{"id":30681,"date":"2016-06-11T01:37:25","date_gmt":"2016-06-11T06:37:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-lagrimas-sanan-las-sonrisas-levantan\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:25","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:25","slug":"las-lagrimas-sanan-las-sonrisas-levantan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-lagrimas-sanan-las-sonrisas-levantan\/","title":{"rendered":"Las l\u00e1grimas sanan, las sonrisas&nbsp;levantan"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/> A veces, en el camino de la vida, no entra la luz. Todo parece opaco: la vida, el mundo, los sue&ntilde;os. No hay ilusi&oacute;n ni esperanza. A veces, si somos sinceros, es verdad, el alma se muestra algo espesa, oscura, triste. Sin entender las razones.<br \/> &nbsp;<br \/> Bueno, algunas razones tiene. No entiende los sinsentidos. Quiere saberlo todo ya, de golpe, de repente. Y sufre. <strong>El alma sufre al no poseer para siempre los sue&ntilde;os<\/strong>, al no descifrar claramente los signos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No satisfacen el coraz&oacute;n las alegr&iacute;as de los sentidos<\/strong>. Como dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: <em>&laquo;Las alegr&iacute;as que realmente confortan son las alegr&iacute;as del alma y no tanto las de los sentidos&raquo;<\/em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>. Sufrimos al no poseer lo que pensamos nos har&aacute; felices.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero son alegr&iacute;as temporales. Por eso, al no tener seguro el futuro incierto, sufrimos y nos agobiamos. Pero, <strong>&iquest;qu&eacute; importa<\/strong><strong> realmente si toda la vida es un don? <\/strong><strong>Pero nos pesa e hipotecamos la felicidad pensando que poseyendo<\/strong><strong> lo que no tenemos, seremos m&aacute;s <\/strong><strong>dichosos<\/strong>. Luego lo logramos y no lo somos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Qui&eacute;n nos libra de la enfermedad o de la muerte?<\/strong> Nadie. Y el coraz&oacute;n tiembla. Quiere poseer y pierde. Quiere retener y se le escapan los sue&ntilde;os. Es extra&ntilde;o.<br \/> &nbsp;<br \/> En la sala oscura del Cen&aacute;culo, donde se encuentran los disc&iacute;pulos reunidos con Mar&iacute;a, no hay esperanza. <strong>En la sala del Cen&aacute;culo igual que en nuestra vida. All&iacute;, s&oacute;lo <\/strong><strong>Mar&iacute;a brilla<\/strong>, elevada sobre los hombres, acogiendo a todos bajo su manto.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, s&oacute;lo Ella. Que <strong>aprendi&oacute; a vivir sin certezas, abrazada a un amor que se hizo carne en su seno<\/strong>, confiando en unas palabras que expresaban s&oacute;lo misterios. S&iacute;, s&oacute;lo Ella, firme, segura, confiada. Como lo estuvo al pie de la cruz. Sin retener las l&aacute;grimas, porque el llanto libera el dolor y le pone nombre. Las l&aacute;grimas son un r&iacute;o de vida que sana heridas. Las heridas de Jes&uacute;s crucificado. Las heridas de Juan herido por el abandono.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Como nosotros que caminamos encorvados por el peso del dolor<\/strong><strong>, sin entender de d&oacute;nde procede<\/strong>. Un dolor a veces sin colores. Un dolor extra&ntilde;o, sin nombre, sin origen, sin final.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>las l&aacute;grimas <\/strong><strong>nos sanan<\/strong>. Las propias y las de quienes nos aman. Son esas l&aacute;grimas que salvan el coraz&oacute;n cuando m&aacute;s sufre. Las l&aacute;grimas de Mar&iacute;a al pie de la cruz sostuvieron a su hijo como un r&iacute;o, como un mar seguro, como una cascada de esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a ahora en el Cen&aacute;culo tal vez no llora. Ya ha llorado mucho. Ahora sonr&iacute;e. <strong>Hacen tambi&eacute;n bien las sonrisas.<\/strong> Son como una b&aacute;lsamo que levanta. Como un canto de aliento. Como un grito contra el silencio de la noche.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>Mar&iacute;a calla, sonr&iacute;e, llora, conf&iacute;a<\/strong>. S&iacute;, su sonrisa nos levanta. Los levant&oacute; a ellos esa noche. Cuando estaban divididos. Les hizo confiar y creer. Ese v&iacute;nculo los san&oacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dice el Padre Kentenich: <em>&laquo;<strong>Si poseo una fuerte vinculaci&oacute;n a Mar&iacute;a, todas las palabras del &aacute;mbito religioso que escuche cobrar&aacute;n vida enseguida<\/strong>. La verdad, la palabra abstracta, se har&aacute; vida. Mar&iacute;a es un medio poderoso para transmitir la vida de Cristo, para llevar a Cristo&raquo;<\/em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\"><em><strong>[2]<\/strong><\/em><\/a><em>. <\/em><br \/> &nbsp;<br \/> En esos momentos amaron a Mar&iacute;a y todo lo que hab&iacute;an escuchado, todas las palabras guardadas, todo lo que Jes&uacute;s les dijo, cobr&oacute; vida en su coraz&oacute;n. Mar&iacute;a los sostuvo, engendr&oacute; a Cristo en sus almas.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando no confiaban los unos en los otros los uni&oacute; con lazos &iacute;ntimos de amor. Cuando las envidias y los celos por el amor recibido y entregado crec&iacute;an, Mar&iacute;a sembr&oacute; paz. &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil desentra&ntilde;ar los misterios a oscuras, sin ayuda, solos!<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Mar&iacute;a tiene una luz<\/strong><strong> en sus manos<\/strong>. Una luz tenue, la de una vela encendida. Una simple luz que corre el riesgo de apagarse si no se encienden otras llamas en el coraz&oacute;n. Los disc&iacute;pulos esperaban palabras de aliento, una mirada para abrir las puertas y salir a proclamar a Cristo. El miedo segu&iacute;a arraigado en el alma. No confiaban en nadie. Tal vez s&iacute; en Mar&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Ella era su madre, Ella ten&iacute;a que saber m&aacute;s que ellos, Ella hab&iacute;a esperado treinta a&ntilde;os sin certezas, sin ver cumplidas las promesas. Ella hab&iacute;a permanecido firme en la cruz cuando todos ellos hab&iacute;an huido. <strong>S&iacute;. S&oacute;lo Ella lo sab&iacute;a todo<\/strong><strong> y confiaba. Y ellos cre&iacute;an por Ella.<\/strong>&nbsp;<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Las fuentes de la alegr&iacute;a<\/em>\n <\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n <a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Kentenich Reader<\/em>, Tomo III\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban &nbsp; A veces, en el camino de la vida, no entra la luz. Todo parece opaco: la vida, el mundo, los sue&ntilde;os. No hay ilusi&oacute;n ni esperanza. A veces, si somos sinceros, es verdad, el alma se muestra algo espesa, oscura, triste. 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