{"id":30614,"date":"2016-06-11T01:34:58","date_gmt":"2016-06-11T06:34:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/te-cuesta-escuchar-a-dios-revisa-tu-corazon\/"},"modified":"2016-06-11T01:34:58","modified_gmt":"2016-06-11T06:34:58","slug":"te-cuesta-escuchar-a-dios-revisa-tu-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/te-cuesta-escuchar-a-dios-revisa-tu-corazon\/","title":{"rendered":"\u00bfTe cuesta escuchar a Dios? Revisa tu&nbsp;coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Con el paso del tiempo cada vez lo veo m&aacute;s claro: escuchamos con el coraz&oacute;n, no con los o&iacute;dos.<\/strong> Por eso, cuando el coraz&oacute;n se endurece, perdemos el o&iacute;do, la capacidad de escuchar a los hombres y a Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El salmo de hoy nos lo recuerda: <em>&laquo;<\/em><em>Ojal&aacute; escuch&eacute;is hoy su voz. No endurezc&aacute;is vuestro coraz&oacute;n<\/em><em>&raquo;. <\/em>Escuchamos con el coraz&oacute;n, vemos la vida con nuestro interior, miramos con los ojos del alma. Juzgamos la realidad desde lo que hay en el fondo de nuestro ser.<\/p>\n<p align=\"justify\"> A veces desconocemos de d&oacute;nde vienen nuestros miedos y desconfianzas. Vienen de ese lugar sagrado, del oc&eacute;ano que hay en nosotros. Lo que se queda en la cabeza se acaba olvidando. Esa memoria es muy d&eacute;bil. La verdadera memoria no se encuentra en el cerebro. Los recuerdos importantes est&aacute;n guardados en el coraz&oacute;n. All&iacute; reposan los acontecimientos m&aacute;s valiosos de nuestra vida, las experiencias m&aacute;s hondas. Los amores m&aacute;s profundos, las heridas m&aacute;s dif&iacute;ciles. Tantos recuerdos cargados de emociones.<\/p>\n<p align=\"justify\"> All&iacute; guardamos a sangre y fuego los acontecimientos relevantes en nuestra vida y ya nunca se olvidan. Nuestro subconsciente entonces rebosa de recuerdos. Algunos positivos, otros negativos. Hay cosas que podremos llegar a olvidar, pero siguen ah&iacute;, en lo m&aacute;s profundo. Muchas veces no recordaremos los detalles, los aspectos accidentales de la vida. Olvidaremos las fechas, incluso los nombres y los rostros. Pero lo cierto es que lo que qued&oacute; grabado en el coraz&oacute;n permanece all&iacute; para siempre, protegido en nuestras entra&ntilde;as, seguro.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y esa memoria viva es la que determina nuestra forma de comportarnos, nuestra alegr&iacute;a natural o nuestra tristeza habitual. Esos recuerdos nos condicionan en nuestras reacciones, aunque no comprendamos bien de qu&eacute; recuerdos se tratan. Por eso es tan importante que Dios entre ah&iacute;, en lo m&aacute;s hondo del alma, en los rec&oacute;nditos pliegues del coraz&oacute;n. Que entre y purifique. Que limpie y ordene. Pero cuando nuestra experiencia religiosa no capta por entero el coraz&oacute;n, ser&aacute; una experiencia superficial, que con el tiempo llega a olvidarse.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Mientras tanto, si Dios ha entrado en lo m&aacute;s hondo, en el subconsciente, ya no olvidamos. En esa tierra sagrada Dios tendr&aacute; su morada. All&iacute; est&aacute; el o&iacute;do, all&iacute; la memoria, all&iacute; est&aacute; lo m&aacute;s verdadero. <strong>All&iacute; nos habla Dios y nosotros escuchamos. Y cuando el coraz&oacute;n se endurece, perdemos el o&iacute;do. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Entonces no escuchamos a los hombres y no sabemos escuchar a Dios<\/strong>. En esta sociedad en la que hay tanto movimiento, tantos ruidos, hemos perdido el silencio y la interioridad. El hombre de hoy no sabe d&oacute;nde est&aacute; su n&uacute;cleo interior. No sabe d&oacute;nde reposa su coraz&oacute;n. No entiende sus emociones. Desconoce lo que de verdad desea. Vivimos volcados sobre el mundo, rotos, sin un n&uacute;cleo que nos centre.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Como dec&iacute;a el P. Kentenich:<em> &laquo;Las acciones que realiza el hombre de hoy no tienen un nexo subterr&aacute;neo que las una, ni surgen de una misma ra&iacute;z o n&uacute;cleo personal. De ah&iacute; la discontinuidad del pensamiento, de los sentimientos y de la voluntad. Sus acciones no brotan de una base coherente. El n&uacute;cleo personal se ha deteriorado gravemente. Hoy se debe aplicar m&aacute;s que nunca la pedagog&iacute;a de los ideales&raquo;<\/em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\"><em><strong>[1]<\/strong><\/em><\/a><em>. <\/em>No sabemos hacia d&oacute;nde vamos. No logramos comprender d&oacute;nde somos m&aacute;s felices.