{"id":30670,"date":"2016-06-11T01:37:01","date_gmt":"2016-06-11T06:37:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-hacer-en-momentos-de-agobio-que-decision-tomar\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:01","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:01","slug":"que-hacer-en-momentos-de-agobio-que-decision-tomar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-hacer-en-momentos-de-agobio-que-decision-tomar\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 hacer en momentos de agobio? \u00bfQu\u00e9 decisi\u00f3n&nbsp;tomar?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Todas las &eacute;pocas traen sus complejidades. Pero una caracter&iacute;stica creciente de la nuestra es la distracci&oacute;n, promovida por un sinf&iacute;n de est&iacute;mulos; se hace cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil cultivar el mundo interior, buscando sosiego para dialogar con uno mismo.<br \/> &nbsp;<br \/> Aquel coloquio se convierte en un ejercicio inc&oacute;modo. Descubrimos muchas veces la carencia de silencio y objetividad para confrontar nuestra realidad. Incluso se puede suscitar una sutil desconfianza en el auxilio de Dios, o en la ayuda que podemos recibir de tantas personas que han confrontado sus dificultades, buscando la gu&iacute;a del Se&ntilde;or Jes&uacute;s. Esta realidad genera una notable <strong>fragilidad frente a los problemas<\/strong> de cualquier naturaleza.<br \/> &nbsp;<br \/> En un reciente di&aacute;logo con alumnos de los colegios pontificios de Roma, el Papa Francisco aludi&oacute; precisamente a las &laquo;turbulencias&raquo; y a las situaciones conflictivas que uno confronta cotidianamente.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;En este caso preguntaron al Santo Padre qu&eacute; hacer para permanecer fieles a la vocaci&oacute;n. <strong>&laquo;&iexcl;Estar vigilantes!&raquo;, respondi&oacute; tajantemente Francisco<\/strong>. Pero antes de resaltar situaciones externas, el Papa aludi&oacute; a la vida interior, recordando que la <strong>vigilancia<\/strong> &laquo;es una actitud cristiana&raquo; que cala hondo en la espiritualidad1.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero, &iquest;de qu&eacute; vigilancia se trata? Aquella que comienza por mirarse a uno mismo, aunque no en sentido narcisista. M&aacute;s bien ejerciendo aquella m&aacute;xima: &laquo;<strong>Yo soy el primer campo de apostolado<\/strong>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> La vigilancia personal parte de una pregunta fundamental: &laquo;&iquest;Qu&eacute; sucede en mi coraz&oacute;n? <strong>Dado que donde est&aacute; mi coraz&oacute;n est&aacute; mi tesoro. &iquest;Qu&eacute; sucede all&iacute;?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dicen los Padres orientales que <strong>se debe conocer bien si mi coraz&oacute;n est&aacute; en una turbulencia o mi coraz&oacute;n est&aacute; tranquilo<\/strong>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> El Santo Padre se&ntilde;alaba que <strong>si se est&aacute; en turbulencia, &laquo;no se puede ver qu&eacute; hay dentro. Como el mar, no se ven los peces cuando el mar est&aacute; as&iacute;&raquo;.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El ejemplo al que alude el Papa es sumamente did&aacute;ctico y realista. En el oc&eacute;ano agitado y oscurecido por la bruma, poco o nada puede observarse. Ya hab&iacute;a ocurrido con los Ap&oacute;stoles en la barca, en el Lago Tiber&iacute;ades, cuando en medio de la tempestad increparon al Se&ntilde;or Jes&uacute;s para que los librara del peligro, olvidando que estaban con el Salvador, y que las tormentas eran pasajeras.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero ellos, como suele suceder tambi&eacute;n en circunstancias parecidas, perdieron la perspectiva, la confianza en Jes&uacute;s, exigiendo una soluci&oacute;n inmediata a su turbaci&oacute;n. Tambi&eacute;n olvidaron que <strong>Dios tiene sus tiempos y su pedagog&iacute;a<\/strong> (Mt 8,23ss).