{"id":30613,"date":"2016-06-11T01:34:56","date_gmt":"2016-06-11T06:34:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-maravilloso-poder-sanador-de-la-misericordia\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:56","slug":"el-maravilloso-poder-sanador-de-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-maravilloso-poder-sanador-de-la-misericordia\/","title":{"rendered":"El maravilloso poder sanador de la&nbsp;misericordia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hoy el Evangelio nos lleva a mirar al hermano con misericordia<\/strong>. A mirar a Cristo en el que camina con nosotros. Nos lleva a reflexionar en nuestra actitud cuando vemos errores y defectos en aquel al que amamos. &iquest;Qu&eacute; hacemos cuando vemos una fragilidad en alguien cercano? &iquest;C&oacute;mo lo miramos? &iquest;Cambiamos respecto a &eacute;l?<\/p>\n<p align=\"justify\"> Jes&uacute;s conoce el coraz&oacute;n humano. Cuando amamos a alguien, a veces queremos que sea perfecto, que sea lo que yo he so&ntilde;ado, lo que necesito, que responda a mis expectativas y a mis ideales. Y cuando descubrimos que es de barro, o que ha cambiado, cuando vemos su limitaci&oacute;n, su incapacidad, su pecado, nos alejamos decepcionados, nos enfadamos, como si nosotros fu&eacute;semos perfectos. Nos sentimos traicionados. Nuestra mirada cambia. Y no se nos olvida esa limitaci&oacute;n, esa ca&iacute;da. Durante mucho tiempo el resto de cosas que esa persona haya hecho no cuentan. S&oacute;lo brilla su fallo. Lo tratamos de acuerdo a su limitaci&oacute;n. Se lo recordamos siempre con palabras, silencios o gestos. A veces delante de otros.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Nos cuesta amar al otro tal como es. Con su verdad, no con la que yo imagino, con su historia, con su don y su pecado, con su nombre, con sus heridas, con sus sombras y sus sue&ntilde;os. Nos cuesta mucho que conozcan nuestra fragilidad. La tapamos. Nos da miedo que no nos quieran, que nos rechacen. No queremos arriesgarnos. Si somos honestos, eso nos pasa a todos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Deber&iacute;a ser que, al darnos cuenta de la debilidad del otro, lo am&aacute;semos m&aacute;s. En ese momento, frente a nosotros, esa persona est&aacute; indefensa, vulnerable, se ha ca&iacute;do ese muro que todos tenemos para ocultar lo que no nos gusta de nosotros. Nuestra mirada de acogimiento o de juicio puede levantarle o da&ntilde;arle por mucho tiempo. Necesita que le digamos que lo queremos, que estamos con &eacute;l, que le ayudamos y no nos vamos a alejar, que no lo juzgamos, que nos sigue pareciendo maravilloso, que seguimos confiando en &eacute;l. Que nosotros tambi&eacute;n somos fr&aacute;giles. Que siempre se puede volver a empezar. Necesita ser sostenido y abrazado.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Quiz&aacute;s todos recordamos alguna vez que nos mostramos vulnerables frente a alguien y su amor sin reproches, sin condiciones, sin juicio, su mirada de cari&ntilde;o y de perd&oacute;n, su abrazo, nos san&oacute; profundamente. O recordamos la herida cuando no fue as&iacute;, esa herida que nos duele todav&iacute;a. Hace falta mucha humildad para aceptar que otro nos conozca como somos. Hace falta mucho amor para quedarnos cuando el otro ha fallado, para seguir amando sin creernos superiores.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es ese amor verdadero, que ha madurado en la cruz, que no es ego&iacute;sta, que piensa en el otro y no en uno. As&iacute; ama Dios. Cuando caemos &Eacute;l sale a nuestro encuentro dici&eacute;ndonos que nos quiere como somos, que cree en nosotros, nos abraza y nos perdona. <strong>Nos da una nueva oportunidad. Est&aacute; enamorado de nuestra peque&ntilde;ez. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Lo cierto es que desde nuestra peque&ntilde;ez siempre podemos crecer. <\/strong>Pero, &iexcl;cu&aacute;nto nos cuesta ser educados y corregidos! Todos queremos mejorar y crecer. Pero queremos que ese milagro del cambio ocurra sin esfuerzo, sin sufrimiento, sin dolor. Creemos que las metas se alcanzan sin exigencias y sin trabajo. La pereza nos ancla y nos limita. No nos sentimos capaces de crecer, de llegar m&aacute;s lejos y nos conformamos con los m&iacute;nimos, con lo que hay. Es m&aacute;s f&aacute;cil conformarse y aceptar la botella medio vac&iacute;a, que so&ntilde;ar con llenarla exigi&eacute;ndonos luchar m&aacute;s. El esfuerzo nos parece demasiado grande.