{"id":30696,"date":"2016-06-11T01:37:54","date_gmt":"2016-06-11T06:37:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-cultivar-la-interioridad-en-la-era-digital\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:54","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:54","slug":"como-cultivar-la-interioridad-en-la-era-digital","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-cultivar-la-interioridad-en-la-era-digital\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo cultivar la interioridad en la era&nbsp;digital?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: www.opusdei.es<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Llamadas, mensajes, tweets, alertas&#8230; tel&eacute;fonos y ordenadores han cambiado nuestro acceso a la realidad. &iquest;C&oacute;mo lograr que sean una ayuda para nuestra vida ordinaria al servicio de Dios y de los dem&aacute;s?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Las nuevas tecnolog&iacute;as han aumentado el volumen de informaci&oacute;n que recibimos en cada instante<\/strong>, y quiz&aacute;s hoy ya no nos sorprenda que nos lleguen en tiempo real las noticias de sitios lejanos. Estar enterado y tener datos de lo que sucede es progresivamente m&aacute;s f&aacute;cil. Surgen, quiz&aacute;, nuevos retos, y en particular este: <strong>&iquest;c&oacute;mo gestionar los recursos inform&aacute;ticos?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El aumento de la informaci&oacute;n disponible impone a cada uno de nosotros la <strong>necesidad de cultivar una actitud reflexiva. Es decir, la capacidad de discernir los datos que son valiosos de los que no lo son. <\/strong>A veces es complicado, pues &laquo;la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexi&oacute;n y de juicio, y no permite una expresi&oacute;n mesurada y correcta de uno mismo&raquo;[1].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Si a lo anterior se suma que las tecnolog&iacute;as de comunicaci&oacute;n nos ofrecen una gran cantidad de est&iacute;mulos que reclaman nuestra atenci&oacute;n (mensajes de texto, im&aacute;genes, m&uacute;sica), <strong>es evidente el riesgo de acostumbrarse a responder a estos inmediatamente<\/strong>, sin tener en cuenta la actividad que est&aacute;bamos realizando en ese momento.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El silencio forma parte del proceso comunicativo, al abrir momentos de reflexi&oacute;n que permitir&aacute;n asimilar lo que se percibe y dar una respuesta adecuada al interlocutor<\/strong>: &laquo;Escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos c&oacute;mo expresarnos&raquo;[2].<br \/> &nbsp;<br \/> En la vida cristiana, el silencio juega un papel important&iacute;simo, pues es condici&oacute;n para cultivar una interioridad que permite o&iacute;r la voz del Esp&iacute;ritu Santo y secundar sus mociones. <strong>San Josemar&iacute;a relacionaba al silencio, la fecundidad y la eficacia<\/strong> [3], y el Papa Francisco ha pedido oraciones &laquo;para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a menudo abrumados por el bullicio, redescubran el valor del silencio y sepan escuchar a Dios y a los hermanos&raquo;[4]. &iquest;C&oacute;mo conseguir esta interioridad, en un ambiente marcado por las nuevas tecnolog&iacute;as?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La virtud de la templanza, una aliada<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Se&ntilde;ala san Josemar&iacute;a una experiencia con la que es f&aacute;cil identificarse: &quot;Me bullen en la cabeza los asuntos en los momentos m&aacute;s inoportunos&#8230;&quot;, dices. Por eso te he recomendado que trates de lograr unos tiempos de silencio interior,&#8230; y la guarda de los sentidos externos e internos[5].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Para alcanzar un recogimiento que lleve a meter las potencias en la tarea que realizamos, y as&iacute; poder santificarla, es preciso ejercitarse en la guarda de los sentidos. Y esto se aplica de modo especial al uso de los recursos inform&aacute;ticos, que \u2012como todos los bienes materiales\u2012 se deben emplear con moderaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La virtud de la templanza es una aliada para conservar la libertad interior al moverse por los ambientes digitales<\/strong>. Templanza es se&ntilde;or&iacute;o[6], porque ordena nuestras inclinaciones hacia el bien en el uso de los instrumentos con los que contamos. Lleva a obrar de manera que se empleen rectamente las cosas, porque se les da su justo valor, de acuerdo con la dignidad de hijos de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Si queremos acertar en la<strong> elecci&oacute;n de aparatos electr&oacute;nicos, la contrataci&oacute;n de servicios<\/strong>, o incluso al usar un recurso inform&aacute;tico gratuito, <strong>resulta l&oacute;gico que consideremos su atractivo o utilidad, pero tambi&eacute;n si aquello corresponde con un estilo templado de vivir<\/strong>: &iquest;Esto me llevar&aacute; a aprovechar m&aacute;s el tiempo, o me procurar&aacute; distracciones inoportunas? &iquest;las funcionalidades adicionales justifican una nueva compra, o es posible seguir utilizando el aparato que ya tengo?