<br \/> &nbsp;<br \/> Hay que tener presente que <strong>las turbulencias est&aacute;n ligadas al abatimiento, cuando toda nuestra perspectiva se vuelve gris<\/strong>. Todo parece estar dominado por el des&aacute;nimo, la tristeza y la honda pesadumbre del alma.<br \/> &nbsp;<br \/> El abatimiento favorece la fragilidad intr&iacute;nseca, alentando juicios sumamente duros y poco caritativos sobre uno mismo y la realidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Luis Fernando Figari describ&iacute;a estos problemas como un &laquo;arco significativo&raquo; que iba &laquo;de lo espiritual a lo corporal, pasando por lo ps&iacute;quico&raquo;. Enumeraba &laquo;ideas como las de vac&iacute;o existencial o indiferencia emocional, desabrimiento, carencia de motivaci&oacute;n, apat&iacute;a, tibieza, un sentimiento de asfixia o derrota, desubicaci&oacute;n, etc.&raquo;2.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El des&aacute;nimo nos conduce por caminos de susceptibilidad y de autocastigo injustificados<\/strong>. &laquo;Toda la atenci&oacute;n del abatido queda polarizada por la vida interior; todo lo que se refiere al interior se hace molesto&raquo;, sostiene M. Caprioli. &laquo;En el interior del alma s&oacute;lo hay tristeza y desconsuelo contra los que no se combate, abandon&aacute;ndose sin voluntad ni coraje a una muda desesperaci&oacute;n. A menudo no se lamenta de lo que ha pasado, sino de lo que est&aacute; a punto de suceder&raquo;3.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> En aquellos momentos de turbulencia <strong>podr&iacute;amos dar rienda suelta a nuestra desesperanza, desencadenando rencores<\/strong> contra nosotros mismos, contra los dem&aacute;s e incluso contra Dios. Un h&aacute;bito frecuente en este sentido es la <strong>anticipaci&oacute;n catastrofista<\/strong>, como destacaba Caprioli.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, <strong>aquella experiencia de crisis podr&iacute;a transformase en una oportunidad de crecimiento<\/strong>, de madurez en la fe.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin relativizar el dolor que suscitan los momentos de prueba, el Papa Francisco recordaba que se ha hecho com&uacute;n buscar ayuda psicol&oacute;gica adoptando un camino v&aacute;lido: &laquo;<em>Pero Padre, en este tiempo de tanta modernidad buena, de la psiquiatr&iacute;a, de la psicolog&iacute;a, en estos momentos de turbulencia creo que ser&iacute;a mejor ir al <strong>psiquiatra<\/strong> que me ayude<\/em>&raquo;, se&ntilde;al&oacute; el Santo Padre, a&ntilde;adiendo: &laquo;<em>No descarto eso<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero hay <strong>otras ayudas espirituales<\/strong> tambi&eacute;n importantes. La vigilancia interior est&aacute; estrechamente empalmada con la humildad y la conciencia del amor de Dios por nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios Padre, amoroso y providente, quiere ayudarnos. <strong>Los momentos de turbulencia constituyen instancias de aprendizaje que nos educan<\/strong> en la confianza en Dios, en la paciencia y en la vigilancia, para detener en seco los <strong>alien&iacute;genos mentales<\/strong> que nos abaten y desalientan.<br \/> &nbsp;<br \/> Uno de estos \u201calien&iacute;genos\u201d es, precisamente, la creencia de que uno ha sido abandonado por Dios, como los Ap&oacute;stoles durante la tempestad. Regularmente reclamamos apoyos y seguridades absolutas. Creemos ilusamente que en la satisfacci&oacute;n de deseos de seguridad, que pueden ser perfectamente v&aacute;lidos \u2014pero pasajeros\u2014 podremos hallar paz y alegr&iacute;a definitivas.<br \/> &nbsp;<br \/> Necesitamos tener muy en claro que <strong>en Dios encontraremos la seguridad<\/strong> fundamental. Nuestro llamado &uacute;ltimo es a elegirlo y a fiarnos de su amor infinito y personal.