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero Dios no quiere que nos quedemos con los brazos cruzados. Es necesario luchar. Incluso, como dec&iacute;a el P. Kentenich, luchar con Dios hasta que nos muestre algo del camino al que nos llama, el ideal que ha so&ntilde;ado para nosotros: <em>&laquo;As&iacute; como Jacob luch&oacute; con Dios toda la noche hasta el amanecer, as&iacute; todo luchador de Dios, que sea creador de historia, debe caminar por la noche oscura de la incertidumbre e inseguridad espirituales. Debe abrirse paso a trav&eacute;s de las debilidades morales, de impotencias, de abulia religiosa, hasta alcanzar la luz, la claridad espiritual, la profundidad religiosa y la fuerza moral necesarias. Debe luchar con Dios hasta que le revele su rostro, hasta que lo bendiga con la bendici&oacute;n del conocimiento, de la certeza, de la audacia y de la victoriosidad&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\"><strong>[1]<\/strong><\/a>. <\/em><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> La vida espiritual no es un camino de rosas, sencillo, como una cuesta por la que nos dejamos llevar. En la vida es necesario esforzarnos, luchar, entregarlo todo sin escatimar esfuerzos. Muchas veces descubrimos solos aquello en lo que podemos mejorar. En otras ocasiones es la comunidad la que nos ayuda, como hoy nos lo recuerda el profeta: <em>&laquo;Te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les dar&aacute;s la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: -&iexcl;Malvado, eres reo de muerte!, y t&uacute; no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morir&aacute; por su culpa, pero a ti te pedir&eacute; cuenta de su sangre; pero si t&uacute; pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, &eacute;l morir&aacute; por su culpa, pero t&uacute; has salvado la vida&raquo;. <\/em><em>Ezequiel 33, 7-9<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> De la misma forma Jes&uacute;s nos anima a vivir lo mismo: <em>&laquo;<\/em><em>Si tu hermano peca, repr&eacute;ndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, d&iacute;selo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, consid&eacute;ralo como un gentil o un publicano&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> Nos cuesta aceptar las correcciones y evitamos entonces las cr&iacute;ticas, las opiniones de los dem&aacute;s, por miedo al esfuerzo que supone cambiar y escuchar lo que nos dicen y no nos gusta. No reaccionamos bien cuando nos corrigen. No queremos dejar de hacer las cosas como las hacemos. Nos cuesta salir de nuestro pecado. Nos parece imposible cambiar cuando llevamos tantos a&ntilde;os actuando de una determinada manera. Puede que sea el orgullo, la vanidad, el pensar que lo hacemos todo bien.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Lo cierto es que nos resulta dif&iacute;cil aceptar las correcciones. Hace falta mucha humildad para acoger lo que nos dicen. Cuando lo hacemos vemos c&oacute;mo nos est&aacute; hablando Dios. El Se&ntilde;or quiere que nos dejemos modelar como barro en sus manos. Pero, cuando tenemos teor&iacute;as para todo lo que nos ocurre y nos sentimos seguros, es dif&iacute;cil aceptar otras teor&iacute;as. Nos cerramos en nuestra verdad y cuesta reconocer que los otros puedan tener raz&oacute;n en sus planteamientos. <strong>El orgullo, la vanidad, nos hacen rocosos y r&iacute;gidos, poco abiertos a escuchar, poco flexibles para los cambios. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Jes&uacute;s nos pide adem&aacute;s que ayudemos a los hombres a crecer en su camino.