{"id":30621,"date":"2016-06-11T01:35:14","date_gmt":"2016-06-11T06:35:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dificil-arte-de-aprender-a-abandonarse-en-las-manos-de-dios-2\/"},"modified":"2016-06-11T01:35:14","modified_gmt":"2016-06-11T06:35:14","slug":"el-dificil-arte-de-aprender-a-abandonarse-en-las-manos-de-dios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dificil-arte-de-aprender-a-abandonarse-en-las-manos-de-dios-2\/","title":{"rendered":"El dif\u00edcil arte de aprender a abandonarse en las manos de&nbsp;Dios"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La vida no siempre nos va a sonre&iacute;r. A veces la tormenta, el viento que nos viene de cara, parecen ser un obst&aacute;culo en el camino y ponen en peligro la estabilidad de nuestros cimientos: &laquo;Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario&raquo;. En esos momentos, como los disc&iacute;pulos, tenemos miedo y nos asusta perder la vida. Se nos olvida que, en medio de la oscuridad, Jes&uacute;s est&aacute; a nuestro lado, caminando sobre las aguas, dispuesto a calmar nuestra ansiedad: &laquo;De madrugada se les acerc&oacute; Jes&uacute;s, andando sobre el agua. Los disc&iacute;pulos, vi&eacute;ndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jes&uacute;s les dijo en seguida: -&iexcl;&Aacute;nimo, soy yo, no teng&aacute;is miedo!&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Las palabras de Jes&uacute;s nos tranquilizan, nos hacen tener esperanza, nos levantan el &aacute;nimo deca&iacute;do. Nos quitan ese miedo enfermizo que con frecuencia nos paraliza. No queremos tener miedo, aunque sabemos que es un sentimiento frecuente en el coraz&oacute;n. Nuestra vida es muy fr&aacute;gil y una decisi&oacute;n de un momento puede cambiarlo todo. Un acontecimiento inesperado, un diagn&oacute;stico con el que no cont&aacute;bamos.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a me comentaba una persona: &laquo;Estoy convencida de que Dios todo lo hace bien y permite este sufrimiento para santificar por &eacute;l a mi padre; &iquest;para qu&eacute; otra cosa estamos aqu&iacute; m&aacute;s que para aspirar a la Vida Eterna? Conf&iacute;o en que Dios nos siga permitiendo vivir estos momentos abandonados en su infinito amor&raquo;. Vivir as&iacute; en la turbulencia de las olas, en la inestabilidad de la barca de la vida que parece a punto de zozobrar, es un aut&eacute;ntico milagro, un don de Dios, una obra de arte hecha por el Esp&iacute;ritu Santo en nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero lo cierto es que no siempre vivimos con la certeza de saber que es Cristo el que camina a nuestro lado y surgen las dudas: &laquo;Pedro le contest&oacute;: -Se&ntilde;or, si eres t&uacute;, m&aacute;ndame ir hacia ti andando sobre el agua&raquo;. Pedro quiere una prueba razonable porque duda; o mejor dicho, quiere un milagro, algo extraordinario que aumente su fe. No se conforma con la voz de Cristo, no cree que sea &Eacute;l de verdad, cree que es un fantasma, o tal vez un producto de su imaginaci&oacute;n temerosa.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay muchas personas que ven que su vida de fe se debilita sin poder hacer nada. No conf&iacute;an y no saben abandonarse, dudan, no ven a Dios y quieren controlarlo todo. El P. Kentenich nos lo recuerda: &laquo;Vivimos en una era de debilitamiento de la fe y de la vida de fe. Especialmente en tiempos como &eacute;stos, existen muchas personas que para su conversi&oacute;n esperan milagros y signos extraordinarios, visibles, palpables&raquo; .