{"id":30642,"date":"2016-06-11T01:35:57","date_gmt":"2016-06-11T06:35:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/te-cansa-sufrir-siempre-la-misma-debilidad\/"},"modified":"2016-06-11T01:35:57","modified_gmt":"2016-06-11T06:35:57","slug":"te-cansa-sufrir-siempre-la-misma-debilidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/te-cansa-sufrir-siempre-la-misma-debilidad\/","title":{"rendered":"\u00bfTe cansa sufrir siempre la misma&nbsp;debilidad?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En el camino de la vida ponemos piedras, levantamos torres, abrimos caminos, elevamos puentes, horadamos t&uacute;neles. Nos esforzamos, entrenamos, no nos conformamos con el m&iacute;nimo.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos vinculamos a las personas, a las cosas, a la vida. <strong>Echamos ra&iacute;ces, amamos, nos vinculamos<\/strong>, sembramos semillas, jugamos el partido de la vida con pasi&oacute;n. Disfrutamos del presente y nos vinculamos forjando v&iacute;nculos profundos, como dec&iacute;a el P. Kentenich: &laquo;<em>Podemos y debemos querer afectuosamente a seres humanos. Es tan importante hoy en d&iacute;a que seamos sanos. Las cosas no tienen s&oacute;lo la tarea de vincularnos a ellas mismas, sino tambi&eacute;n de conducirnos a Dios. S&oacute;lo entonces cumplo con el sentido de las cosas. <strong>Debemos vincularnos de forma sana, no esclavizarnos<\/strong>. Deben ser pelda&ntilde;os sanos para llegar a Dios<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>no nos hacemos esclavos del mundo, de la fama y del prestigio, de la salud y los a&ntilde;os, de la vanidad<\/strong> que pasa, de las cosas que nos ayudan a vivir, del d&iacute;a concreto que es un regalo. Nos vinculamos sanamente, porque hacen mucha falta personas sanas.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>no nos vamos del mundo, no huimos de la ciza&ntilde;a y amamos el trigo<\/strong>. Vivimos con libertad en medio de los hombres. Sabemos que <strong>hay bien y mal, trigo y ciza&ntilde;a<\/strong>. Amamos al mundo, la vida, las personas, las cosas. Disfrutamos sin miedo de lo que se nos regala. Y anhelamos una creaci&oacute;n liberada y plena, para siempre, infinita.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Echamos ra&iacute;ces sin miedo a amar. Porque nos sabemos amados por Dios<\/strong>. Aunque a veces se nos olvida su amor. Se nos olvida lo que dec&iacute;a una persona: &laquo;<em>Entiendo c&oacute;mo debe sentirse Dios tantas veces que nos grita a cada uno lo mismo, que no nos juzga, que no pasa nada que tengamos que justificar, que &Eacute;l lo sabe y nos quiere igual, nos quiere m&aacute;s a&uacute;n<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nuestro juicio sobre nosotros mismos es peor que el de Dios.<\/strong> La imagen que tenemos de nuestra vida es peor que la suya. &Eacute;l, que conoce nuestras ca&iacute;das, debilidades y carencias. &Eacute;l, que no nos juzga, nos quiere con locura y le encanta como somos. <strong>Nos ama sin condiciones. Nos ha so&ntilde;ado y est&aacute; enamorado de nuestra belleza. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Hoy Jes&uacute;s nos habla de la semilla buena y de la ciza&ntilde;a. El Reino de Dios es esa semilla buena que crece al lado de la ciza&ntilde;a: &laquo;<em>El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembr&oacute; buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dorm&iacute;a, su enemigo fue y sembr&oacute; ciza&ntilde;a en medio del trigo y se march&oacute;. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareci&oacute; tambi&eacute;n la ciza&ntilde;a. Entonces fueron los criados a decirle al amo: &#8211; Se&ntilde;or, &iquest;no sembraste buena semilla en tu campo? &iquest;De d&oacute;nde sale la ciza&ntilde;a? &Eacute;l les dijo: &#8211; Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: &#8211; &iquest;Quieres que vayamos a recogerla? Pero &eacute;l les respondi&oacute;: &#8211; No, que, al arrancar la ciza&ntilde;a, podr&iacute;ais arrancar tambi&eacute;n el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega<\/em>&raquo;. Siempre me ha impresionado esta respuesta.