{"id":30649,"date":"2016-06-11T01:36:14","date_gmt":"2016-06-11T06:36:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bmiradas-que-sanan-palabras-que-dan-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:36:14","modified_gmt":"2016-06-11T06:36:14","slug":"%e2%80%8bmiradas-que-sanan-palabras-que-dan-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bmiradas-que-sanan-palabras-que-dan-vida\/","title":{"rendered":"\u200bMiradas que sanan, palabras que dan&nbsp;vida"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy el Evangelio nos muestra la vida cotidiana de Jes&uacute;s: &laquo;<em>Aquel d&iacute;a, sali&oacute; Jes&uacute;s de casa y se sent&oacute; junto al lago<\/em>&raquo;. Lo cotidiano tiene a veces algo de m&aacute;gico. <strong>La vida rutinaria de los que amamos para nosotros tiene el valor &uacute;nico de conocer a la persona en su lugar<\/strong>, con sus costumbres, con su mundo.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s sali&oacute; de casa. Nos consuela pensar que Jes&uacute;s, el peregrino, el caminante, aquel que no ten&iacute;a donde reclinar la cabeza, tuvo su hogar y sus ra&iacute;ces. Lo necesit&oacute;, como nosotros lo necesitamos. Seguramente esa &eacute;poca la guard&oacute; dentro durante toda su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros tambi&eacute;n <strong>guardamos esos lugares donde crecimos y nos sentimos amados. Cuando estamos cansados volvemos con el coraz&oacute;n all&iacute;.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Su casa en Cafarna&uacute;n, la de Pedro. Ese lugar fue su hogar desde que empez&oacute; la vida p&uacute;blica. Iba y volv&iacute;a a &eacute;l, hasta que emprendi&oacute; el camino hacia Jerusal&eacute;n. Un hogar compartido con los suyos. Desde que los llam&oacute;, nunca se separ&oacute; de los ap&oacute;stoles.<br \/> &nbsp;<br \/> Ech&oacute; ra&iacute;ces en esa ciudad, junto al mar de Tiber&iacute;ades. Mar&iacute;a tambi&eacute;n estar&iacute;a. Su lugar era el lago. All&iacute; oraba, paseaba, pescaba, all&iacute; so&ntilde;aba y amaba, escuchaba, sanaba. El lugar del encuentro con la gente. Su propio lugar de descanso.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s sale de casa sin nada previsto, sin agenda. Con el coraz&oacute;n abierto a lo que ese d&iacute;a su Padre le quiera regalar. Lo buscan muchos por sus palabras de vida, por sus manos que curan, porque tiene algo que hace que todos quieran reposar en &Eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiz&aacute;s en ese momento le hubiese gustado seguir solo, contemplando, rezando. Pero llegan todos, y &Eacute;l cambia su plan: &laquo;<em>Y acudi&oacute; a &Eacute;l tanta gente que tuvo que subirse a una barca<\/em>&raquo;. Es todo para ellos. Me gustar&iacute;a tener esa libertad interior.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s lo deja todo por cualquiera que se acerca a &Eacute;l<\/strong>. A veces no es tan f&aacute;cil. Son los imprevistos, los de repente que nos sacan de nuestro esquema. Eso fue la vida de Jes&uacute;s, acoger a todos, adaptarse al otro.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s tiene el coraz&oacute;n abierto a lo que su Padre le regale en el d&iacute;a. Deja su soledad por aquellos que son como ovejas sin pastor, y se conmueve. Jes&uacute;s, desde la barca, les habla de su Padre, les habla al coraz&oacute;n, responde a sus preguntas.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s tendr&iacute;a una voz potente. <strong>&iexcl;Qu&eacute; suerte, poder o&iacute;rle, sentados en la orilla, mirando hacia el mar, Jes&uacute;s en la barca!<\/strong> Dan ganas de sentarse en la orilla a escucharle: &laquo;<em>Se sent&oacute;, y la gente se qued&oacute; de pie en la orilla. Les habl&oacute; mucho rato en par&aacute;bolas<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s se sube en la barca y les habla. Es bonita esa imagen. Lo buscan, lo escuchan. Necesitan o&iacute;r sus palabras.<br \/> &nbsp;<br \/> Con el tiempo nosotros es como si ya hubi&eacute;ramos escuchado demasiadas cosas. <strong>No queremos o&iacute;r m&aacute;s, tenemos bastante. No queremos perder el tiempo con palabras huecas, vac&iacute;as. No nos abrimos a lo nuevo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s tiene palabras de vida eterna<\/strong>. Calman el alma. &iexcl;Cu&aacute;ntas palabras a nuestro alrededor muchas de ellas vac&iacute;as! &iexcl;Cu&aacute;ntas noticias y discursos que nos dejan sin paz! Salimos vac&iacute;os.