{"id":30698,"date":"2016-06-11T01:38:02","date_gmt":"2016-06-11T06:38:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/si-quieres-hacer-grandes-obras\/"},"modified":"2016-06-11T01:38:02","modified_gmt":"2016-06-11T06:38:02","slug":"si-quieres-hacer-grandes-obras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/si-quieres-hacer-grandes-obras\/","title":{"rendered":"Si quieres hacer grandes&nbsp;obras&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Jes&uacute;s nos dice que si permanecemos en &Eacute;l todo ser&aacute; distinto. El que permanece en Cristo har&aacute; obras grandes, har&aacute; las mismas obras de Cristo en su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Por lo general creemos m&aacute;s en las obras que en las palabras. Es verdad que un acto puede estar motivado por diferentes intenciones. Pero <strong>los actos dicen m&aacute;s que las promesas<\/strong>. Es la realizaci&oacute;n de un deseo. La muestra de un amor real y sincero. Los deseos y las ideas son importantes, pero han de plasmarse en la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Contemplen la vida de los santos. Ellos siempre tuvieron grandes ideas. La Iglesia primitiva abrazaba con fervor grandes ideas y esas ideas estaban vivas. <strong>Una gran idea educa un car&aacute;cter firme<\/strong><\/em>&raquo;[1].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Las ideas, en un coraz&oacute;n que aspira a la santidad, se acaban plasmando en obras<\/strong> de vida. Los ideales nos hacen so&ntilde;ar con las cumbres. <strong>Los sue&ntilde;os nos sacan de una vida aburguesada<\/strong> y mediocre.<br \/> &nbsp;<br \/> Se trata de <strong>ideales que superen nuestra capacidad<\/strong>. Que nos desborden y entusiasmen. Pero ideales <strong>que nos mantengan firmes<\/strong>, como dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<em>Tenemos que sostener ideales y no oscilar de un lado a otro<\/em>&raquo;[2].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Los ideales nos centran, nos marcan un rumbo, ponen ante nuestros ojos una meta. En este mundo que cambia tanto, tener ideales s&oacute;lidos nos da estabilidad<\/strong> en el camino. No vamos cambiando de principios dependiendo de con qui&eacute;n nos encontremos.<br \/> &nbsp;<br \/> Los ideales nos ayudan a no bajar la guardia, a estar atentos y a mantenernos en forma. Son los ideales que descansan en Cristo. Porque Jes&uacute;s &iexcl;encarn&oacute; tantos ideales reconocibles en sus actos! All&iacute; se manifestaba su poder. Sus milagros hablaban de su condici&oacute;n de hijo de Dios. Sus obras fueron fecundas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El hombre busca los frutos<\/strong>, las obras, los hechos. Quiere ver en seguida el fruto de sus actos. Las obras importan. Marcan la diferencia. Un amor sin obras es un amor que se enfr&iacute;a. Una fe sin obras es una fe muerta.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s nos promete que si permanecemos en &Eacute;l, si vamos continuamente hasta &Eacute;l como nuestra fuente, si lo buscamos y lo anhelamos, nuestras obras ser&aacute;n como las suyas y a&uacute;n mayores. Promete fecundidad, promete que haremos milagros.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me sorprende esta promesa. Cuesta creerlo. Hacer lo que &Eacute;l hace y a&uacute;n obras mayores. Cuando conocemos tan bien nuestros l&iacute;mites y debilidades. Pero Jes&uacute;s nos asegura que <strong>haremos milagros s&oacute;lo si nos vinculamos a su persona, si no dejamos de amarle en nuestra vida<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando nos alejamos del Se&ntilde;or nuestras obras pasan a ser s&oacute;lo nuestras y pierden su poder. Se&ntilde;alaba el Padre Kentenich: &laquo;<em>Uno de los \u2018c&aacute;nceres\u2019 de la educaci&oacute;n actual es que el hombre cree ante todo en s&iacute; mismo y en sus propios m&eacute;todos humanos y no tiene la fe necesaria en el soplo del Esp&iacute;ritu Santo y la apertura de los hijos de Dios. F&iacute;jense la meta m&aacute;s alta y se asombrar&aacute;n de los resultados<\/em>&raquo;[3].<br \/> &nbsp;<br \/> Los ideales se plasman en obras. Obras que son fruto de la fe en la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Obras que hablan de Dios, que conducen a Dios. <strong>Cuando nuestros actos son fruto s&oacute;lo de nuestras capacidades, su poder es reducido. Cuando nuestras obras proceden de la actuaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo en nosotros, es otro su poder, otra su fuerza.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Cuando seguimos a Jes&uacute;s en el camino, descubrimos el verdadero rostro de Dios, que es el rostro de un Padre. Nosotros queremos ver su rostro, nos gustar&iacute;a tener certezas. Tal vez llevamos ya mucho tiempo con Jes&uacute;s y no lo conocemos. Quien ve a Jes&uacute;s, ve al Padre.<br \/> &nbsp;<br \/> En su vida Jes&uacute;s pas&oacute; reflejando el rostro misericordioso de Dios. <strong>Sus actos, sus palabras. En ellas se escond&iacute;a la mirada del Padre.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pienso en el hijo mayor de la par&aacute;bola del hijo pr&oacute;digo. &Eacute;l tampoco conoc&iacute;a a su padre. Llevaba toda la vida con &eacute;l, compart&iacute;a con &eacute;l cada d&iacute;a la comida, sus sue&ntilde;os, pero no conoc&iacute;a su misericordia, su amor.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> A veces pasamos por la vida sin darnos cuenta. Jes&uacute;s est&aacute; con nosotros y tampoco lo reconocemos. No descubrimos su rostro. No palpamos sus rasgos. <strong>Tenemos una imagen distorsionada de Dios. No creemos en su misericordia infinita<\/strong>, lo vemos como un juez. Pensamos que es justo y hace justicia.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero Jes&uacute;s es ante todo un padre misericordioso. Es un amor que se abaja y nos levanta. <strong>Queremos conocer a Jes&uacute;s<\/strong>, pero, para eso, es necesario entregarle nuestro coraz&oacute;n como hac&iacute;a una persona: &laquo;<em>Hoy quiero darte mi coraz&oacute;n partido. Quiero que transformes mi tristeza en alegr&iacute;a, mi desesperanza en esperanza, mi oscuridad en luz, mi ego&iacute;smo en generosidad, mi debilidad en fortaleza. Pongo mi amor fr&aacute;gil y desordenado en tus manos, Se&ntilde;or<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> El amor de Jes&uacute;s nos salva, nos sostiene, nos levanta. <strong>Es un amor que nos prefiere, que nos elige, que nos busca sin descanso. Su amor hoy se manifiesta en su Iglesia.<\/strong> All&iacute; el hombre ve a Cristo, ve el rostro misericordioso de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La Iglesia es el sacramento de Cristo<\/strong>. Es una comunidad viva, santa y pecadora. Es verdad que muchas veces la gente no ve en nosotros el rostro del Padre misericordioso. Ven nuestras obras y no creen. Escuchan nuestras palabras y su coraz&oacute;n no arde. Se sorprenden al ver nuestra miseria. Se asustan al ver la fragilidad del que cree. No ven el rostro de Dios, ni su verdad, ni su amor.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero Dios sigue confiando y construye la Iglesia sobre nosotros, sobre nuestra fragilidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Jes&uacute;s nos dice que si permanecemos en &Eacute;l todo ser&aacute; distinto. 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