<br \/> &nbsp;<br \/> Alguna vez me ha tocado arrancar la mala hierba para impedir que ahogara a las otras plantas buenas en el jard&iacute;n. Lo hac&iacute;a con conciencia de misi&oacute;n y no me planteaba dejar que creciera la ciza&ntilde;a al lado de la planta buena sin quitarla.<br \/> &nbsp;<br \/> La ciza&ntilde;a es esa hierba mala que todo lo envenena. Mi primera inclinaci&oacute;n es arrancarla en cuanto la veo y acabar de una vez por todas con ella. Me da miedo que la vida verdadera muera sin hacer yo algo por impedirlo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No me parece tan f&aacute;cil la respuesta de Jes&uacute;s que deja a las dos crecer al mismo tiempo. &iquest;Y si por culpa de la ciza&ntilde;a se ahoga la semilla buena? &iquest;Y si nuestra omisi&oacute;n trae consigo la muerte?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>En la vida la ciza&ntilde;a es todo aquello que significa obst&aacute;culo, pecado, vicio<\/strong>. Es aquello que me impide avanzar en mi camino e impide que crezca el Reino de Dios con fuerza.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>La ciza&ntilde;a tiene m&uacute;ltiples rostros y caretas: el odio, la calumnia, la divisi&oacute;n, el enga&ntilde;o, la injusticia, el fraude. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ciza&ntilde;a es toda forma de ego&iacute;smo y de soberbia<\/strong>. Son nuestras propias pasiones desordenadas, que nos llevan a realizar lo que no queremos hacer. Ciza&ntilde;a es la intriga, la maledicencia, la mentira, el esc&aacute;ndalo. <strong>&iexcl;Cu&aacute;nta ciza&ntilde;a hay en nuestro propio coraz&oacute;n!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Vemos semillas buenas que quieren crecer. Vemos tambi&eacute;n la ciza&ntilde;a que me tienta y no me deja avanzar. Son esas zarzas que ahogan la semilla y le quitan la luz y el aire. Esas rocas que no nos dejan echar ra&iacute;ces hondas.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el padre Jos&eacute; Kentenich: <em>&laquo;<\/em><em> &iquest;No giramos demasiado en torno de nuestro propio y mezquino yo? <strong>&iquest;No nos hemos colocado a nosotros mismos como eje y punto central? &iquest;Qui&eacute;n es el que debe ocupar ese lugar? &iexcl;El Padre del Cielo!<\/strong><\/em><strong><em>&raquo;<\/em><\/strong><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\"><strong><em><strong>[1]<\/strong><\/em><\/strong><\/a><strong><em>.<\/em><\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La ciza&ntilde;a nos vuelve ego&iacute;stas, nos centra en nuestro deseo, nos aleja de los hombres. <strong>Nuestro pecado nos hace buscar ego&iacute;stamente nuestra propia felicidad<\/strong>, querer satisfacer inmediatamente nuestros deseos.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso, al pensar en nuestra vida, <strong>nos gustar&iacute;a acabar ya con esos pecados que son ciza&ntilde;a<\/strong>, que ahogan las plantas del alma y no nos dejan ser algo m&aacute;s de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a una persona me comentaba su <strong>frustraci&oacute;n al ver una y otra vez el mismo pecado en su examen de conciencia. &iexcl;C&oacute;mo avanzar si seguimos siempre igual! Es la tentaci&oacute;n del perfeccionismo<\/strong>, de la pureza extrema, de pensar que s&oacute;lo seremos santos cuando dejemos de pecar y erradiquemos toda ciza&ntilde;a del alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la tentaci&oacute;n de pensar que seremos m&aacute;s felices cuando no pequemos siempre de lo mismo, cuando superemos esa ciza&ntilde;a que nos ahoga. <strong>&iquest;Cu&aacute;l es la ciza&ntilde;a que tiene m&aacute;s fuerza en mi coraz&oacute;n?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s nos propone algo muy dif&iacute;cil, aparentemente casi imposible. <strong>Nos invita a tolerar vivir con la ciza&ntilde;a, dejando que crezca a la vez que la semilla buena<\/strong>. &iexcl;Pero si queremos acabar con ella inmediatamente! Nuestra reacci&oacute;n es la de los hombres que se acercan a pedir permiso para sacarla. <strong>Jes&uacute;s nos pide paciencia con nuestra propia maldad. No es f&aacute;cil. Somos impacientes. