{"id":30634,"date":"2016-06-11T01:35:41","date_gmt":"2016-06-11T06:35:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tesoro-persigues\/"},"modified":"2016-06-11T01:35:41","modified_gmt":"2016-06-11T06:35:41","slug":"que-tesoro-persigues","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tesoro-persigues\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 tesoro persigues?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy Jes&uacute;s utiliza dos par&aacute;bolas para explicar c&oacute;mo es el Reino de Dios en la tierra: &laquo;<em>El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegr&iacute;a, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los cielos se parece tambi&eacute;n a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo compara con un tesoro escondido, con una perla fina. Sabemos que no es oro todo lo que reluce. Pero el Reino de Dios s&iacute; es oro verdadero. <strong>Hoy nos gusta ponerle un precio a todas las cosas<\/strong>. Le ponemos precio a los bienes, a las personas incluso. Tambi&eacute;n los futbolistas tienen su precio. Algunos valen poco, otros mucho.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces el precio no se pone por el valor de lo que se vende, sino por el poder adquisitivo de quien est&aacute; dispuesto a adquirirlo. Tienes mucho, puedes pagar mucho. Si hay mucha oferta, el precio baja.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Es dif&iacute;cil saber el valor real de las cosas.<\/strong> Se convierte en algo subjetivo, cambiante. El famoso valor de mercado le pone precio a las cosas, a la vida misma.<br \/> &nbsp;<br \/> En esta &eacute;poca de crisis todo vale mucho y tenemos poco para comprar. Pero todos caemos en el peligro del que nos hablaba el Papa Francisco: &laquo;<em>El antiguo culto al becerro de oro ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero. Hoy no manda el hombre sino el dinero. <strong>&iexcl;El dinero debe servir y no gobernar!<\/strong><\/em><strong>&raquo;.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos hemos vuelto consumistas, esclavos<\/strong>. Compramos aunque no necesitemos. Deseamos poseer y la publicidad despierta el deseo de adquirir cosas nuevas. No compramos tesoros. Porque un tesoro no se pone a la venta, se guarda para siempre. Simplemente adquirimos cosas que luego podemos tirar para adquirir cosas nuevas. Compramos lo que nos es &uacute;til y lo que no resulta &uacute;til.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces las personas valen por los bienes que poseen. O valen m&aacute;s si nos son &uacute;tiles<\/strong> y necesarias en un determinado momento.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En ocasiones deseamos adquirir algo y nos obsesionamos<\/strong>. Estamos dispuestos a pagar mucho, a endeudarnos. Deseamos una casa, un viaje, un sue&ntilde;o que puede hacerse realidad. Perdemos la raz&oacute;n y el sentido. Y si no alcanzamos lo que deseamos, nos desesperamos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Son tesoros peque&ntilde;os, m&iacute;n<\/strong><strong>imos, intrascendentes. Todos ellos dejan nuestro anhelo de eternidad insatisfecho<\/strong>. Jes&uacute;s nos habla del Reino oculto y hallado. Lo m&aacute;s valioso, aquello por lo que merece la pena darlo todo, es el verdadero tesoro en nuestra vida. Es la belleza escondida en el coraz&oacute;n. El tesoro, nuestro propio tesoro, <strong><em>&iquest;qu&eacute; es lo que buscamos en la vida? &iquest;Qu&eacute; perseguimos, qu&eacute; anhelamos?<\/em><\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El tesoro te lo encuentras. Donde est&aacute; tu tesoro all&iacute; est&aacute; tu coraz&oacute;n. Descubrirlo y poseerlo se convierte en la m&aacute;xima prioridad en nuestra vida. Aunque no siempre sabemos d&oacute;nde buscar. <strong>Creemos que el tesoro est&aacute; muy lejos de nosotros. Pero est&aacute; cerca<\/strong>. Lo dejamos todo para poseerlo. Somos capaces de renunciar a otras cosas por el tesoro que hemos encontrado. Deseamos un tesoro que no est&aacute; a la venta, que parece inalcanzable.<br \/> &nbsp;<br \/> Es el tesoro que encontramos cuando no lo buscamos, o a lo mejor nos sale al encuentro en medio de la b&uacute;squeda. Es un tesoro que nos cambia la vida para siempre. Una piedra preciosa que merece la pena. <strong>&iquest;Qu&eacute; puede valer tanto como para que merezca la pena venderlo todo con tal de adquirirlo? Es el Reino de Dios, es ese amor de Dios que nos transforma<\/strong>, es su presencia viva y llena de esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;. <strong>El tesoro escondido es Cristo<\/strong>. En nuestra vida se esconde como un tesoro y a veces pasamos de largo buscando otros tesoros sin valor. A lo mejor nos hace falta tener esa mirada que Dios tiene para distinguir lo que realmente vale la pena.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>Hace falta descansar m&aacute;s en el coraz&oacute;n de Dios para no vivir perdidos. Anclados en la tierra y anclados al mismo tiempo en el cielo<\/strong>. Queremos vivir entre los hombres y reposar en el coraz&oacute;n de Dios. Conocer la turbulencia de la vida, los conflictos, las injusticias, el dolor y la falta de paz y abrazar la esperanza de una vida plena.<br \/> &nbsp;<br \/> Mirar cara a cara la muerte y la vida,&nbsp;vivir confiados aunque hayamos visto&nbsp;de qu&eacute; color se viste la traici&oacute;n. Acariciar el desamor casi sin saberlo pero creer siempre que merece la pena amar. Recoger heridos por el camino con alma de buen samaritano. Fracasar y volver a empezar, sin miedo, con esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> Mirar con ojos humanos la realidad con sus dificultades y alegr&iacute;as, pero saber tambi&eacute;n caminar con una mirada divina. Saber ver debajo de la tierra, en lo invisible. No dejarse llevar por las modas, por las corrientes, por el valor de mercado.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El tesoro en esta vida se encuentra escondido y no es evidente. Las personas sencillas lo captan con prontitud<\/strong>. Las que est&aacute;n acostumbradas a buscar cinco pies al gato no encuentran lo que buscan. Lo importante es no dejar nunca de buscar.<br \/> &nbsp;<br \/> El que anhela un tesoro para su vida es un buscador. Dec&iacute;a Khalil Gibran: &laquo;<em>No me interesa saber a qu&eacute; te dedicas. Quiero saber qu&eacute; es lo que a&ntilde;oras y si te atreves a so&ntilde;ar o alcanzar lo que tu coraz&oacute;n ans&iacute;a. No me interesa saber qu&eacute; edad tienes. Quiero saber si te arriesgar&aacute;s a parecer un loco por amor, por tus sue&ntilde;os, por la aventura de estar vivo<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ser buscador significa estar en camino<\/strong>. Significa no tenerlo todo claro y seguir caminando buscando el tesoro. Significa estar dispuestos a dejarnos hacer cada d&iacute;a, sin miedo. Ser buscador es ser peregrino. No un poseedor, sino un caminante. Sin todas las respuestas, con muchas preguntas. Anhelando un tesoro, siempre buscando.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy Jes&uacute;s utiliza dos par&aacute;bolas para explicar c&oacute;mo es el Reino de Dios en la tierra: &laquo;El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegr&iacute;a, va a vender todo lo que tiene y compra &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tesoro-persigues\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfQu\u00e9 tesoro persigues?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30634","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30634","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30634"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30634\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30634"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30634"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30634"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}