<br \/> &nbsp;<br \/> En las turbulencias podemos seguir el consejo de San Efr&eacute;n el Sirio:<br \/> &laquo;<em>Con&oacute;cete a ti mismo y tu enemigo ser&aacute; derrotado. Haz la paz contigo, y contigo habitar&aacute; la paz. <strong>Esfu&eacute;rzate para entrar en tu celda interior y ver&aacute;s la morada celeste<\/strong>. Porque ellas <strong>son la misma realidad: penetrando en una, contemplar&aacute;s tambi&eacute;n la otra<\/strong>. La escala al Reino est&aacute; en ti, escondida en tu coraz&oacute;n. Si te desprendes del fardo de tus pecados, descubrir&aacute;s en ti el atajo que har&aacute; posible tu ascensi&oacute;n<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> En estas circunstancias de dificultad <strong>tambi&eacute;n est&aacute;n los amigos, los buenos consejeros, las palabras de aliento fraterno<\/strong> de aquellos con los que caminamos juntos y que buscan nuestro mayor bien.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Una tentaci&oacute;n imprudente es asumir que nos corresponde a nosotros solos, con nuestros propios recursos, navegar las \u201ctormentas interiores\u201d, para solucionarlas<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos incomoda mostrarnos fr&aacute;giles y muchas veces, m&aacute;s bien, nos encerramos en nuestras penas y preocupaciones. <strong>Cu&aacute;n necesaria es la humildad para admitir que precisamos de ayuda<\/strong> para sobrellevar nuestras turbulencias.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiz&aacute; <strong>el \u201cmejor amigo\u201d es Cristo Jes&uacute;s, cuya experiencia de dolor es absolutamente real.<\/strong> All&iacute; est&aacute;n sus heridas abiertas para demostrarlo. Cada paso de su Pasi&oacute;n demuestra confianza absoluta en Dios y en su pedagog&iacute;a salv&iacute;fica.<br \/> &nbsp;<br \/> Jesucristo est&aacute; tocando a nuestra puerta, insistente pero pacientemente, para entrar en nuestro coraz&oacute;n y ayudar a transformarlo (Ver Ap 3,20). El Se&ntilde;or quiere darnos un coraz&oacute;n de carne.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos invita a despojarnos de los h&aacute;bitos autosuficientes y consentidos que nos hacen ansiar una inmediata liberaci&oacute;n de nuestros problemas y aflicciones y a revestirnos de su mente (ver 1Cor 2,16).<br \/> &nbsp;<br \/> El Se&ntilde;or Jes&uacute;s es el &laquo;Modelo&raquo; al que necesitamos acudir. &Eacute;l nos ense&ntilde;a, pacientemente, a vivir la esperanza activa que requiere nuestra cotidiana confrontaci&oacute;n con la existencia, que en s&iacute; misma constituye un perenne desaf&iacute;o.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Es muy f&aacute;cil deslizarse sutilmente hacia la <strong>dependencia desordenada de bienestar<\/strong> que creeremos hallar en los objetos, en los sistemas econ&oacute;micos, en la civilizaci&oacute;n t&eacute;cnica, en el consumismo o el &eacute;xito f&aacute;cil.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero, como alguna vez dec&iacute;a el santo papa Juan Pablo II, la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, no puede convertirse en esclava de los suced&aacute;neos:<br \/> &nbsp;<br \/> &laquo;<em>La fe en Cristo y la esperanza de la que &Eacute;l es maestro permiten al hombre alcanzar la victoria sobre s&iacute; mismo, sobre todo lo que hay en &eacute;l de d&eacute;bil y pecaminoso, y al mismo tiempo esta fe y esta esperanza lo llevan a la victoria sobre el mal y sobre los efectos del pecado en el mundo que lo rodea. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Cristo libr&oacute; a Pedro del miedo que se hab&iacute;a apoderado de &eacute;l ante el mar en tempestad. Cristo tambi&eacute;n nos ayuda a nosotros a superar los momentos dif&iacute;ciles de la vida, si nos dirigimos a &eacute;l con, fe y esperanza para pedirle ayuda. \u2018&iexcl;Animo!, soy yo; no tem&aacute;is\u2019 (Mt 14,27). <\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Una fe fuerte, de la que brota una esperanza ilimitada, virtud tan necesaria hoy, libra al hombre del miedo y le da la fuerza espiritual para resistir a todas las tempestades de la vida. &iexcl;No teng&aacute;is miedo de Cristo! Fiaos de &eacute;l hasta el fondo. S&oacute;lo &eacute;l \u2018tiene palabras de vida eterna&raquo;. Cristo no defrauda jam&aacute;s<\/em>&raquo;4.<br \/> &nbsp;<br \/> El Papa Francisco tambi&eacute;n recordaba <strong>un auxilio crucial: Mar&iacute;a<\/strong>, Madre de Jes&uacute;s y Madre nuestra. El poeta Charles P&eacute;guy sol&iacute;a referirse a Mar&iacute;a como aquella persona que constituye una reserva segura a donde recurrir, cuando todo parece enmudecer.<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a Mar&iacute;a dejarnos desamparados? Es la reflexi&oacute;n del Santo Padre, cuando manifiesta a los seminaristas: &laquo;<em>Antes que nada ir a la Madre: porque un sacerdote que se olvida de la Madre y sobre todo en los momentos de turbulencia, algo le falta. Es un sacerdote hu&eacute;rfano: &iexcl;se ha olvidado de su madre!<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Vemos a Mar&iacute;a en los momentos de las mayores pruebas y alegr&iacute;as de Jes&uacute;s. Est&aacute; junto a la Cruz, en el Calvario. Permanece en el Cen&aacute;culo, fortaleciendo la fe y la confianza de los Ap&oacute;stoles. Como Madre nuestra, Mar&iacute;a se consagr&oacute; a auxiliar a sus \u201chijos\u201d, intercediendo ante su amado Hijo, Jes&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> &laquo;<em>Mar&iacute;a eligi&oacute; a Dios, abandonando sus proyectos, sin comprender plenamente el misterio que se estaba realizando en su cuerpo y en su destino. Desde ese momento su vida es un \u201cfiat\u201d siempre renovado<\/em>&raquo;, afirmaba el cardenal vietnamita Francisco Nguyen van Thuan.<br \/> &nbsp;<br \/> El camino es arduo y doloroso. &iquest;C&oacute;mo no sentirnos conmocionados ante la imagen de la Madre con el Hijo muerto en sus brazos, quebrantado y maltratado? Pero Mar&iacute;a ve cumplirse todas las promesas en la Resurrecci&oacute;n de su Hijo5.<br \/> &nbsp;<br \/> Las palabras finales de la intervenci&oacute;n papal se refieren a la humildad y sencillez, tan contrarias a la autosuficiencia. &laquo;<em>Somos ni&ntilde;os, en la vida espiritual<\/em>: &iexcl;Esto no hay que olvidarlo nunca!&raquo;, insisti&oacute; Francisco. &laquo;Vigilar como est&aacute; mi coraz&oacute;n. Y en tiempo de turbulencia, ir a buscar el refugio bajo el manto de la Santa Madre de Dios&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><em>Notas:<\/em><br \/><em>1 Encuentro del Papa Francisco con rectores y alumnos de los Colegios Pontificios de Roma, 12\/5\/2014 [\u21a9]<\/em><br \/><em>2 Luis Fernando Figari, Hermas y la Acedia, Revista Vida y Espiritualidad, setiembre-diciembre de 2009, a&ntilde;o 24, N&deg; 71 [\u21a9]<\/em><br \/><em>3 M. Caprioli, Melancol&iacute;a. En Ermanno Ancilli (ed.), Diccionario de Espiritualidad, Herder, Barcelona 1983, Vol. II, pp. 579-580 [\u21a9]<\/em><br \/><em>4 San Juan Pablo II, Homil&iacute;a en la Liturgia de la Palabra celebrada con los j&oacute;venes en Poznan, Polonia, 3\/6\/97 [\u21a9]<\/em><br \/><em>5 Francisco Nguyen van Thuan, Testigos de la Esperanza, Ciudad Nueva, Madrid 2000, pp. 55-56 [\u21a9]<\/em><br \/> &nbsp;<br \/><em>Por Alfredo Garland Barr&oacute;n <\/em><br \/><strong><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/cecglob.com\/que-hacer-y-que-no-hacer-en-los-tiempos-de-turbulencia-interior\/#identifier_0_2734\">Art&iacute;culo<\/a><\/em><\/strong><em> publicado por Centro de Estudios Cat&oacute;licos<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos Todas las &eacute;pocas traen sus complejidades. 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