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Queremos ver resultados inmediatos.<\/strong> Nos cuesta aceptar que la ciza&ntilde;a siga viva junto con los peque&ntilde;os logros que vamos obteniendo. Esto nos ocurre al pensar en nuestra autoeducaci&oacute;n. A trav&eacute;s de nuestra alianza de amor con Mar&iacute;a nos ponemos en sus manos y dejamos que Ella nos eduque.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a no arranca toda la ciza&ntilde;a. &iexcl;Ojal&aacute; lo hiciera!, pensamos. Dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<em>No pasemos por alto que ser \u2018otra Mar&iacute;a\u2019 es la ilustraci&oacute;n cl&aacute;sica de lo que significa ser otro Cristo. Ella ha sido modelada por Cristo y a su vez es modeladora de Cristo. No perdamos de vista a Cristo tal como &Eacute;l ha cobrado forma y figura en su Sant&iacute;sima Madre<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Miramos a Mar&iacute;a porque queremos ser otros Cristos. Ella engendra a Cristo en el alma. Es cierto que el camino de la autoeducaci&oacute;n dura toda la vida. Es un camino largo y bonito. Vamos viendo avances y constatamos retrocesos. A veces creemos en la victoria final, en otras ocasiones vemos cerca el fracaso.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>aprendemos a vivir con la ciza&ntilde;a, sin miedo, sin tensi&oacute;n. Es aceptar que somos d&eacute;biles y pecadores<\/strong>. Comprobar una y otra vez nuestra torpeza y ver c&oacute;mo se mantiene vivo el pecado. &iexcl;Ojal&aacute; fu&eacute;ramos perfectos!, gritamos.<br \/> &nbsp;<br \/> La vida nos ense&ntilde;a a vivir en presente. Es el camino en el que <strong>aprendemos de nuestros errores y aceptamos que no podemos hacerlo todo bien<\/strong>. La vida nos ense&ntilde;a que <strong>el crecimiento es lento<\/strong>, que <strong>hay retrocesos<\/strong> y que la ciza&ntilde;a permanece junto a la buena semilla.<br \/> &nbsp;<br \/> Eso s&iacute;, siempre <strong>corremos el peligro de relajarnos y dejarnos estar<\/strong>. Dec&iacute;a Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna: &laquo;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><em>Conservamos muchas im&aacute;genes de monos, no para que el hombre vea de qui&eacute;n desciende, sino hasta d&oacute;nde puede descender<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Podemos descender. La semilla puede frustrar su futuro. Podemos perder las posiciones conquistadas. Nuestros sue&ntilde;os pueden quedarse en un &aacute;rbol truncado, peque&ntilde;o, fr&aacute;gil. El camino del descenso es posible cuando nos relajamos, cuando nos confiamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Es cierto que la imagen de la ciza&ntilde;a puede llevarnos a un cierto relajamiento. Como si pens&aacute;ramos: no podemos hacer nada. Pero no es as&iacute;. <strong>Tenemos que luchar. Dejar que la ciza&ntilde;a crezca con el trigo no significa abandonar nuestro esfuerzo por avanzar<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Convivir con la ciza&ntilde;a es comprender que el camino es largo y que hay ciza&ntilde;a con la que tenemos que convivir. No por ello dejamos de luchar y aspirar a ser mejores en todos los aspectos de nuestra vida.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Mi vida es Cristo<\/em>\n <\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n <a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Mi vida es Cristo<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban En el camino de la vida ponemos piedras, levantamos torres, abrimos caminos, elevamos puentes, horadamos t&uacute;neles. Nos esforzamos, entrenamos, no nos conformamos con el m&iacute;nimo. &nbsp; Nos vinculamos a las personas, a las cosas, a la vida. 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