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iquest;Qui&eacute;n nos centra? S&oacute;lo en Dios nos encontramos con nosotros mismos. S&oacute;lo en su coraz&oacute;n hallamos la paz perdida. Queremos aprender a escuchar a Dios. Pero para eso tenemos que comprender que &Eacute;l est&aacute; a mi lado, que va conmigo. Donde dos o tres se re&uacute;nen en su nombre. All&iacute; donde un hombre abre su coraz&oacute;n y le dice que s&iacute; a Dios. All&iacute;, en el coraz&oacute;n pobre y sencillo de Mar&iacute;a, la esclava de Dios. All&iacute;, en mi coraz&oacute;n que, a imagen de Mar&iacute;a, quiere ser un jard&iacute;n de Dios, una morada para ese Dios que me quiere con locura.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Dice Carlos de Foucauld: <em>&laquo;<\/em><em>Y es en la soledad, en esta vida a solas con Dios, en el recogimiento profundo del alma que olvida todo lo creado para vivir s&oacute;lo en uni&oacute;n con Dios, donde Dios se da completamente a quien se da enteramente a &Eacute;l&raquo;. <\/em>Pero, cuando no hay silencio, cuando no nos replegamos sobre nosotros mismos buscando a Dios, no escuchamos su voz. Hay demasiados ruidos que nos inquietan. Demasiadas preguntas, demasiadas demandas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y Dios nos habla de mil maneras. Nos habla en esas experiencias guardadas en el coraz&oacute;n. Nos habla en esas palabras que se han quedado prendidas del alma. Nos habla en susurros apenas audibles. Nos habla en insinuaciones del Esp&iacute;ritu que nos vuelven a enamorar. Dios nos aguarda y tiembla al mirar nuestros pasos fr&aacute;giles. Se conmueve ante nuestra debilidad y vulnerabilidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me da miedo que mi coraz&oacute;n un d&iacute;a se vuelva duro e insensible, intransigente y r&iacute;gido, acomodado y con poca luz, opaco y mustio. S&iacute;, me da miedo que el coraz&oacute;n se seque y se convierta en una piedra fr&iacute;a y sin alma. Cuando el coraz&oacute;n se endurece, no somos capaces de escuchar las voces m&aacute;s profundas. No logramos guardar nada en la memoria. No aceptamos las voces de Dios en boca de los hombres. No queremos dejar lo que nos da seguridad. El miedo se hace fuerte y encadena el coraz&oacute;n. <strong>S&iacute;, cuando nos endurecemos no somos el barro blando en manos del alfarero, dejamos de ser esa tierra arada en la que puede entrar suavemente la semilla. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hay muchas voces a nuestro alrededor y con frecuencia corremos el riesgo de confundirnos.<\/strong> El mundo grita. Los hombres exigen. Las vidas que nos rodean esperan tanto de nosotros. Nuestra propia conciencia nos cuestiona e inquieta. Nuestros deseos nos mueven a buscar sue&ntilde;os imposibles y a anhelar lo que a&uacute;n no poseemos. Esas voces estridentes pueden quitarnos la paz. Esas voces suaves y seductoras pueden llevarnos por otros caminos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iquest;C&oacute;mo distinguir entre tantas voces la voz de Dios? &iquest;C&oacute;mo conocer su lenguaje, las palabras que &Eacute;l usa para llevarme hasta &Eacute;l? &iquest;C&oacute;mo seguir sus deseos cuando mis deseos gritan aparentemente con m&aacute;s fuerza? Nos cuesta ponernos en movimiento y seguir la voz del que nos llama. Puede ser que nos hayamos quedado en nuestra posici&oacute;n, sin querer cambiar, porque estamos convencidos de que eso es lo que Dios nos pide. &iquest;D&oacute;nde nos habla Dios? &iquest;D&oacute;nde nos sugiere cambios y nuevos caminos?<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ojal&aacute; escuchase hoy y siempre la voz de Dios. Ojal&aacute; mi coraz&oacute;n se mantuviera siempre fresco, de carne, h&uacute;medo, abierto, flexible. S&iacute;, un coraz&oacute;n as&iacute; est&aacute; abierto a la vida. Un coraz&oacute;n as&iacute; es un coraz&oacute;n grande en el que muchos caben y encuentran descanso. Un coraz&oacute;n as&iacute; no tiene miedo a las ofensas, a los ataques, a la vida misma. Un coraz&oacute;n as&iacute; siempre est&aacute; abierto a cambiar, a perder comodidades, a recorrer con valent&iacute;a rutas desconocidas, a dar saltos audaces. Un coraz&oacute;n as&iacute; se arriesga, porque no ha cortado el cord&oacute;n que lo une &iacute;ntimamente con Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero es dif&iacute;cil confiar, arriesgar en la vida y aceptar hacer cosas nuevas. Puede ser que la vida misma nos exija aceptar esos cambios. Tendremos que cambiar y no nos quedar&aacute; m&aacute;s remedio que desandar el camino recorrido o madurar para enfrentar los nuevos desaf&iacute;os. &iquest;Por qu&eacute; nos angustia tanto tener que cambiar actitudes y modos de hacer las cosas? &iquest;Por qu&eacute; nos asustan los caminos nuevos y los desaf&iacute;os? En la vida lo importante es caminar abierto a lo que pueda venir. Sin temor a perder. Sin temor a cambiar. Sin miedo a avanzar por caminos nuevos. O a recorrer algunos ya pisados. &iquest;Qu&eacute; importa tener que volver atr&aacute;s? No importa nada. Perder y ganar. Recordar y olvidar. Construir y volver a levantar.