<\/strong> Sin condenarlos, con humildad y mucho amor y respeto, con infinita misericordia. &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil ser una atalaya desde la que ayudar a otros a crecer! &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta corregir con cari&ntilde;o a las personas a las que queremos! Nuestro estilo debe ser el de Jes&uacute;s. Mirar con misericordia, con comprensi&oacute;n, con ternura, con paciencia, con admiraci&oacute;n por lo sagrado del otro, protegiendo su fama, preocup&aacute;ndonos s&oacute;lo por &eacute;l, no por nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy Jes&uacute;s nos dice que somos responsables los unos de los otros. As&iacute; vivi&oacute; &Eacute;l. Dignificando al otro. Mirando al pecador con cari&ntilde;o, creyendo en &eacute;l, rescatando lo bueno que tiene. As&iacute; perdon&oacute; al Buen ladr&oacute;n, sin condiciones, sin recordarle su pecado. As&iacute; mir&oacute; a Pedro en el lago y s&oacute;lo le pregunt&oacute; si lo amaba. As&iacute; levant&oacute; a la ad&uacute;ltera y la protegi&oacute; del odio de los hombres. Jes&uacute;s frente al pecador es misericordioso. Mira el coraz&oacute;n, el pecado y la sed, el miedo y la necesidad de ser perdonado, el arrepentimiento y el anhelo de ser tocado y empezar de nuevo. Jes&uacute;s toca con sus manos, nunca se aleja, perdona y levanta. No rechaza. No se queda con los perfectos, con los que no han ca&iacute;do. Trata la debilidad con mucho amor.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ojal&aacute; aprendi&eacute;ramos a corregir con amor, como hac&iacute;a Jes&uacute;s. Cuando nos sabemos amados, es m&aacute;s f&aacute;cil avanzar. Como Don Bosco dec&iacute;a:<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><em>&laquo;<\/em><em>Mi pedagog&iacute;a es hija del amor. Si quieres que se te obedezca, hazte amar. Si quieres ser amado, ama. Pero a&uacute;n te falta algo m&aacute;s, tus educandos no s&oacute;lo deben ser amados por ti, sino que tienen que tomar conciencia de ello. &iquest;C&oacute;mo? Preg&uacute;ntale a tu coraz&oacute;n, &eacute;l lo sabe con certeza<\/em><em>&raquo;<\/em><em>. <\/em>Parece imposible amar as&iacute;, pero ese amor sin medida es nuestra medida. Como dec&iacute;a San Francisco de Sales: <em>&laquo;<\/em><em>Jam&aacute;s podremos amar demasiado o suficientemente. &iexcl;Qu&eacute; alegr&iacute;a amar sin temor a exagerar! Porque cuando se ama en Dios jam&aacute;s hay que temer ni lo m&aacute;s m&iacute;nimo<\/em><em>&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> No es f&aacute;cil amar as&iacute; y ser capaces de decir a alguien que ha fallado con mucho amor. No vale de cualquier forma. Tenemos que tener la mirada de Jes&uacute;s. Lo primero siempre es no juzgar, mirarnos a nosotros mismos y reconocer ese pecado en nosotros tambi&eacute;n. Despu&eacute;s es bueno callar, guardar sigilo y no hablar de eso con nadie. Cuando callamos no rebajamos al otro, no lo humillamos, no nos creemos superiores ni en posesi&oacute;n de la verdad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Adem&aacute;s es fundamental rezar mucho. Intentar comprenderle y ponernos en su lugar. A veces conociendo su historia, sus heridas, es m&aacute;s f&aacute;cil ser comprensivos y entender sus reacciones. Si pensamos que esa persona necesita de nosotros, que nosotros somos las personas indicadas para decirle algo, porque somos autoridad moral, porque es responsabilidad nuestra, porque le queremos de verdad y pensamos que a nosotros nos gustar&iacute;a que lo hiciesen con nosotros, entonces debemos hablar con mucha delicadez y humildad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Tal vez nos asusta su posible reacci&oacute;n. No nos creemos poseedores de la verdad y nos da miedo equivocarnos. Tal vez nos da miedo perder su amor y cercan&iacute;a. Porque es verdad que muchas personas se alejan cuando les llevan la contraria, cuando son corregidos, cuando les proponen cambios, cuando les hacen ver su error. Se cierran en su herida. No se abren a escuchar cosas nuevas. <strong>Por eso es tan importante aprender a decir las cosas con delicadeza y mucho amor<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Nada se logra sin un amor verdadero que le d&eacute; sentido a la correcci&oacute;n<\/strong>. Es importante hablar desde nuestro barro y con mucho respeto. La debilidad del otro lo hace vulnerable y lo deja desprotegido frente a nosotros. Hace falta un amor muy grande. Normalmente nosotros somos muy francos y