{"id":30637,"date":"2016-06-11T01:35:46","date_gmt":"2016-06-11T06:35:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8btu-tienes-un-ideal-propio-sabes-cual-es\/"},"modified":"2016-06-11T01:35:46","modified_gmt":"2016-06-11T06:35:46","slug":"%e2%80%8btu-tienes-un-ideal-propio-sabes-cual-es","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8btu-tienes-un-ideal-propio-sabes-cual-es\/","title":{"rendered":"\u200bT\u00fa tienes un ideal propio, \u00bfsabes cu\u00e1l&nbsp;es?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En la peque&ntilde;a semilla ya est&aacute; todo lo que podemos llegar a ser. <strong>En ocasiones esperamos ver se&ntilde;ales, grandes signos <\/strong>y le exigimos a Dios que nos muestre su presencia. Pero no la vemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Vemos m&aacute;s el mal que nos rodea. La violencia, el odio, la divisi&oacute;n, el desenfreno. Quiz&aacute;s por eso hoy nos atrae tanto ver signos extraordinarios, que se salgan de lo habitual y hagan m&aacute;s presente la fuerza de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos atraen las sanaciones impresionantes, las conversiones espectaculares. <strong>No creemos tanto en los milagros silenciosos, sin p&uacute;blico, ocultos<\/strong>. En esa semilla que crece sin ser vista.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>Jes&uacute;s nos anima a creer en todo lo que no vemos<\/strong>. Es verdad que no vemos el bien que sucede todos los d&iacute;as, no vemos ese amor que se entrega silenciosamente, las vidas santas que no salen en las noticias. La presencia de Dios hace menos ruido al crecer. Como esa semilla de mostaza que crece lentamente, oculta bajo la tierra.<br \/> &nbsp;<br \/> Aun as&iacute;, no estamos llamados a quedarnos quietos, sin hacer nada. Es necesario preparar el terreno. &iquest;C&oacute;mo se cuida la semilla para que no muera antes de tiempo y pueda dar fruto abundante?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;C&oacute;mo respetar la vida para que la semilla llegue a ser lo que est&aacute; llamada a ser?<\/strong> &iquest;C&oacute;mo se cuida el amor de Dios en nuestro coraz&oacute;n para no olvidarnos de lo importante? &iquest;C&oacute;mo aspiramos a crecer dejando que Dios vaya trabajando nuestra tierra?<br \/> &nbsp;<br \/> No es tan sencillo. <strong>La tierra se seca f&aacute;cilmente y se endurece. Cuesta la educaci&oacute;n. Cuesta trabajar el coraz&oacute;n<\/strong>. En la semilla est&aacute; el germen de todo lo que podemos llegar a ser.<br \/> &nbsp;<br \/> El padre Jos&eacute; Kentenich lo llamaba el <strong>ideal personal, el sue&ntilde;o de Dios con nosotros<\/strong>. En nosotros est&aacute; el germen del rostro de Cristo que estamos llamados a reflejar con nuestra vida. Cristo est&aacute; presente en ese silencio, oculto en el interior de mi alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Es necesario trabajar la tierra para que est&eacute; esponjosa y albergue la semilla que ha de morir para dar vida.&nbsp;<strong>Trabajar la tierra supone tiempo, exige esfuerzo. Es la tierra de nuestro coraz&oacute;n<\/strong>. Muchas veces es una tierra &aacute;rida, seca, llena de rocas y zarzas.<br \/> &nbsp;<br \/> Trabajar la tierra exige desmalezar, arar, <strong>profundizar, ahondar, regar. Supone dejar que el sol de Cristo la cuide. <\/strong>Nos exige abrir canales para que pueda penetrar el agua de la lluvia.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La autoeducaci&oacute;n es un imperativo del tiempo que vivimos<\/strong>. Avanzamos mucho. La tecnolog&iacute;a cada vez recorre m&aacute;s caminos nuevos. <strong>Parece imposible vislumbrar hasta d&oacute;nde pueden llegar la ciencia o la medicina. Sin embargo, en lo esencial, en su autoconocimiento, el hombre es un extra&ntilde;o para s&iacute; mismo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Desconoce el oc&eacute;ano de su alma. <strong>Vive confundido, tenso, nervioso. No sabe para qu&eacute; ha nacido.<\/strong> No conoce el &aacute;rbol que se corresponde con la semilla que tiene en sus manos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No sabe para qu&eacute; es &uacute;til<\/strong>, para qu&eacute; sirve, en qu&eacute; posici&oacute;n jugar&iacute;a mejor. Ignora sus talentos. Desconoce sus capacidades.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ojala conoci&eacute;ramos cada vez m&aacute;s el campo de nuestra alma, los r&iacute;os y las fuentes que hay en &eacute;l, las heridas<\/strong>, las monta&ntilde;as y los desiertos, la ciza&ntilde;a y el trigo, la semilla oculta.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos ponemos en manos de <strong>Mar&iacute;a para que nos ense&ntilde;e a cuidar lo bueno, a tener paciencia con lo dif&iacute;cil y segar cuando est&eacute; maduro<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Creo que el trabajo de la autoeducaci&oacute;n es una aventura que merece la pena. Es la aventura de ser plenamente hombres y <strong>hacer que nuestro campo sea el que Dios ha so&ntilde;ado.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;ntas veces vivo hacia fuera sin mirar en lo hondo, desconociendo lo que hay en m&iacute;, buscando reconocimiento, sin saber yo mismo lo que me pasa! En 1912 el Padre Kentenich les hablaba a unos j&oacute;venes sobre este tema.<br \/> &nbsp;<br \/> Les hac&iacute;a ver la importancia de tomarse en serio su autoeducaci&oacute;n: &laquo;<em>M&aacute;s tarde seremos as&iacute; como somos ahora, como lo que hagamos ahora de nosotros. Tenemos la tarea de conocer las capacidades de nuestra alma<\/em>&raquo;[2].<br \/> &nbsp;<br \/> En ese tiempo ya era importante. Ahora, cuando vivimos tan volcados hacia el exterior, la necesidad es a&uacute;n m&aacute;s imperiosa. <strong>Es necesario conocer el alma<\/strong>. Es necesario saber c&oacute;mo es nuestra tierra, qu&eacute; le hace bien, qu&eacute; necesita.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es fundamental descubrir la semilla y lo que estamos llamados a ser<\/strong>, lo que podemos llegar a ser si nos dejamos educar y conducir por Mar&iacute;a en el camino.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban En la peque&ntilde;a semilla ya est&aacute; todo lo que podemos llegar a ser. En ocasiones esperamos ver se&ntilde;ales, grandes signos y le exigimos a Dios que nos muestre su presencia. Pero no la vemos. &nbsp; Vemos m&aacute;s el mal que nos rodea. La violencia, el odio, la divisi&oacute;n, el desenfreno. 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