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>Un coraz&oacute;n abierto a la vida, a las voces, a las preguntas es un coraz&oacute;n anclado en el coraz&oacute;n de Dios. <\/strong><br \/><strong>A lo mejor lo que sucede es que ya no sabemos escuchar<\/strong>. Dec&iacute;a Jorge Bucay: <em>&laquo;<\/em><em>Escuchar es escuchar. Y no solamente hacer una pausa en lo que digo y permitir que, mientras cojo aire, el otro se d&eacute; el lujo de decir algunas palabras. Escuchar es escuchar. Y no una atenta y selectiva b&uacute;squeda m&aacute;s o menos concentrada en el parlamento de otros, de las palabras que me sirvan para enlazar con arte mi propio argumento. Como si una conversaci&oacute;n fuera un encuentro con un compa&ntilde;ero que aportara ideas para permitirme explayar mi pensamiento. Escuchar es escuchar. Y se diferencia de intercambiar turnos de oratoria con otro que tampoco escucha&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\"><strong>[2]<\/strong><\/a>. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hablamos mucho y escuchamos poco. O&iacute;mos voces y ruidos, pero nos cuesta mucho prestar atenci&oacute;n. Escuchar es escuchar con el coraz&oacute;n, abriendo el alma, atentos a lo nuevo que hay en aquel que se acerca. Hoy hay muchas personas que necesitan hablar, contar lo que les ocurre y encontrar a alguien que los escuche. Hay muchas personas que no encuentran esos corazones abiertos y acogedores y sufren la soledad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Deber&iacute;amos aprender a escuchar m&aacute;s a las personas, descubrir en ellas el querer de Dios. Deber&iacute;amos ser capaces de sorprendernos siempre ante lo que nos dicen, aunque lo repitan muchas veces. Sorprendernos al ver que Dios nos habla en las palabras de los hombres, torpes y limitadas; limitadas como las nuestras. Abrirnos a los que buscan algo de consuelo y paz.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dec&iacute;a el Papa Francisco: <em>&laquo;<\/em><em>Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida&raquo;. <\/em>S&iacute;, muchas personas viven desorientadas. Necesitan que las escuchemos, que tengamos tiempo para ellas.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ojal&aacute; me conmueva siempre al ver la huella de Dios en la piel imperfecta del que me quiere decir algo. En su voz est&aacute; la voz de Dios que no tiene sonido. En su voz est&aacute; el amor de Dios que quiere comunicarse. Y necesita que mi coraz&oacute;n est&eacute; blando, sea de carne, tenga grietas por las cuales pueda colarse su voz, su amor, su presencia invisible. Mi coraz&oacute;n necesita reconocerse herido, en camino, necesitado, para poder abrirse a lo nuevo, a lo que nos dicen, a la sorpresa, al cambio. <strong>Cuando pienso que ya lo s&eacute; todo, cuando me creo seguro de mi posici&oacute;n, cuando no veo defectos en mi carne, cuando me coloco en una posici&oacute;n superior, pierdo la capacidad de aprender, de escuchar, de crecer.<\/strong><\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich, Jornada pedag&oacute;gica 1950 ,<br \/>\n <em>Pedagog&iacute;a para educadores cat&oacute;licos<\/em>\n <\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n <a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> Jorge Bucay,<br \/>\n <em>20 pasos hacia delante<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Con el paso del tiempo cada vez lo veo m&aacute;s claro: escuchamos con el coraz&oacute;n, no con los o&iacute;dos. Por eso, cuando el coraz&oacute;n se endurece, perdemos el o&iacute;do, la capacidad de escuchar a los hombres y a Dios. El salmo de hoy nos lo recuerda: &laquo;Ojal&aacute; escuch&eacute;is hoy su voz. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/te-cuesta-escuchar-a-dios-revisa-tu-corazon\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfTe cuesta escuchar a Dios? 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