{"id":30672,"date":"2016-06-11T01:37:05","date_gmt":"2016-06-11T06:37:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/si-te-quieres-es-mas-facil-que-otros-te-quieran\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:05","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:05","slug":"si-te-quieres-es-mas-facil-que-otros-te-quieran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/si-te-quieres-es-mas-facil-que-otros-te-quieran\/","title":{"rendered":"Si te quieres es m\u00e1s f\u00e1cil que otros te&nbsp;quieran"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Es verdad que para poder amar necesitamos antes amarnos a nosotros mismos. Querernos como somos. Con nuestros l&iacute;mites, con las cosas feas que no nos gustan.<br \/> &nbsp;<br \/> El problema es que <strong>cuando no nos gustamos a nosotros mismos no logramos vencer la barrera que nos separa de los dem&aacute;s<\/strong>. <strong>Nos sentimos juzgados por ellos<\/strong>, siendo nosotros nuestros peores jueces. Pensamos que los dem&aacute;s nos miran con esos mismos ojos cr&iacute;ticos con los que nosotros nos miramos.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a ve&iacute;a un anuncio en el que un retratista pintaba, sin mirarlas antes, a varias mujeres. Primero ellas se describ&iacute;an a s&iacute; mismas. Despu&eacute;s otra persona que las acababa de conocer las describ&iacute;a. Claramente era mejor el retrato realizado con la descripci&oacute;n de un tercero. Mostraba una mujer m&aacute;s abierta, m&aacute;s feliz, con m&aacute;s luz. Cuando ellas se describ&iacute;an eran m&aacute;s duras y exigentes.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez nosotros, cuando nos describimos, somos m&aacute;s cr&iacute;ticos que cuando describimos a otros. La realidad es que <strong>somos mucho m&aacute;s bellos de lo que pensamos<\/strong>, tenemos m&aacute;s luz, m&aacute;s alegr&iacute;a, irradiamos m&aacute;s paz.<br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros, al mirarnos, no pasamos por alto las arrugas, ni ese lunar que nos afea el rostro, ni las ojeras, ni ese rasgo de nuestro cuerpo que nunca nos ha gustado. Nos detenemos en cada desperfecto, en cada deterioro, y no tenemos misericordia.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a una persona con 88 a&ntilde;os me dec&iacute;a que pensaba que todav&iacute;a gustaba a los hombres. Estaba convencida de su belleza interior y exterior.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Los problemas en nuestra vida vienen cuando no nos gustamos, cuando no nos gusta lo que hacemos, lo que somos y pensamos que los dem&aacute;s nos ven como nosotros nos miramos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Es cierta entonces la afirmaci&oacute;n: &laquo;Las cosas no las vemos como son, las vemos como somos&raquo;. Lo que sucede entonces, es que, cuando no nos gustamos y no nos gusta nuestra vida, <strong>tampoco nos gustan las otras vidas, el mundo <\/strong>que nos rodea, las personas con las que convivimos.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos amargamos porque no nos gusta el deterioro que trae consigo el paso de los a&ntilde;os, detestamos las secuelas que deja la enfermedad. No nos gustamos en muchas ocasiones. Y as&iacute; nos cuesta amar a otros. Quererlos con libertad. <strong>El amor comienza en el propio coraz&oacute;n, en ese coraz&oacute;n liberado y en paz consigo mismo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios nos regala siempre un trozo de vida para amar y entregarnos. <strong>Nos da el presente<\/strong>. A veces nos parece poco y se nos escapa entre los dedos. <strong>Nos quejamos porque nos falta tiempo<\/strong>. Pero es mucho lo que tenemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Es un tesoro que perdemos o malgastamos cuando nos enfadamos con la vida, nos quejamos de la mala suerte, nos avergonzamos de c&oacute;mo somos, y vivimos angustiados por el miedo a perder lo que tenemos. <strong>No amamos. No nos amamos<\/strong>. La vida se nos escapa y no la aprovechamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre pienso que <strong>esta vida que Dios nos regala es un gran tesoro<\/strong>. Lo bonito es vivirla en plenitud, amando hasta el extremo, aspirando a vivir santamente. <strong>La santidad consiste en dejar que Dios haga brillar la belleza de nuestro interior<\/strong>, ese oro escondido en lo profundo del alma desde que nacimos.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces pensamos que la santidad consiste en no pecar, en hacerlo todo bien, en cumplir con todas las obligaciones, en amar de forma perfecta. Normalmente no lo logramos.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso, cuando caemos y nos sentimos lejos de Dios, entonces vemos la cumbre de la santidad como una meta inexpugnable. <strong>Pensamos que ser santos es el producto logrado a base de esfuerzo<\/strong>, labrado en una dura lucha por ser mejores.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, por mucho que nos esforzamos s&oacute;lo logramos estresarnos y no alcanzar tanto como so&ntilde;amos. Creemos que somos m&aacute;s santos si cumplimos, si cuando nos esforzamos las cosas nos salen bien, si respondemos a esas expectativas que pensamos Dios tiene con nosotros. Es casi como un premio por nuestro buen comportamiento.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Pero no es as&iacute;. No somos inmaculados. No, <strong>la santidad es un don, una gracia, no una conquista<\/strong>. Los santos son aquellos que aprendieron a vivir en la alegr&iacute;a de Dios y se dejaron hacer por sus manos.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos recuerda el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong><em>La alegr&iacute;a es un profundo medio para llegar a ser santo<\/em><\/strong><em>. Nuestro deber moral consiste en educar a otros y educarnos a nosotros mismos para la alegr&iacute;a. La alegr&iacute;a debe comprenderse como un elemento central de nuestra vida religiosa<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> La alegr&iacute;a nos hace confiar y ser optimistas ante las contrariedades y cruces. Don Bosco dec&iacute;a: &laquo;<em>La santidad consiste en estar siempre alegres, haciendo bien nuestros deberes<\/em>&raquo;. No hay santo triste, todos los santos son alegres. Porque se han sabido amados por Dios. Porque poseen el bien m&aacute;s preciado, la presencia de Dios en sus vidas, y lo han vendido todo para vivir con &Eacute;l.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Las fuentes de la alegr&iacute;a<\/em>\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Es verdad que para poder amar necesitamos antes amarnos a nosotros mismos. Querernos como somos. Con nuestros l&iacute;mites, con las cosas feas que no nos gustan. &nbsp; El problema es que cuando no nos gustamos a nosotros mismos no logramos vencer la barrera que nos separa de los dem&aacute;s. Nos sentimos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/si-te-quieres-es-mas-facil-que-otros-te-quieran\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSi te quieres es m\u00e1s f\u00e1cil que otros te&nbsp;quieran\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30672","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30672","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30672"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30672\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30672"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30672"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30672"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}