{"id":30611,"date":"2016-06-11T01:34:53","date_gmt":"2016-06-11T06:34:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-vivir-en-paz-con-la-contradiccion\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:53","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:53","slug":"como-vivir-en-paz-con-la-contradiccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-vivir-en-paz-con-la-contradiccion\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo vivir en paz con la&nbsp;contradicci\u00f3n?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">No s&eacute; bien si el deseo de escribir surge antes que el deseo de leer. No s&eacute; si uno tiene antes necesidad de contar lo que vive en el alma o de leer lo que alguien vive en el alma. No s&eacute; si es antes el deseo de abrazar o de ser abrazado, de amar o de ser amados. No tengo claro si necesitamos hablar antes que escuchar, o descansar antes que correr o es al rev&eacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez todo est&eacute; unido, tal vez no importe tanto qu&eacute; viene antes. Lo importante es que hay cosas que est&aacute;n &iacute;ntimamente entrelazadas en este camino de la vida. Como si el hombre estuviera integrado de tal forma por sus deseos que la sucesi&oacute;n entre uno y otro fuera un acto casi simult&aacute;neo.<br \/> &nbsp;<br \/> Es por eso que <strong>deseo escribir y leer, amar y ser amado, llegar y salir, comenzar y acabar. Es por eso que cuando hablo quiero escuchar y cuando escucho deseo hablar con toda el alma<\/strong>. Son como los dos pies de un mismo paso, el d&iacute;a y la noche unidos al atardecer o al amanecer, el alma y el cuerpo que son una sola cosa, el comienzo y el fin de un nuevo cap&iacute;tulo.<br \/> &nbsp;<br \/> Creo que est&aacute;n tan unidos los deseos que cuando deseo algo deseo al mismo tiempo lo siguiente. Y cuando algo temo, temo tambi&eacute;n algo diferente o parecido. As&iacute; somos.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces nos queremos dividir, queremos compartimentar la vida, las emociones, los pensamientos. Queremos clasificar, ordenar, distinguir. Queremos ser todo o nada a un mismo tiempo, queremos tocar ya el cielo y abrazar la tierra.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>a veces nos perdemos en ese intento de alcanzar la plenitud. Y nos conformamos con ser hoy de una forma y ma&ntilde;ana de otra<\/strong>. Nos quedamos en la median&iacute;a. No levantamos el vuelo. <strong>Separamos, aclaramos, distinguimos, pero no integramos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>acabamos separando el momento de sosiego del momento de intensidad laboral. Dividimos la diversi&oacute;n y el esfuerzo, lo extraordinario y la rutina, el placer y la obligaci&oacute;n. Nos abruma pensar que todo pueda darse en un mismo momento y preferimos distanciar las realidades.<\/strong> Para no confundirnos.<br \/> &nbsp;<br \/> Leemos hoy un poco, escribimos, abrazamos, corremos, llamamos, escuchamos. Y somos la misma persona en todo lo que hacemos. Es <strong>esa realidad cambiante en la que lo permanente es lo que somos en lo m&aacute;s hondo del alma<\/strong>. Lo que no cambia nunca. Es la semilla que plant&oacute; Dios un d&iacute;a. El original tesoro que coloc&oacute; con cari&ntilde;o.<br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute; no cambiamos, somos nosotros mismos, sin enga&ntilde;o, sin maquillaje. Con una ropa o con otra, en una conversaci&oacute;n o en otra, en un escenario o en el siguiente. All&iacute; no hay un antes ni un despu&eacute;s. Somos el mismo deseo que se sucede de un momento a otro ininterrumpidamente.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos experimentamos fr&aacute;giles y torpes pero infinitos al mismo tiempo. Queremos tocar el cielo y acariciamos la tierra. Corremos hasta las alturas y nos quedamos mirando el suelo. Somos la plenitud y el vac&iacute;o, la presencia y la ausencia<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Somos de Dios y del mundo<\/strong>, del cielo y de la tierra. Somos eternos y caducos, sencillos y complejos. Somos ese deseo de Dios pronunciado desde la eternidad y hecho carne en silencio. Eso nos da mucha paz. <strong>Las contradicciones del coraz&oacute;n descansan en su coraz&oacute;n de Padre. S&oacute;lo en &Eacute;l todo se ordena desordenadamente. Todo se integra. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Porque <strong>pretender ordenarlo todo no tiene tanto sentido, no vale la pena. Nos basta con buscarle a &Eacute;l cada d&iacute;a<\/strong>, en cada hora. Buscar su rostro, desear abrazar sus pasos.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a Khalil Gibran: &laquo;<em>Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los d&iacute;as feos, y si puedes nutrir tu vida desde la presencia de Dios. Quiero saber si puedes vivir con fallas, tuyas y m&iacute;as, y todav&iacute;a pararte en la orilla del lago y gritar a la luna llena plateada: &iexcl;S&iacute;!<\/em>&raquo;. Vivir as&iacute;, con toda el alma, con todos los deseos.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>Caminar al lado de Dios y vivir de su sue&ntilde;o. Desear su abrazo y abrazarlo lentamente. Ser lo que &Eacute;l desea para mi vida, torpemente, con l&iacute;mites y decir que s&iacute;. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando lleguemos al cielo veremos todo con mayor claridad. El camino y la meta, el deseo y su realizaci&oacute;n<\/strong>. Veremos que muchos deseos quedaron insatisfechos. Y muchos otros cobran sentido al llegar a sus brazos.<br \/> &nbsp;<br \/> Veremos tambi&eacute;n cu&aacute;ntas personas nos sostuvieron y c&oacute;mo sostuvimos a otros. <strong>Veremos lo que provoc&oacute; nuestro amor y tambi&eacute;n nuestro pecado. Veremos el sentido del tiempo entregado<\/strong>, de la renuncia, del sacrificio, como un surco horadado en la tierra. Veremos r&iacute;os de luz que despertaron nuestros pasos. Y el descanso que provoc&oacute; dar la vida por algo, por alguien.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>En el camino no lo vemos<\/strong>. Vemos hilos, cuerdas que nos atan, recuerdos que nos han unido en alg&uacute;n momento. Vemos pasos, sombras, luces. Nos confundimos al interpretar y no valoramos tanto lo que hacemos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No vemos la fuerza de la oraci&oacute;n, ni de la acci&oacute;n, ni de las palabras. No entendemos cu&aacute;nto nos sostiene la oraci&oacute;n de tantos. El amor secreto, el amor manifiesto, el amor callado. Estamos atados por dentro, los unos a los otros. <\/strong>Lazos humanos que permanecer&aacute;n en el cielo, para siempre.&nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban No s&eacute; bien si el deseo de escribir surge antes que el deseo de leer. No s&eacute; si uno tiene antes necesidad de contar lo que vive en el alma o de leer lo que alguien vive en el alma. 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