{"id":30633,"date":"2016-06-11T01:35:39","date_gmt":"2016-06-11T06:35:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pide-docilidad-aprenderas-a-vivir-de-otra-forma\/"},"modified":"2016-06-11T01:35:39","modified_gmt":"2016-06-11T06:35:39","slug":"pide-docilidad-aprenderas-a-vivir-de-otra-forma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pide-docilidad-aprenderas-a-vivir-de-otra-forma\/","title":{"rendered":"Pide docilidad: aprender\u00e1s a vivir de otra&nbsp;forma"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> La actitud del rey Salom&oacute;n ante la vida siempre me impresiona. Dios le pregunta qu&eacute; es lo que pide y Salom&oacute;n no pide lo que era de esperar. No pide una vida larga, ni &eacute;xito en sus empresas, ni fecundidad, ni riquezas, ni siquiera paz en su reino. No, Salom&oacute;n pide docilidad y sabidur&iacute;a para decidir como rey.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa actitud conmueve a Dios. <strong>Docilidad para escuchar su voluntad y hacer realidad sus deseos. &iquest;Qu&eacute; le pido a Dios al dar un paso importante en mi vida?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Salom&oacute;n lo que pide es <strong>un coraz&oacute;n para estar al servicio de los dem&aacute;s<\/strong>. Salom&oacute;n quiere que Dios sea el criterio de decisi&oacute;n en su vida, en cada paso del camino. Docilidad. &iexcl;Qu&eacute; bonita palabra! &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil vivirla!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Muchas veces le pedimos a Dios ser felices, plenos, tener &eacute;xito en la vida. Tal vez por eso hay tantas frustraciones en el alma<\/strong>. Pedimos lo que nadie nos puede asegurar. Nos obsesionan el dinero, el &eacute;xito, la fama.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos preparamos bien pensando en todo lo que podemos alcanzar. So&ntilde;amos con los mejores sueldos y el ascenso m&aacute;s envidiado.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos encanta despertar admiraci&oacute;n y que los dem&aacute;s deseen lo que tenemos. Una empresa de &eacute;xito que triunfe en todo el mundo. Una idea genial que encuentre la gloria. Estar en el momento oportuno. Saber escalar posiciones. Utilizar a las personas en la medida en la que nos son &uacute;tiles para lograr nuestros fines. <strong>&iquest;Le pedimos a Dios docilidad y sabidur&iacute;a para la vida?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pedir docilidad es aprender a vivir de otra forma<\/strong>. Quisi&eacute;ramos ser d&oacute;ciles para escuchar lo que Dios nos pide, para acoger otras opiniones, para estar dispuestos a aprender cada d&iacute;a. Pero la verdad es que <strong>la docilidad no es algo tan atractivo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Decimos que alguien es demasiado d&oacute;cil, que no tiene fuerza de car&aacute;cter, que se deja llevar por la opini&oacute;n de los otros, arrastrar por la marea. Suponemos que la docilidad nos convierte en personas in&uacute;tiles, dependientes, influenciables, faltos de car&aacute;cter y de decisi&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> La palabra docilidad nos parece un sin&oacute;nimo de debilidad. Pero no es as&iacute;, es una palabra muy rica en contenido.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando deseamos aprender algo en alg&uacute;n campo o vemos importante mejorar en nuestra vida personal, nos ponemos voluntariamente bajo la tutela de alguien que conoce y domina el tema, con el fin de progresar r&aacute;pidamente y por un camino seguro.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La docilidad es el valor que nos hace tener la suficiente humildad y capacidad para considerar y aprovechar la experiencia y conocimientos que los dem&aacute;s tienen<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La docilidad nos ayuda a ser m&aacute;s sencillos<\/strong>, pues nos dispone a escuchar con calma y atenci&oacute;n, a considerar las sugerencias que nos hacen y a tomar decisiones m&aacute;s serenas y prudentes a partir de la informaci&oacute;n recibida.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero no es f&aacute;cil ser d&oacute;ciles. <strong>Nos gusta imponer nuestro criterio<\/strong>. No nos gusta someternos a los criterios de los otros. Nos cuesta pedir ayuda y dejarnos complementar.<br \/> &nbsp;<br \/> Miramos a Jes&uacute;s. &Eacute;l fue d&oacute;cil en su camino en la tierra y nos ense&ntilde;a c&oacute;mo vivir<strong>. La actitud interior de Jes&uacute;s es la docilidad. Es ni&ntilde;o, es hijo, es fiel a Dios en su coraz&oacute;n. <\/strong>Mar&iacute;a model&oacute; su coraz&oacute;n. Jes&uacute;s fue d&oacute;cil en las manos de Mar&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Se hizo d&oacute;cil a sus deseos y a los deseos de su Padre. Hasta el punto de afirmar que su &uacute;nico alimento era hacer la voluntad de Dios. Jes&uacute;s es obediente, d&oacute;cil a su querer. Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a que <strong>la actitud interior es lo que realmente importa.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Cuando Jes&uacute;s habla de actos u obras exteriores, rompe lanzas por un cierto minimalismo. Vale decir que no pone tanto el acento en los actos u obras exteriores en s&iacute; mismos, sino m&aacute;s bien en cuanto son expresi&oacute;n de un sentimiento o actitud interior<strong>. Lo esencial es pues la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n<\/strong>. S&iacute;, es en nuestro interior donde tiene que operarse una transformaci&oacute;n<\/em><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&raquo;[1].<br \/> &nbsp;<br \/> Los actos en su apariencia pueden ser parecidos. La motivaci&oacute;n que nos lleva a realizarlos puede ser muy distinta. Le pedimos a Mar&iacute;a que nos ense&ntilde;e a ser d&oacute;ciles, a tener los sentimientos de Cristo, a ser como &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Soy d&oacute;cil cuando me corrigen? &iquest;Me dejo guiar<\/strong> por otras personas? &iquest;Acepto s&oacute;lo las correcciones de aquellas personas a las que admiro y respeto? &iquest;Acepto que me den consejos v&aacute;lidos incluso en aquellos campos que creo dominar? &iquest;Me dejo educar por otros? Son preguntas dif&iacute;ciles.<br \/> &nbsp;<br \/> La vida nos muestra que muchas veces no somos nada d&oacute;ciles. Tampoco con Dios. No aceptamos sus caminos. Nos rebelamos ante sus deseos. Nos asustamos al pensar en la cruz. Nos da miedo su fracaso en lo alto del madero.<br \/> &nbsp;<br \/> La docilidad que nos lleva a dar la vida nos parece excesiva y temblamos. <strong>Queremos ser d&oacute;ciles pero s&oacute;lo hasta cierto punto<\/strong>, con una cierta medida, pero no sin medida. El amor de Jes&uacute;s no tiene medida, no conoce l&iacute;mites, obedece hasta el final.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La actitud del rey Salom&oacute;n ante la vida siempre me impresiona. Dios le pregunta qu&eacute; es lo que pide y Salom&oacute;n no pide lo que era de esperar. No pide una vida larga, ni &eacute;xito en sus empresas, ni fecundidad, ni riquezas, ni siquiera paz en su reino. 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