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s hoy nos habla del sembrador que sale a sembrar: &laquo;<em>Sali&oacute; el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cay&oacute; al borde del camino; vinieron los p&aacute;jaros y se lo comieron. Otro poco cay&oacute; en terreno pedregoso, donde apenas ten&iacute;a tierra, y, como la tierra no era profunda, brot&oacute; en seguida; pero, en cuanto sali&oacute; el sol, se abras&oacute; y por falta de ra&iacute;z se sec&oacute;. Otro poco cay&oacute; entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cay&oacute; en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga o&iacute;dos que oiga<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> La semilla del sembrador cae en varios lugares: al borde del camino, entre piedras, entre zarzas y en buen terreno.<br \/> &nbsp;<br \/> Impresiona siempre de nuevo escuchar estas palabras. Jes&uacute;s habla de s&iacute; mismo, habla de su Padre Dios. La semilla es la palabra de Dios que muere en el coraz&oacute;n de los hombres y da fruto.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> A veces su palabra son sue&ntilde;os perdidos y olvidados y no florecen. <strong>Palabras que fueron pensadas para la vida y han muerto<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a Mario Benedetti: &laquo;<em>Dale vida a los sue&ntilde;os que tienes escondidos, descubrir&aacute;s que puedes vivir estos momentos con los ojos abiertos y los miedos dormidos, con los ojos cerrados y los sue&ntilde;os despiertos<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Las semillas son esos sue&ntilde;os que Dios siembra en nuestra alma. Son varios caminos, varias posibilidades<\/strong>. Hoy pienso en la semilla de eternidad, de bondad, que Dios ha sembrado en nuestro coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Hay personas que consiguen sacar de nosotros esa semilla que est&aacute; oculta. Hay personas que nos miran por dentro, como Jes&uacute;s mira desde la barca, como Dios nos mira. Miran la semilla oculta. Lo que somos, no lo que hacemos. Ven el &aacute;rbol escondido en una peque&ntilde;a semilla. Imposible verlo si no es con los ojos del alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Son personas que saben, al mirarnos, c&oacute;mo somos por dentro. Creen en nuestras posibilidades, ven m&aacute;s all&aacute; de lo exterior. <strong>Personas que nos acercan a Dios, que nos hacen reconocer esa semilla &uacute;nica que es la huella de Dios en nuestra vida<\/strong>, la huella de sus manos al crearnos.<br \/> &nbsp;<br \/> Para ellos somos &uacute;nicos, <strong>conocen nuestros dones cuando nosotros s&oacute;lo vemos nuestros fallos. Cuando caemos nos siguen amando sin dudar de nosotros<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ellos miran lo que somos, a veces mejor que nosotros<\/strong>. Ellos ven el jard&iacute;n cuando nosotros s&oacute;lo vemos una ra&iacute;z fea. <strong>Nos miran con la mirada de Dios. Mejor a&uacute;n. Dios nos mira por sus ojos limpios.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces incluso, por ellos, llegamos a creer en que es verdad que existe esa semilla enterrada en lo m&aacute;s hondo nuestro y sonre&iacute;mos. Y nos apoyamos en ellos para levantarnos. &iexcl;Qu&eacute; seguridad nos da su mirada!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Esas personas son lo mejor de nuestra vida. Son los instrumentos predilectos del amor de Dios. <strong>Tienen la mirada pura que nos sana y nos sostiene<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Ojala nosotros seamos as&iacute; con muchos y <strong>logremos mirar por dentro a los dem&aacute;s<\/strong>, desvelar sus semillas escondidas. <strong>Por una sola mirada m&iacute;a puede sanarse una persona<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Puedo hacerle creer en su semilla. Puedo hacerle creer que, sin su semilla, yo estoy incompleto, me falta algo, porque lo que &eacute;l me da, no me lo da nadie. Dios lo necesita. Como a m&iacute;. Creer en &eacute;l. Como Dios cree en m&iacute;. <strong>Lo que Dios ha sembrado en el coraz&oacute;n del otro es un don para mi vida. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> A veces nos cuesta verlo. <strong>Del mismo modo, la semilla que Dios plant&oacute; en m&iacute;, es un don para el mundo.<\/strong> Es el misterio del ser humano, <strong>nos necesitamos los unos a los otros.