{"id":30647,"date":"2016-06-11T01:36:07","date_gmt":"2016-06-11T06:36:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/recuerdas-cuando-descubriste-tu-vocacion-cuando-oiste-su-voz\/"},"modified":"2016-06-11T01:36:07","modified_gmt":"2016-06-11T06:36:07","slug":"recuerdas-cuando-descubriste-tu-vocacion-cuando-oiste-su-voz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/recuerdas-cuando-descubriste-tu-vocacion-cuando-oiste-su-voz\/","title":{"rendered":"\u00bfRecuerdas cuando descubriste tu vocaci\u00f3n, cuando o\u00edste su&nbsp;voz?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Una persona me contaba c&oacute;mo naci&oacute; su vocaci&oacute;n a la vida consagrada: &laquo;<em>Desde el primer momento del camino Jes&uacute;s siempre estuvo a mi lado. Me habl&oacute; en los silencios, con ellos me acariciaba. Me insinuaba lo que yo intu&iacute;a, dibujaba en mi alma lo que s&oacute;lo present&iacute;a. Era como si alguien que te conoce mejor que t&uacute; mismo pronunciara tu nombre. S&iacute;, el nombre verdadero. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Desde ese mismo d&iacute;a, en la penumbra de la tarde, reconoc&iacute; sus pasos, reconoc&iacute; mi nombre. A&uacute;n hoy no sabr&iacute;a explicarlo bien<strong>. Fue un susurro. Hubo mucho silencio y poca luz. Pero surgi&oacute; la certeza del fondo del alma. Un fuego incipiente. &Eacute;l hizo ascender la luz hasta que me deslumbr&oacute; s&uacute;bitamente. <\/strong><\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Y, desde entonces, esa luz siempre ha permanecido en lo m&aacute;s hondo. Infatigable, constante. Como la se&ntilde;al permanente de un pacto que ese mismo d&iacute;a, casi yo sin saberlo, hab&iacute;a sellado. Pero todo ocurri&oacute; en silencio, solo, callado, de rodillas, entre l&aacute;grimas. All&iacute;, en lo m&aacute;s profundo y verdadero de mi vida, vino a mi casa<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Esas palabras evocan el misterio de toda vocaci&oacute;n. <strong>Dios susurra caminos en el fondo del alma. Llama, elige, despierta y el alma tiembla.<\/strong> Nos conmovemos al ver sus manos acariciando lo profundo de nuestro ser, desvelando la semilla escondida. Entonces descubrimos lo que nos pide. En el silencio del coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Carlos Castaneda contaba en un relato sus dudas frente a qu&eacute; camino tomar, y su maestro s&oacute;lo le hizo esta pregunta: &laquo;&iquest;Ese camino tiene coraz&oacute;n? Si lo tiene, merece la pena&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando Dios nos llama a seguir sus pasos quiere que el coraz&oacute;n arda, quiere <strong>que camine el coraz&oacute;n. No camina s&oacute;lo la cabeza.<\/strong> Camina la pasi&oacute;n, el amor, lo m&aacute;s humano. Prendidos de su amor Jes&uacute;s nos mira y sostiene nuestro paso con firmeza.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute;, cada d&iacute;a, sin dejar de contemplarnos. <strong>Nos busca en el silencio, en la soledad de nuestra vida. Se adentra en lo m&aacute;s hondo de nuestro pozo. Llega hasta las ra&iacute;ces<\/strong>. Se sumerge en nuestra agua.<br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros somos como ese ni&ntilde;o que se abre a la luz de un nuevo d&iacute;a y tiembla. All&iacute;, como Mar&iacute;a en Nazaret, turbados, sin palabras, escuchamos su voz. Miramos a Mar&iacute;a, aprendemos de su s&iacute; sencillo y humilde.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Miramos a Mar&iacute;a, para que Ella engendre en nosotros a Cristo<\/strong>. La miramos, para aprender de su sencillez, de su belleza, de su s&iacute; confiado y alegre. La miramos en silencio. Aprendemos de Ella en silencio. De sus pasos ocultos, de su entrega sincera y plena.<br \/> &nbsp;<br \/> La voz de Dios baja sobre la tierra de nuestra vida y la fecunda. Lo hace en el silencio. Nos quiere hacer hondos, busca lo profundo.