poco delicados. Podemos hablar desde lo que nos molesta, desde nuestra opini&oacute;n fr&iacute;a, sin tomar en cuenta lo que siente el otro. Jes&uacute;s nos dice que lo hagamos <em>&laquo;a solas&raquo; <\/em>en primer lugar. Eso habla de la delicadeza de su coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En ese <em>&laquo;a solas&raquo;<\/em> hay muchas cosas impl&iacute;citas. Para no humillar al otro, para que no se sienta inferior, para que no se sienta acosado, para que se pueda defender y sentir acogido, para que no pierda el respeto de los dem&aacute;s y elija &eacute;l c&oacute;mo y a qui&eacute;n quiere mostrarlo. Cuidar su fama, su imagen, como si fuese la nuestra. Si esa persona cambia, no decir que fue gracias a nosotros. Aprender a respetar su proceso, el momento en el que est&aacute;, su tiempo para cambiar, confiar en que puede cambiar si se esfuerza. Si yo creo en &eacute;l, &eacute;l podr&aacute; creer que es posible comenzar de nuevo. Pedirle a Dios que nos ayude a mirarlo como &Eacute;l lo mira, con infinito cari&ntilde;o, con respeto, sin rechazarlo, poni&eacute;ndonos en su lugar, sin dejar de ver lo bueno que tiene.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Adem&aacute;s es importante ser capaces de decir lo bueno con frecuencia. A veces tendemos a destacar m&aacute;s lo malo que lo bueno. Al mismo tiempo, seg&uacute;n la situaci&oacute;n, podemos tambi&eacute;n mostrar nuestra limitaci&oacute;n, baj&aacute;ndonos de nuestra torre de perfecci&oacute;n. El amor humilde y sincero enaltece y purifica. Saca lo m&aacute;s verdadero de nuestro coraz&oacute;n. Cuando amamos queremos que la persona a la que amamos crezca y sea mejor, sea aquella persona que Dios quiere que llegue a ser.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Somos responsables los unos de los otros. Estamos unidos en lo m&aacute;s profundo. El amor nos une con un v&iacute;nculo indeleble. Queremos aprender a amar con ese amor del que nos habla Jes&uacute;s. Un amor sin medida, exagerado, loco. Un amor as&iacute; es un amor que forma, que educa. Nuestra vida est&aacute; entra&ntilde;ablemente unida a la de aquellos que Dios nos ha confiado. Queremos amarlos con todo el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero, en ocasiones, en aras de un falso respeto, callamos y no hacemos nada. El amor exige y ayuda al amado a crecer, a saltar obst&aacute;culos. Lo que decimos puede ser una gran ayuda. A veces dejamos pasar las ocasiones para ayudar a los que Dios nos ha confiado. Les hacemos, por miedo o pereza, un flaco favor. Y entonces, por nuestra culpa, no crecen, no avanzan. En ocasiones, puede que lo acertado sea callar y no decir nada, ser pacientes, esperar, pasar muchas cosas por alto. No es bueno decirlo todo, no siempre aporta. No podemos querer siempre corregir a los dem&aacute;s en todo, destacar lo que tienen que cambiar, mostrarles su debilidad. <strong>A veces podemos hacerlo porque nos molesta, no pensando en lo que el otro puede mejorar, sino s&oacute;lo en desahogarnos. Hay que pensarlo y rezar.<\/strong><\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Jornada de Octubre 1949<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy el Evangelio nos lleva a mirar al hermano con misericordia. A mirar a Cristo en el que camina con nosotros. Nos lleva a reflexionar en nuestra actitud cuando vemos errores y defectos en aquel al que amamos. &iquest;Qu&eacute; hacemos cuando vemos una fragilidad en alguien cercano? &iquest;C&oacute;mo lo miramos? &iquest;Cambiamos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-maravilloso-poder-sanador-de-la-misericordia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl maravilloso poder sanador de la&nbsp;misericordia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30613","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30613","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30613"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30613\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30613"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30613"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30613"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}