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pienso en ese tesoro escondido en el campo por el que merece la pena venderlo todo. Tiene que ver con la par&aacute;bola de hoy, con la semilla. Es ese nombre, <strong>esa semilla &uacute;nica y personal que Dios puso en m&iacute;. Por eso merece la pena dar la vida<\/strong>, dejarlo todo y luchar con toda el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> El sembrador siembra la semilla en todas partes, al borde del camino, en terreno pedregoso, entre zarzas y en terreno bueno. Jes&uacute;s dice: &laquo;<em>Si uno escucha la palabra del Reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su coraz&oacute;n. El que la escucha y la acepta en seguida con alegr&iacute;a; pero no tiene ra&iacute;ces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecuci&oacute;n por la palabra, sucumbe. El que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducci&oacute;n de las riquezas la ahogan y se queda est&eacute;ril<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Siembra en todos los corazones. Nos busca a todos. No elige la tierra buena para plantar la semilla y deja la &aacute;rida. No escoge a los mejores porque piensa que son los que van a dar frutos. No. <strong>Ama a cualquiera, sin mirar si su tierra es dura<\/strong>, llena de zarzas, es buena, o est&aacute; situado el borde del camino.<br \/> &nbsp;<br \/> En realidad, no es eficaz, porque se van a perder muchas semillas por culpa del lugar en el que caen. Cuenta con nuestras limitaciones y conf&iacute;a en nosotros. Dios nos busca, busca nuestra tierra, sale de casa y va a nuestro encuentro.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Es ese Dios que sale cada d&iacute;a a sembrar. Busca a todos, pone la semilla de su amor en todos los corazones, sin despreciar a ninguno. Confiando en que <strong>cualquiera puede ser tierra buena, si saca las zarzas, si se aleja del borde del camino, si cava hacia dentro y profundiza, si saca las piedras. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Parte del hombre pleno, como Dios lo ha pensado, pasa por actualizar esa capacidad de obedecer acogiendo el don de Dios<\/em>&raquo;[1].<br \/> &nbsp;<br \/> Conf&iacute;a en nuestra capacidad para obedecer, para acoger la semilla. Dios es el sembrador y tambi&eacute;n es el jardinero que, con nuestra tierra, tal como es, con sus durezas y sus piedras, con las zarzas que la ahogan, con su abono, con sus zonas profundas y sus zonas m&aacute;s secas, puede hacer la tierra m&aacute;s f&eacute;rtil.<br \/> &nbsp;<br \/> S&oacute;lo Dios puede hacerlo y nosotros s&oacute;lo tenemos que abrirnos a su gracia obedeciendo. Jes&uacute;s no quiere decir que unos somos tierra buena y otros no. Nosotros lo vemos as&iacute;, &Eacute;l no.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Todos somos tierra con piedras, con zarzas, al borde del camino. Todos podemos ser tierra f&eacute;rtil, fecunda<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;C&oacute;mo es mi tierra? <strong>&iquest;Qu&eacute; durezas hay, qu&eacute; cosas se me han quedado endurecidas en el alma<\/strong>, por mi historia, por mis heridas, que no deja que nadie entre? <strong>&iquest;Qu&eacute; zarzas la ahogan, las cosas tontas que me preocupan, mi af&aacute;n de poder o de valer, mi obsesi&oacute;n por el &eacute;xito?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Su mirada, desde la barca, es honda, sabe de mi sed y de mi necesidad. Es &eacute;se el sembrador del que hoy nos habla Jes&uacute;s. Es Jes&uacute;s mismo. Jes&uacute;s sali&oacute; de casa a buscarme. <strong>Dios sale de s&iacute; mismo para salir a mi encuentro<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Sale de casa para ir a mi casa. Sale a sembrar. Nunca se cansa, siempre me espera en la orilla del lago, va hacia m&iacute; para sembrar en mi alma la paz, la alegr&iacute;a, la vida. Se introduce en mi barca para predicar. &iexcl;Qu&eacute; amor m&aacute;s grande! Infinito, eterno.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero algunas semillas caen en tierra fecunda: &laquo;<em>Significa el que escucha la palabra y la entiende; &eacute;se dar&aacute; fruto y producir&aacute; ciento o sesenta o treinta por uno<\/em>&raquo;. Mateo 13, 1-23.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy el Evangelio nos muestra la vida cotidiana de Jes&uacute;s: &laquo;Aquel d&iacute;a, sali&oacute; Jes&uacute;s de casa y se sent&oacute; junto al lago&raquo;. Lo cotidiano tiene a veces algo de m&aacute;gico. 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