmovido, vac&iacute;o, lo hab&iacute;a dado todo. All&iacute; deseaba que su vida entregada fuera una fuente de la que manara agua para la vida eterna. <strong>Sus sue&ntilde;os, aparentemente fracasados, se hicieron fecundos al ser enterrados.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Porque la semilla muere para dar fruto. Porque la renuncia siempre trae vida. Porque <strong>merece la pena entregarlo todo. <\/strong>Y sus sue&ntilde;os dieron fruto.<br \/> &nbsp;<br \/> Muchos hombres siguieron un d&iacute;a sus palabras, se enamoraron de sus gestos, comprendieron la grandeza de su amor. S&iacute;, <strong>hay tantos santos enamorados de Dios\u2026<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Santos de grandes alturas, de deseos profundos. Santos que amaron y renunciaron. Que desearon y lucharon. Santos enamorados, con ra&iacute;ces profundas en Dios. Santos con deseos hondos y grandes.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque si el coraz&oacute;n no desea nada es que est&aacute; muriendo, est&aacute; perdiendo la esperanza o se ha llenado de amargura. El deseo da vida, despierta lo m&aacute;s puro que tenemos dentro. S&iacute;, hay deseos que cambian el mundo. Lo han cambiado tantas veces. Lo siguen cambiando hoy.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay sue&ntilde;os que enaltecen y elevan. Por eso es importante hacernos esta pregunta: &iquest;Qu&eacute; deseamos?&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El otro d&iacute;a le&iacute;a una publicidad sugerente: &laquo;Hay deseos que cambian el mundo&raquo;. Es verdad. Hay deseos que cambian el mundo, que lo hacen mejor de lo que es. &nbsp; Hay deseos grandes que no caben en el coraz&oacute;n y por eso se desbordan y dan vida a muchos. 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