{"id":30703,"date":"2016-06-11T01:38:10","date_gmt":"2016-06-11T06:38:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nuestra-verdad-mas-intima\/"},"modified":"2016-06-11T01:38:10","modified_gmt":"2016-06-11T06:38:10","slug":"nuestra-verdad-mas-intima","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/nuestra-verdad-mas-intima\/","title":{"rendered":"Nuestra verdad m\u00e1s&nbsp;\u00edntima"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A veces no comprendemos lo que nos dicen, malinterpretamos los gestos, juzgamos por las apariencias, nos fiamos de los opiniones de cualquiera. Nos hacemos la imagen de los dem&aacute;s a partir de lo que alguien nos cuenta de ellos.<br \/> &nbsp;<br \/> Vivimos de acuerdo a nuestras teor&iacute;as o de acuerdo a las teor&iacute;as de los otros, adapt&aacute;ndonos. <strong>Nos cuesta ver la verdad<\/strong>. La propia, la de los dem&aacute;s, la de la vida, la de Cristo. &iquest;Qu&eacute; es la verdad? Nos repetimos como Pilatos ante Jes&uacute;s. &iquest;Qu&eacute; es la verdad? Y esperamos la respuesta escuchando el silencio.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>No pensemos que somos los &uacute;nicos depositarios de la sabidur&iacute;a. <strong>Escuchemos a los dem&aacute;s<\/strong>. Creamos en lo bueno que hay en el ser humano a pesar de los errores y deslices que cometa<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es fundamental creer en el otro, en su verdad, sin fiarnos de la apariencia<\/strong>. Respetando su originalidad sin juzgarlo, aceptando su vida, aprendiendo de sus palabras. Una persona comentaba: &laquo;<em>Cada uno tiene su verdad, y ha de respetarse la verdad del otro, dando opci&oacute;n a que no coincida con la propia. No podemos afirmar categ&oacute;ricamente cu&aacute;l es la verdad del otro. Muchas veces nos montamos verdades convenientes sobre ellos, quiz&aacute;s por miedo, por necesidad, por justificaci&oacute;n<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Tendemos a ocultar la verdad. La propia nos asusta. La de los dem&aacute;s no la sabemos pero la imaginamos. <strong>Nos cuesta adentrarnos en nuestra alma y ver tantas oscuridades y heridas<\/strong>. Confrontarnos con nuestra verdad m&aacute;s honda. Preferimos no verla.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos asusta no controlar los sentimientos que se acumulan en lo profundo<\/strong> produciendo temblores. Nos da miedo. El miedo nos hace cerrar la puerta y tapar la verdad, cerrar el amor.<br \/> &nbsp;<br \/> S&oacute;lo Dios tiene acceso a lo m&aacute;s hondo de nuestro ser. <strong>Hay verdades que quedar&aacute;n escondidas en el coraz&oacute;n de Dios para toda la eternidad<\/strong>. Entre &Eacute;l y nosotros. <strong>Nuestra verdad, la m&aacute;s &iacute;ntima, nuestros miedos m&aacute;s sagrados, nuestros sue&ntilde;os m&aacute;s escondidos. Esos tesoros son de Dios<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No tenemos por qu&eacute; contarlos, no tenemos por qu&eacute; sacarlos a la luz. <strong>Nuestra verdad nos lleva a comportarnos de una cierta manera y por eso es tan importante ponerle nombre<\/strong>, confrontarnos con su existencia y no negarla.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a San Bernardo: &laquo;<strong><em>El desconocimiento propio genera soberbia; pero el desconocimiento de Dios genera desesperaci&oacute;n<\/em><\/strong>&raquo;. El no conocer nuestro interior puede hacernos soberbios. El no conocer a Dios nos desespera. Por eso es tan importante vivir as&iacute; nuestra relaci&oacute;n con Dios.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cristo es la verdad<\/strong>, nuestra verdad. &Eacute;l vive en el interior del alma. S&oacute;lo &Eacute;l entra en lo m&aacute;s sagrado de nuestro interior y nos da luz. Nos conoce como somos, nos quiere en nuestra pobreza. S&oacute;lo &Eacute;l tiene la llave que conduce, escaleras abajo, hasta nuestro santuario coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso <strong>no vamos por ah&iacute; ventilando lo que vive en nuestro interior.<\/strong> Salvo que alguna persona tenga esa llave y queramos compartir en confianza con ella lo m&aacute;s sagrado, lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Salvo que lo queramos compartir en la confesi&oacute;n. Dios nos ayuda, nos permite comprender m&aacute;s lo que nos sucede, nos abre el alma y deja que el aire fresco entre y nos libere.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Nuestra verdad m&aacute;s &iacute;ntima se corresponde con lo que Dios quiere de nosotros<\/strong>. Nuestra verdad tiene que ver con lo que somos. Con lo que estamos llamados a ser si queremos ser fieles a nuestro camino de vida, a Cristo y a su llamada. Es lo que en el Santuario llamamos ideal personal. Nuestra propia vocaci&oacute;n, nuestro sue&ntilde;o y el de Dios. Nuestra verdad.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Kentenich Reader<\/em>, Tomo III\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban A veces no comprendemos lo que nos dicen, malinterpretamos los gestos, juzgamos por las apariencias, nos fiamos de los opiniones de cualquiera. 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