<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> El ideal de la santidad implica ir m&aacute;s all&aacute; de lo que es meramente l&iacute;cito \u2012si se puede\u2026\u2012, para preguntarse: esto, <strong>&iquest;me acercar&aacute; m&aacute;s a Dios? <\/strong>Da mucha luz aquella respuesta de san Pablo a los de Corinto:&laquo;Todo me es l&iacute;cito&raquo;. Pero no todo conviene. &laquo;Todo me es l&iacute;cito&raquo;. Pero no me dejar&eacute; dominar por nada[7].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta afirmaci&oacute;n de autodominio del Ap&oacute;stol cobra nueva actualidad, cuando consideramos algunos productos o servicios inform&aacute;ticos que, al procurar una recompensa inmediata o relativamente r&aacute;pida, estimulan la repetici&oacute;n. <strong>Saber poner un l&iacute;mite a su uso evitar&aacute; fen&oacute;menos como la ansiedad o, en casos extremos, una especie de dependencia<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Nos puede servir en este campo aquel breve consejo: Acost&uacute;mbrate a decir que no[8], detr&aacute;s del cual se encuentra una llamada a luchar con sentido positivo, como el mismo san Josemar&iacute;a explicaba: Porque de esta victoria interna sale la paz para nuestro coraz&oacute;n, y la paz que llevamos a nuestros hogares \u2013cada uno, al vuestro\u2013, y la paz que llevamos a la sociedad y al mundo entero[9].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El uso de las nuevas tecnolog&iacute;as depender&aacute; de las circunstancias y necesidades propias<\/strong>. Por eso, en este &aacute;mbito cada uno \u2012ayudado por el consejo de los dem&aacute;s\u2012 debe encontrar su medida. Cabe siempre preguntarse si el uso es templado.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Los mensajes, por ejemplo, pueden ser &uacute;tiles para manifestar cercan&iacute;a a un amigo, pero si fueran tan numerosos que acarrearan interrupciones continuas en el trabajo o el estudio, probablemente estar&iacute;amos cayendo en la banalidad y la p&eacute;rdida de tiempo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En este caso, <strong>el autodominio nos ayudar&aacute; a vencer la impaciencia y a dejar la respuesta para m&aacute;s tarde<\/strong>, de modo que podamos emplearnos en una actividad que exig&iacute;a concentraci&oacute;n, o simplemente prestar atenci&oacute;n a una persona con la que est&aacute;bamos conversando.<br \/> &nbsp;<br \/> Ciertas actitudes ayudan a vivir la templanza en este &aacute;mbito. Por ejemplo, <strong>conectar el acceso a las redes a partir de una hora determinada, fijar un n&uacute;mero de veces al d&iacute;a para mirar la cuenta de una red social o para comprobar el correo electr&oacute;nico, desconectar los dispositivos por la noche, evitar su uso durante las comidas y en los momentos de mayor recogimiento<\/strong>, como son los d&iacute;as dedicados a un retiro espiritual.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Internet se puede <strong>consultar en momentos y lugares apropiados<\/strong>, de modo que uno no se ponga en una situaci&oacute;n de navegar por la web sin un objetivo concreto, con el riesgo de toparse con contenidos que contradicen un planteamiento cristiano de la vida, o al menos perder el tiempo con trivialidades.<br \/> &nbsp;<br \/> El convencimiento de que <strong>nuestras aspiraciones m&aacute;s altas est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de las satisfacciones r&aacute;pidas que nos podr&iacute;a dar un click<\/strong>, da sentido al esfuerzo por vivir la templanza. A trav&eacute;s de esta virtud, se forja una personalidad s&oacute;lida y la vida recobra entonces los matices que la destemplanza difumina; se est&aacute; en condiciones de preocuparse de los dem&aacute;s, de compartir lo propio con todos, de dedicarse a tareas grandes[10].