{"id":30697,"date":"2016-06-11T01:37:57","date_gmt":"2016-06-11T06:37:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tal-no-es-obligatorio-responder-bien\/"},"modified":"2016-06-11T01:37:57","modified_gmt":"2016-06-11T06:37:57","slug":"que-tal-no-es-obligatorio-responder-bien","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tal-no-es-obligatorio-responder-bien\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 tal? No es obligatorio responder &#8220;\u00a1Bien!&#8221;"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A veces, en medio de la vida, entre carreras y pausas, nos detenemos. Miramos la vida, la nuestra, la de los otros. Observamos, meditamos, callamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me quedo confuso ante la pregunta que la vida nos hace: &laquo; &iquest;Qu&eacute; tal est&aacute;s?&raquo;. Como si la pregunta tuviera trampa o viniera ya con la respuesta incluida. <strong>Como si en cada instante uno tuviera que responder que bien<\/strong>, que las cosas marchan, que somos felices.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pero tal vez no sea as&iacute;. Porque la felicidad no es ese estado permanente<\/strong> de paz infinita que nunca alcanzamos. La felicidad <strong>se compone de momentos, de luchas, de sue&ntilde;os, de fracasos, de tentativas, de esperas, de descansos, de encuentros, de sorpresas<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces <strong>podemos pensar que nuestra vida es gris<\/strong>. Y recuerdo entonces el relato de Giovanni Papini en el que escrib&iacute;a sobre <strong>su viejo reloj parado a las siete<\/strong>. Ese reloj, dos veces al d&iacute;a, se un&iacute;a a todos los relojes que en su loca carrera de la vida se deten&iacute;an un momento en ese punto. El resto del tiempo permanec&iacute;a inm&oacute;vil, in&uacute;til, inservible. Pero hab&iacute;a dos momentos en los que todo encajaba y ten&iacute;a sentido.<br \/> &nbsp;<br \/> El escritor sab&iacute;a que <strong>la vida se compone de momentos en los que nos sentimos plenos, descubrimos un sentido, disfrutamos y so&ntilde;amos<\/strong>: &laquo;<em>Tambi&eacute;n yo estoy detenido en un tiempo. Tambi&eacute;n yo me siento clavado e inm&oacute;vil. Tambi&eacute;n yo soy, de alguna manera, un adorno in&uacute;til en una pared vac&iacute;a. Pero disfruto tambi&eacute;n de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo est&aacute; claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, so&ntilde;ar, volar, decir y sentir m&aacute;s cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones arm&oacute;nicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero junto a esos momentos de luz, de plenitud, <strong>hay muchos momentos de silencio, de espera, de aguardar, de anhelar<\/strong>. As&iacute; es la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Y <strong>cuando pretendemos vivir todo con la misma intensidad<\/strong>, cuando le pedimos a la vida lo que no nos puede dar, cuando nos desesperamos al ver que no tenemos esa felicidad de la que tanto hablamos, entonces, al ver que en muchos momentos del d&iacute;a no coincide nuestra hora con la de la vida, <strong>podemos ponernos tristes y desesperarnos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy pensaba que <strong>mi vida tiene muchos momentos de luz. Ojal&aacute; tuviera dos momentos al d&iacute;a como m&iacute;nimo<\/strong>, como ese reloj parado. Ser&iacute;an muchos. Lo importante es pensar que <strong>Dios tambi&eacute;n est&aacute; en esos otros momentos de cansancio, de rutina, de olvido, de neblina<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>all&iacute; sigue, caminando, sosteniendo mi vida. Abrazando mis silencios. Alegrando mi espera<\/strong>. S&iacute;, all&iacute;, cuando nadie parece verlo, yo lo veo. Sonr&iacute;o y me alegra esperar. Y sue&ntilde;o fuerte. Y anhelo con ansia. <strong>Y quiero que me pregunten &laquo; &iquest;Qu&eacute; tal?&raquo; para responder que estupendo<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Y agradezco por la vida.<\/strong> Aunque a veces no entienda. Aunque a veces camine sin respuestas. Y construyo con mis palabras. <strong>Y sostengo vidas que tiemblan<\/strong>. Y me levanto y me alegro. Y miro callado, deseando. Y <strong>tengo luz y tengo sombras. Noches y d&iacute;as. Lluvia y sol<\/strong>. Como la vida misma.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Y el reloj me recuerda que estamos hechos para lo eterno. Y que en la vida vislumbramos tenuemente lo que seremos.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces, en medio de la vida, entre carreras y pausas, nos detenemos. Miramos la vida, la nuestra, la de los otros. Observamos, meditamos, callamos. &nbsp; Siempre me quedo confuso ante la pregunta que la vida nos hace: &laquo; &iquest;Qu&eacute; tal est&aacute;s?&raquo;. Como si la pregunta tuviera trampa o viniera ya &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-tal-no-es-obligatorio-responder-bien\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfQu\u00e9 tal? 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