<br \/> &nbsp;<br \/> La fe debilitada busca signos que nos recuerden si caminamos por el camino adecuado. Busca hechos extraordinarios. El coraz&oacute;n quiere encontrarse con Dios, quiere caminar con &eacute;l, como dice hoy el salmo: &laquo;Mu&eacute;stranos, Se&ntilde;or, tu misericordia y danos tu salvaci&oacute;n. Voy a escuchar lo que dice el Se&ntilde;or: -Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. El Se&ntilde;or nos dar&aacute; la lluvia, y nuestra tierra dar&aacute; su fruto&raquo;. Sal 84, 9ab-10. 11-12. Es la fe que quiere construirse sobre signos incuestionables, signos sorprendentes que convenzan.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, cuando suceden, como relata Wanda en el diario sobre su amistad con Juan Pablo II, no es tan f&aacute;cil aceptar la gratuidad del amor de Dios, creer que Dios se manifiesta milagrosamente en nuestra vida. Cuando Wanda vive el milagro de su curaci&oacute;n, y comprueba que ha desaparecido el tumor, no puede soportar esa liberaci&oacute;n milagrosa: &laquo;Dios hace conmigo lo que quiere; nunca hab&iacute;a sentido tan claramente mi dependencia de Dios. Todo lo que nos rodea est&aacute; en sus manos. Pero siento algo en mi interior, como una especie de rebeli&oacute;n, quiero conservar algo propio. Tuve mis dolores, mi voluntad de someterme y ahora, no tengo nada. &iexcl;Dios m&iacute;o, perd&oacute;name esta falta de gratitud y esta soberbia humana!&raquo; .<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Depender de Dios de esa forma, experimentar un milagro en nosotros, nos parece excesivo. Es como si ya no pudi&eacute;ramos ser due&ntilde;os de nuestra vida; como si nos quitaran el control sobre el dolor y la muerte. Ante ese amor gratuito e inesperado de Dios surge el desconcierto y nos sentimos perdidos.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso es tan necesario aprender a agradecer en la vida. Es nuestro aprendizaje m&aacute;s importante, la roca m&aacute;s s&oacute;lida. Nos cuesta recibir las cosas sin haber pagado por ellas antes, sin que sean fruto de nuestro esfuerzo. Nos cuesta no controlar la vida y ver que todo es un don, un milagro que no exigimos; que nada de lo que nos ocurre es merecido.<br \/> &nbsp;<br \/> Wanda sent&iacute;a en su coraz&oacute;n este desconcierto: &laquo;No puedo entregarlo todo. Me parece que a causa de ese gesto de gracia divina, yo ya no existo. Existo en la medida en que &Eacute;l quiso que yo viviese, pero esto quiz&aacute; sea un sinsentido, porque aquella &laquo;primera vida&raquo; vino de &Eacute;l y a trav&eacute;s de &Eacute;l, &iquest;por qu&eacute; no la vi? &iquest;Por qu&eacute; no puedo tomarme la vida como un regalo de Dios?&raquo; .<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta mucho agradecer las cosas que recibimos a diario como un regalo. As&iacute; nos lo recuerda Juan Pablo II: &laquo;Ojal&aacute; fu&eacute;ramos capaces de dar gracias con la misma devoci&oacute;n con que sabemos pedir. La gratitud siempre nos pone de una manera particular ante la Persona&raquo; . La gratuidad del amor de Dios nos quita nuestras defensas.<br \/> &nbsp;<br \/> No merecemos el amor y sentimos que no tenemos c&oacute;mo pagarlo. Por eso perdemos la vida buscando m&eacute;ritos para devolver lo recibido. A Pedro no le basta el consuelo del Se&ntilde;or sobre las aguas, la seguridad de ver sus pasos firmes en medio de las aguas revueltas. No acepta la gratuidad del milagro, quiere hacer algo, quiere controlar &eacute;l las circunstancias. Por eso exige poder &eacute;l caminar sobre las aguas. Por eso pide el milagro de lo imposible, se rebela ante la gratuidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Igual que nosotros nos sentimos indignos y queremos hacer algo, cuando descubrimos que Dios nos ha llenado de un amor que no es correspondencia por nuestra entrega.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La vida no siempre nos va a sonre&iacute;r. 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