<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El valor del estudio<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El h&aacute;bito del estudio, que ordena el af&aacute;n de conocer hacia metas nobles, suele relacionarse a la templanza. Santo Tom&aacute;s caracteriza la virtud de la studiositas como un &laquo;cierto entusiasmante inter&eacute;s por adquirir el conocimiento de las cosas&raquo;[11], que implica la superaci&oacute;n de la comodidad y la pereza. <strong>Cuanto m&aacute;s intensamente la mente se aplique a algo gracias a haberlo conocido, tanto m&aacute;s se desarrolla regularmente su deseo de aprender y saber<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El af&aacute;n de saber es enriquecedor cuando se pone al servicio de los dem&aacute;s, y contribuye a fomentar un recto amor al mundo<\/strong>, que nos impulsa a seguir la evoluci&oacute;n de las realidades culturales y sociales en las que nos movemos y que queremos llevar a Dios.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Pero <strong>esto es distinto del vivir abocado hacia fuera, dominado por una curiosidad<\/strong> que se manifestar&iacute;a, por ejemplo, en el ansia de estar informados de todo o de no querer perderse nada. Esa actitud desordenada acabar&iacute;a conduciendo a la <strong>superficialidad<\/strong>, a la <strong>dispersi&oacute;n intelectual<\/strong>, a la <strong>dificultad para cultivar el trato con Dios<\/strong>, a la p&eacute;rdida del af&aacute;n apost&oacute;lico.<br \/> &nbsp;<br \/> Las nuevas tecnolog&iacute;as, al ampliar las fuentes de informaci&oacute;n disponibles, son una ayuda valiosa en el estudio de asuntos tan variados como un proyecto acad&eacute;mico de investigaci&oacute;n, la elecci&oacute;n de un sitio para las vacaciones familiares, etc.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Sin embargo, tambi&eacute;n existen varias formas de desorden del apetito o deseo de conocimiento: una persona puede abandonar un determinado estudio que constituye para ella una obligaci&oacute;n, y comenzar &laquo;otra investigaci&oacute;n menos beneficiosa&raquo;[12]. Por ejemplo, cuando la atenci&oacute;n se centra en la respuesta a un mensaje o a la &uacute;ltima actualizaci&oacute;n, en lugar de concentrarse en el estudio o el trabajo.<br \/> &nbsp;<br \/> La curiosidad desmedida, que santo Tom&aacute;s caracterizaba como una &laquo;inquietud errante del esp&iacute;ritu&raquo;[13], puede conducir a la <strong>acidia<\/strong>: una tristeza del coraz&oacute;n, una pesadez del alma que no consigue responder a su vocaci&oacute;n que exige poner atenci&oacute;n y esfuerzo en el trato con el pr&oacute;jimo y con Dios. La acidia es compatible con una cierta agitaci&oacute;n de la mente y el cuerpo, pero que s&oacute;lo refleja la inestabilidad interior.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por el otro lado, el h&aacute;bito del estudio mantiene el vigor a la hora de trabajar y relacionarse con los dem&aacute;s, da eficacia al tiempo que empleamos e incluso ayuda a encontrar gusto a las actividades que exigen un esfuerzo mental.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Proteger los tiempos de silencio<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La templanza allana el camino hacia la santidad, pues construye un orden interior que permite emplear la inteligencia y la voluntad en lo que se trae entre manos: &iquest;Quieres de verdad ser santo? \u2013<strong>Cumple el peque&ntilde;o deber de cada momento<\/strong>: haz lo que debes y est&aacute; en lo que haces[14]. Para recibir la gracia divina, para crecer en santidad, el cristiano ha de meterse en la actividad que es su materia de santificaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Las nuevas tecnolog&iacute;as favorecen la superficialidad?<\/strong><strong>Depender&aacute;, sin duda, del modo en que se utilicen. Sin embargo, hay que estar prevenidos contra la disipaci&oacute;n<\/strong>: \u2013Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en cualquier charca. \u2013As&iacute; andas t&uacute; luego: sin fijeza, esparcida la atenci&oacute;n, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia[15].<br \/> &nbsp;<br \/> Evidentemente, cuando se cede a la disipaci&oacute;n por un empleo desordenado del tel&eacute;fono o de internet, <strong>la vida de oraci&oacute;n encuentra obst&aacute;culos para su desarrollo.<\/strong> No obstante, el esp&iacute;ritu cristiano lleva a conservar la calma mientras uno se mueve con soltura en las diversas circunstancias de la vida moderna: <strong>Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos<\/strong>: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Se&ntilde;or[16].