{"id":30682,"date":"2016-06-11T01:37:26","date_gmt":"2016-06-11T06:37:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-manera-de-esperar-el-infinito-de-sanar-de-reir-confiar\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:26","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:26","slug":"la-manera-de-esperar-el-infinito-de-sanar-de-reir-confiar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-manera-de-esperar-el-infinito-de-sanar-de-reir-confiar\/","title":{"rendered":"\u00bfLa manera de esperar el infinito, de sanar, de re\u00edr?&nbsp;Confiar"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Tal vez las cosas no sean siempre tal y como las vemos. Muchos miedos est&aacute;n en nuestra imaginaci&oacute;n, pero a veces no son reales. Van creciendo en el coraz&oacute;n fruto de una fantas&iacute;a exagerada.<br \/> &nbsp;<br \/> A lo mejor somos exagerados, poco matizados. <strong>Vemos la botella medio vac&iacute;a y pensamos que todo va a ir mal <\/strong>cuando algo no nos resulta. Confundimos la parte con el todo. Exageramos las p&eacute;rdidas y los contratiempos. Damos menos valor a las peque&ntilde;as ganancias.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos da miedo que todo nos salga mal. Como si todos los planetas se alinearan de tal forma que no nos quedase otra cosa que hacerlo todo mal. Escrib&iacute;a Mario Benedetti: &laquo;<strong><em>No te rindas<\/em><\/strong><em>, por favor no cedas, aunque el fr&iacute;o queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, a&uacute;n hay fuego en tu alma, a&uacute;n hay vida en tus sue&ntilde;os, porque cada d&iacute;a es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento, <strong>porque no est&aacute;s sola, porque yo te quiero<\/strong><\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tal vez falla la confianza en nuestras propias fuerzas<\/strong>. <strong>Tal vez nos falta fe en la victoria final que Cristo ya ha logrado<\/strong>, fe en la vida plena que Dios nos ha prometido, fe en ese Dios que camina a nuestro lado y no nos deja, y nos quiere, aunque muchas veces no sintamos su presencia y no nos conforte su abrazo. Esa misma fe que nos permite creer en lo que no vemos y mirar m&aacute;s all&aacute; de la muralla que nos frena.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La fe nos permite vislumbrar un mundo transformado por Dios, un mundo renovado<\/strong>, nuevo, lleno de luz y de vida, un mundo donde el amor triunfa y la verdad se impone.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero <strong>a veces nos quedamos s&oacute;lo en lo que vemos<\/strong>, en lo tangible, en lo que podemos controlar. Nos detenemos pesarosos ante las derrotas y los fracasos, ante las p&eacute;rdidas. Nuestros miedos detienen nuestros pasos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos gustar&iacute;a tener esa fe en lo que escapa a nuestros planes<\/strong>. La fe se fundamenta en creer en aquello que no vemos, que no poseemos, que no tenemos. Va contra la l&oacute;gica pensar que podemos lo imposible. Pero la fe nos permite confiar.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong><em>La infancia espiritual consiste en arriesgar el m&aacute;ximo de amor bas&aacute;ndose en un m&iacute;nimo de conocimiento puramente natural. La infancia espiritual es sobre todo entrega y despu&eacute;s cobijamiento<\/em><\/strong>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>S&oacute;lo si somos como ni&ntilde;os la vida comienza a ser diferente.<\/strong> El ni&ntilde;o conf&iacute;a y arriesga, se f&iacute;a y camina. No necesita grandes certezas para ponerse en camino. Tal vez cree que tiene poco que perder y por eso se la juega.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es el paso de los a&ntilde;os lo que ralentiza nuestro valor, lo que pulveriza el entusiasmo<\/strong>. Los ni&ntilde;os no tienen mucho que perder, han vivido poco, casi no han echado ra&iacute;ces. Los adultos han acumulado muchos d&iacute;as, se han apegado a la vida y sus bienes, han invertido mucho tiempo y esperan el fruto. No quieren perder nada. Han dado su vida con entusiasmo, han dejado su alma a jirones por el camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Es tal vez por eso que los que somos adultos <strong>tememos perder lo ya conquistado<\/strong>. Tal vez por eso ya no arriesgamos tanto y pensamos que es mejor conservar lo que tenemos, ser m&aacute;s cautos. Guardamos, aseguramos, esperamos. Somos m&aacute;s conservadores. Pensamos m&aacute;s los pasos a dar. No creemos en lo que no vemos. No confiamos en lo que no es una certeza.<br \/> &nbsp;<br \/> Vivir as&iacute; es limitante. <strong>El coraz&oacute;n se aburguesa<\/strong>. Conozco personas que ya no quieren arriesgar m&aacute;s porque han apostado mucho. Han perdido y han ganado. Han sufrido y han re&iacute;do. Tienen ya bastante. Conocen a suficientes personas y no necesitan conocer a nadie m&aacute;s, porque no dan abasto, porque no les interesa.<br \/> &nbsp;<br \/> Ya han logrado lo que quer&iacute;an y s&oacute;lo tienen que dejarlo en herencia. Ya no sue&ntilde;an, ya no esperan nada. Y as&iacute; pueden perder la paz. Se vuelven desconfiados.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>Se cierran a la vida y a la gracia<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a el Papa Francisco siendo arzobispo en Buenos Aires: &laquo;<em>Acostumbrados a sospechar de todo, van <strong>desconociendo, poco a poco, la paz propia de la confianza en el Se&ntilde;or<\/strong>. La buena soluci&oacute;n de los conflictos debe pasar, seg&uacute;n su sentir, por el tamiz de su continuo control. Son <strong>continuamente agitados por la ansiedad, la cual es fruto combinado de la ira y de la pereza<\/strong><\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero la vida no es s&oacute;lo eso. Es mucho m&aacute;s. <strong>Siempre podemos hacer algo nuevo, transitar un nuevo camino, so&ntilde;ar un nuevo sue&ntilde;o<\/strong>. Podemos conocer nuevos corazones y sembrar ilusiones all&iacute; donde estemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Podemos alcanzar nuevas cumbres, aunque nos falten las fuerzas. <strong>Podemos esperar el infinito, aunque todo nos parezca temporal <\/strong>y todo lo que toquemos acabe desapareciendo. Podemos echar ra&iacute;ces m&aacute;s hondas que las que ya tenemos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Podemos madurar, crecer, sanar, re&iacute;r<\/strong>. Conocer a m&aacute;s personas, abrirnos a m&aacute;s corazones. Podemos dar m&aacute;s en esta vida. <strong>Amar m&aacute;s, sufrir m&aacute;s por los dem&aacute;s<\/strong>. Podemos renunciar con una sonrisa cuando sea necesario, sin miedo a seguir entregando. Sufrir sin perder la alegr&iacute;a, aunque duele el alma. Construir nuevas catedrales que parec&iacute;an imposibles. Aunque s&oacute;lo sepamos que estamos tallando piedras. Una vida as&iacute; ensancha el coraz&oacute;n. Vale la pena.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Ni&ntilde;os ante Dios<\/em>, 445\n <\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n <a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> Cardenal J. Bergoglio,<br \/>\n <em>Caminos de humildad \u2013 Acusarse a s&iacute; mismo<\/em>. Buenos Aires 2005\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Tal vez las cosas no sean siempre tal y como las vemos. Muchos miedos est&aacute;n en nuestra imaginaci&oacute;n, pero a veces no son reales. 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