{"id":30680,"date":"2016-06-11T01:37:22","date_gmt":"2016-06-11T06:37:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-alegria-hace-realmente-feliz\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:22","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:22","slug":"que-alegria-hace-realmente-feliz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-alegria-hace-realmente-feliz\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 alegr\u00eda hace realmente&nbsp;feliz?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El Esp&iacute;ritu Santo es el Esp&iacute;ritu de la alegr&iacute;a. Dice el Evangelio: &laquo;Y, diciendo esto, les ense&ntilde;&oacute; las manos y el costado. Y los disc&iacute;pulos se llenaron de alegr&iacute;a al ver al Se&ntilde;or&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Muchas veces la tristeza nos embarga. Pensamos en lo que no tenemos, en lo que nos falta y vivimos afligidos. Como dec&iacute;a Epicteto, un fil&oacute;sofo griego de la escuela estoica: &laquo;<strong><em>Sabio es el hombre que no se lamenta por lo que no tiene, si no que se alegra por lo que tiene<\/em><\/strong>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Estamos llamados a ser sabios. A saber vivir el presente, sin llorar por lo perdido, sin amargarnos con lo que la vida no nos ha dado.<br \/> &nbsp;<br \/> La <strong>alegr&iacute;a<\/strong> del que sabe valorar la vida en lo que es. Sin grandes pretensiones. <strong>Sin esgrimir derechos<\/strong>. Sin exigir que los dem&aacute;s nos den lo que seg&uacute;n pensamos nos pertenece.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La alegr&iacute;a de caminar, sin pensar en la meta<\/strong>. La alegr&iacute;a de vivir el momento, sin angustiarnos por lo que ha de venir. La alegr&iacute;a <strong>de poseer sin retener<\/strong>, de disfrutar sin angustias, de amar sin exigencias, <strong>de darlo todo sin esperar nada<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Es la alegr&iacute;a de la posesi&oacute;n del bien deseado. El bien que so&ntilde;amos, el bien que nadie nos debe y la vida regala. <strong>La alegr&iacute;a de estar donde pensamos que Dios nos quiere.<\/strong> Sin quejas, sonriendo al mundo, a la ma&ntilde;ana, a los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La alegr&iacute;a de dar<\/strong> y poseer, de entregar y agradecer. La alegr&iacute;a <strong>de compartir el camino y el silencio, las voces y la paz, los &eacute;xitos y los fracasos.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La alegr&iacute;a de saber que Dios nos ama donde estamos. En nuestra limitaci&oacute;n, en nuestra pobreza. <strong>La alegr&iacute;a de hacer bien lo que podemos, lo que se nos ha dado<\/strong>, lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Esa <strong>alegr&iacute;a tranquila<\/strong>, sin grandes risas, <strong>discreta<\/strong>, callada.<br \/> &nbsp;<br \/> La alegr&iacute;a que no se queja, que espera siempre y sue&ntilde;a. Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>La alegr&iacute;a de cada d&iacute;a, en la que se tiene la serena y aquietante conciencia de reposar en el deseo de Dios, en la voluntad de Dios<\/em>&raquo;[1].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es una alegr&iacute;a cotidiana, de andar por casa, haciendo lo que Dios nos pide.<\/strong> No la alegr&iacute;a s&oacute;lo de los grandes acontecimientos. Pero siempre es una alegr&iacute;a unida profundamente con el amor: &laquo;<em>La alegr&iacute;a perfecta depende tambi&eacute;n de la uni&oacute;n permanente con su fundamento: el amor. Cuanto m&aacute;s perfecto sea el amor, m&aacute;s perfecta ser&aacute; la alegr&iacute;a<\/em>&raquo;[2].<br \/> &nbsp;<br \/> Y cita a J. Pieper: <em>&laquo;&iquest;No hay acaso innumerables motivos para la alegr&iacute;a? &iexcl;S&iacute;! Pero todos tienen un &uacute;nico denominador com&uacute;n: que se reciba o se posea lo que se ama<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> La alegr&iacute;a tiene que ver con el amor y con el bien que amamos. Por eso es la alegr&iacute;a una exteriorizaci&oacute;n del amor. <strong>Cuando amamos y somos amados la alegr&iacute;a brilla en nuestros ojos, se toca, se ve<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a san Francisco de Sales: &laquo;<em>El amor precede tambi&eacute;n a la alegr&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo se podr&iacute;a tener alegr&iacute;a en la complacencia de una cosa si no se la ama?<\/em>&raquo;. Pero <strong>la alegr&iacute;a que anhelamos es una alegr&iacute;a eterna<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso le pedimos a Dios que nos env&iacute;e su Esp&iacute;ritu. Dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<em>Cuando Dios quiere regalarnos una gracia especial, nos regala primero el correspondiente anhelo<\/em>&raquo;[3].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tenemos hambre de alegr&iacute;a<\/strong>: &laquo;<em>Es un instinto primordial en la naturaleza humana. Pero reemplacen la palabra hambre de alegr&iacute;a por hambre de felicidad, por instinto de felicidad<\/em>&raquo;[4].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Al constatar el hambre aumentar&aacute; el deseo y la capacidad de recibir esas semillas de felicidad que tanto anhelamos<\/strong>. Pero es verdad que, cuando nos obsesionamos con ser felices, acabamos siendo infelices. <strong>Es un don que tenemos que pedir. <\/strong>Una gracia, no un derecho exigible.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Abrir el alma a la alegr&iacute;a es abrirla a los dones de Dios. Abrirla a la sorpresa<\/strong>, a lo nuevo, al amor. Abrirla a la paz que se recibe cuando no nos obsesionamos con ser felices siempre.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo sabemos. <strong>La obsesi&oacute;n por la alegr&iacute;a, trae consigo la tristeza<\/strong>. Un alma que exige y busca obsesivamente se frustra.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando nos preocupamos por alegrar a otros, por sembrar alegr&iacute;a en otros corazones, el propio coraz&oacute;n se alegra<\/strong>. <strong>Amar es luchar porque sea feliz aquel a quien amamos. <\/strong>El fundamento siempre es el amor.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuanto m&aacute;s amamos, m&aacute;s felices somos. El coraz&oacute;n que no ama, se entristece y entristece. Cuando amamos bien, hacemos felices a los que amamos.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El Esp&iacute;ritu Santo es el Esp&iacute;ritu de la alegr&iacute;a. Dice el Evangelio: &laquo;Y, diciendo esto, les ense&ntilde;&oacute; las manos y el costado. 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Pensamos en lo que no tenemos, en lo que nos falta &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-alegria-hace-realmente-feliz\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfQu\u00e9 alegr\u00eda hace realmente&nbsp;feliz?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30680","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30680","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30680"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30680\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30680"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30680"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30680"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}