<br \/> &nbsp;<br \/> San Josemar&iacute;a se&ntilde;alaba que el silencio es como el portero de la vida interior[17], y en esta l&iacute;nea animaba a los fieles que viven en medio del mundo a tener momentos de mayor recogimiento, compatibles con un trabajo intenso. Especial importancia daba a la preparaci&oacute;n de la santa misa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En un ambiente permeado por las nuevas tecnolog&iacute;as, <strong>los cristianos saben encontrar tiempos para el trato con Dios, donde se recogen los sentidos, la imaginaci&oacute;n, la inteligencia, la voluntad<\/strong>. Como el profeta El&iacute;as, descubrimos al Se&ntilde;or no en el ruido de los elementos y el ambiente, sino en un susurro de brisa suave[18].<br \/> &nbsp;<br \/> El recogimiento que abre espacio al coloquio con Jesucristo<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>exige dejar en un segundo plano otras actividades<\/strong> que reclaman nuestra atenci&oacute;n. La oraci&oacute;n pide desconectarse de lo que nos pueda distraer, y con frecuencia ser&aacute; oportuno que la desconexi&oacute;n sea f&iacute;sica: desactivando las notificaciones de un dispositivo, cerrando los programas en ejecuci&oacute;n o, eventualmente, apag&aacute;ndolo. Es el momento de dirigir la mirada al Se&ntilde;or, y dejar en sus manos el resto.<br \/> &nbsp;<br \/> Por otro lado, el silencio lleva a ser atento con los dem&aacute;s y refuerza la fraternidad, para descubrir personas que necesitan ayuda, caridad y cari&ntilde;o[19].<\/p>\n<p align=\"justify\"> En una &eacute;poca donde contamos con recursos tecnol&oacute;gicos que parecen empujarnos a llenar todo nuestro d&iacute;a de iniciativas, de actividades, de ruido, es bueno hacer silencio fuera y dentro de nosotros. En este sentido, al reflexionar sobre el papel de los medios de comunicaci&oacute;n en la cultura actual, el Papa Francisco ha invitado a &laquo;recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. (\u2026) Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones&raquo;[20].<\/p>\n<p align=\"justify\"> El esfuerzo por formar una actitud personal de escucha, y la promoci&oacute;n de espacios de silencio, nos abre a los dem&aacute;s, y de modo especial, a la acci&oacute;n de Dios en nuestras almas y en el mundo.<br \/> &nbsp;<br \/> Referencias:<\/p>\n<p align=\"justify\"> [1] Francisco, Mensaje para Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2014.<br \/> &nbsp;<br \/> [2] Benedicto XVI, Mensaje para Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2012.<br \/> &nbsp;<br \/> [3] Cfr. Surco, nn. 300 y 530.<br \/> &nbsp;<br \/> [4] Francisco, Intenci&oacute;n general para el apostolado de la oraci&oacute;n para septiembre de 2013.<br \/> &nbsp;<br \/> [5] Surco, n. 670.<br \/> &nbsp;<br \/> [6] Amigos de Dios, n. 84.<br \/> &nbsp;<br \/> [7] 1 Cor 6, 12.<br \/> &nbsp;<br \/> [8] Camino, n. 5.<br \/> &nbsp;<br \/> [9] San Josemar&iacute;a, Apuntes tomados en una tertulia, 28-X-1972.<br \/> &nbsp;<br \/> [10] Amigos de Dios, n. 84.<br \/> &nbsp;<br \/> [11] Santo Tom&aacute;s, S. Th.II-II, q. 166, a. 2 ad 3.<br \/> &nbsp;<br \/> [12]Santo Tom&aacute;s, S. Th.II-II, q. 167, a. 1 resp.<br \/> &nbsp;<br \/> [13]Santo Tomas, De Malo, q. 11, a. 4.<br \/> &nbsp;<br \/> [14]Camino, n. 815.<br \/> &nbsp;<br \/> [15]Ibid., n. 375.<br \/> &nbsp;<br \/> [16]Forja, n. 738.<br \/> &nbsp;<br \/> [17]Camino, n. 281.<br \/> &nbsp;<br \/> [18] Cfr. 1 Re 19, 11-13.<br \/> &nbsp;<br \/> [19] Conversaciones, n. 96.<br \/> &nbsp;<br \/> [20] Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2014.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.opusdei.es\/es-es\/article\/cultivar-la-interioridad-en-la-era-digital\/\">Art&iacute;culo <\/a>publicado originalmente por Opus Dei&nbsp;<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: www.opusdei.es Llamadas, mensajes, tweets, alertas&#8230; tel&eacute;fonos y ordenadores han cambiado nuestro acceso a la realidad. &iquest;C&oacute;mo lograr que sean una ayuda para nuestra vida ordinaria al servicio de Dios y de los dem&aacute;s? &nbsp;Las nuevas tecnolog&iacute;as han aumentado el volumen de informaci&oacute;n que recibimos en cada instante, y quiz&aacute;s hoy ya no nos sorprenda &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-cultivar-la-interioridad-en-la-era-digital\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfC\u00f3mo cultivar la interioridad en la era&nbsp;digital?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30696","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30696","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30696"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30696\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30696"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30696"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30696"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}