<br \/> &nbsp;<br \/> La semilla de Dios, su palabra, su llamada, penetra en lo m&aacute;s hondo del coraz&oacute;n. <strong>Dios nos habla en el coraz&oacute;n y nos desvela el nombre, nuestro nombre, nuestra misi&oacute;n<\/strong>, nuestro camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios nos llama a cada uno con delicadeza en el silencio de nuestra vida. <strong>En lo oculto del coraz&oacute;n es donde &Eacute;l manifiesta su poder<\/strong>, en lo m&aacute;s hondo, donde somos m&aacute;s nosotros mismos, donde estamos en paz con nuestra vida, donde nos reconocemos y somos reconocidos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios respeta nuestros tiempos<\/strong>. Nos busca, nos espera, y hace que todo crezca con calma, con lentitud, desde lo m&aacute;s profundo. Todos tenemos en el alma una zona m&aacute;s fr&aacute;gil, que se puede romper.<br \/> &nbsp;<br \/> Si la tierra no se rompe no se puede sembrar dentro. <strong>Dios convierte lo m&aacute;s vulnerable de mi alma en su puerta de entrada<\/strong>. Dios convierte mi fragilidad en fruto abundante. Mi rotura en grieta por la que &Eacute;l se desliza.<br \/> &nbsp;<br \/> Desde lo m&aacute;s peque&ntilde;o m&iacute;o, desde mi herida de amor, mi sed, mi peque&ntilde;ez, desde mi historia, desde esa debilidad que me hace sufrir. Ah&iacute; es donde la tierra se rompe, la dureza se abre y Dios pone la semilla con sus dos manos, acariciando, confiando en m&iacute; m&aacute;s que yo mismo.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Su amor es incre&iacute;ble. As&iacute; es el amor del Dios sembrador, que <strong>sale cada d&iacute;a a buscarme, que cada d&iacute;a, sin perder la paciencia, pone una o mil semillas en m&iacute;<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Y conf&iacute;a en que crecer&aacute; el mejor campo, el mejor bosque, la mejor cosecha, el jard&iacute;n m&aacute;s hermoso. Cada d&iacute;a sale a mi tierra, que para &Eacute;l es la m&aacute;s bonita, porque &Eacute;l ve en profundidad.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&Eacute;l sue&ntilde;a con un jard&iacute;n cuando yo s&oacute;lo veo tierra seca<\/strong>. &Eacute;l ve lo que puedo llegar a ser, lo que ya soy en lo escondido. La palabra de Dios irrumpe cuando menos lo esperamos y nos acompa&ntilde;a en el camino. Sin forzar, cuidando la tierra del alma: &laquo;<em>T&uacute; cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida. Riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes<\/em>&raquo;. Sal 64, 10. 11. 12-13. 14.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios sabe lo que podemos hacer, sabe lo que podemos llegar a ser. Nos conoce en lo m&aacute;s hondo del alma y hace que la vida surja. Por eso <strong>las cosas verdaderas de nuestra vida llevan su tiempo<\/strong>. Tenemos que adentrarnos en nosotros mismos, profundizar.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; la vida va creciendo. El agua del pozo aumenta, la semilla muere, la ra&iacute;z se hace honda buscando agua. <strong>Necesitamos silencio en nuestra vida, para que la sonrisa sea expresi&oacute;n de la alegr&iacute;a de vivir, de la paz del coraz&oacute;n. Necesitamos una &iacute;ntima vida interior para que surja una vida aut&eacute;ntica y verdadera<\/strong>.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Una persona me contaba c&oacute;mo naci&oacute; su vocaci&oacute;n a la vida consagrada: &laquo;Desde el primer momento del camino Jes&uacute;s siempre estuvo a mi lado. 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Era como si alguien &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/recuerdas-cuando-descubriste-tu-vocacion-cuando-oiste-su-voz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfRecuerdas cuando descubriste tu vocaci\u00f3n, cuando o\u00edste su&nbsp;voz?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30647","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30647","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30647"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30647\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30647"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30647"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30647"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}